Finca Las Tiesas de Santa María
Finca Las Tiesas de Santa María - ANA ROMERO

Cómo es de verdad la finca donde nacen los toros de Victorino Martín

La mítica ganadería de toros bravos abre sus puertas a los turistas

CáceresActualizado:

Victorino Martín fuma un puro. Está en silencio. Se limita a observar atentamente. Tiene la mirada clavada al frente, a la arena blanca tan iluminada por el sol que enceguece. Pero Victorino no aparta la vista. Se abre una puerta. Sale una vaca. Apenas se habla. Su hijo, Victorino también está en silencio. Mira sus papeles, toma alguna nota y solo interrumpe el silencio, que parece pactado, cuando lo considera estrictamente necesario. No quiere romper el ritual, la magia, el ambiente que se genera cuando se abre el telón de la pequeña plaza de la finca Las Tiesas de Santa María.

«Bien Perico», dice con un vozarrón que rompe el silencio por un segundo pero que no corta la magia. Sus palabras resuenan en la plaza como si vinieran desde un lugar desconocido, pero que todos entienden y respetan. «Humilla, repite pero repone un poco, ¿no?». «Tú sigue», le indica al torero. «Gracias Victorino, enhorabuena», dice el torero. «Igualmente, bien toreada», sentencia. Se baja el telón con su voz. Y sale otra vaca, y otro torero.

Hoy hay tentadero en Las Tiesas, es decir, la selección que se hace de hembras para que puedan ser reproductoras y que sus crías sean puras, es decir, auténticas «victorinas».

No siempre suele formar parte del inolvidable y enriquecedor día que la familia Victorino ofrece a los aficionados, pero también a todo el que quiera conocer el mundo del toro. Es ese su cometido: abrir las puertas de su hogar a todo el que desee conocer un paraíso traducido en 3.000 hectáreas de campo verde cuyos especiales rindones pueden recorrerse arriba de un remolque, a la vez que nos ofrecen una pormenorizada guía.

«Casi una deidad»

Pero no son los miles de kilómetros de hierna, ni las encinas, ni el Tajo. El paraíso son los toros bravos, imponentes, de un negro brillante que clavan la mirada y que, de vez en cuando, regalan algún bramido para los ojos impresionados, incluso del aficionado. «Están viendo un mundo muy tradicional que, aunque adapta tecnología moderna, tiene como base la cría del ganado, la vida del pastor como fue siempre, desde que el mundo es mundo. Quien venga verá naturaleza porque es lo que el toro representa. Es un animal que para nosotros es un misterio, inteligente, que tiene el doble de neuronas y de vasos sanguíneos que cualquier otro vacuno doméstico. Es el único herbívoro que es agresivo y ataca. El hombre se enfrenta a un animal tan inteligente que puede matarlo. Es un misterio y por eso le admiramos, la corrida es un rito sacrificial, en el que es toro es casi una deidad», sentencia Victorino.

Tentadero en la finca de la familia Victorino
Tentadero en la finca de la familia Victorino - Ana Romero

Antes del circuito en el remolque, se hace una visita al museo Victorino Martín en la «Finca Monteviejo», en Moraleja (Cáceres), a 20 kilómetros de Las Tiesas y donde es prácticamente imposible no perderse algún detalle entre la infinidad de fotografías y sobre todo premios, y cabezas de toros disecadas. Pero «Belador» es la perla del lugar. El 19 de julio de 1982 se indultó en Las Ventas a este toro lidiado por Ortega Cano y que hoy se homenajea en el museo.

Después del recorrido, llega la cata del vino blanco «Victorino Martín», único y especial como todo lo que rodea una de las ganaderías más importante de España. Aparte de aprender sobre cata, podemos degustar un vino blanco en un gran comedor cuyas ventanas nos vuelven a recordar el paraíso en el que estamos, en el que vive el toro.

«Invito a los antitaurinos»

«Invito a venir a los antitaurinos y a los ecologistas. En la vida es muy triste ser «anti», porque supone el rechazo hacia algo. Eres “anti” cuando no eres capaz de crear y vas contra alguien que ha creado. Al ecologista le diría que también lo soy. Si la cadena del ecologismo tiene 30 eslabones, estamos de acuerdo en los 29 primeros, solo no lo estamos en el ultimo. Al final, los que no piensan como nosotros, cuando comprueban cómo vive el toro y han visto el trabajo y el cariño con el que se cuida al toro, se van con otra visión. Por lo menos cuando nos critiquen, que lo hagan con conocimiento».

Es que es imposible llevarse una visión negativa de la visita. Se sea antitaurino o no, hay que programar un fin de semana o un día con la familia Victorino. No solo por la pasión y amor hacia el toro, por el trabajo incesante detrás de todo lo que hacen, sino también porque detrás de ese imperio de grandes hay una familia cuyo cariño hacia el que se acerca te hace sentir parte de su mundo.

La sobremesa taurina posterior al impresionante guiso de carne de toro de lidia, a los postres artesanales, al auténtico café de puchero y al licor, dicen allí, «afrodisiaco», hace imposible irse sin ganas de volver otra vez.