Santuario Itsukushima, Patrimonio Mundial de la Unesco
Santuario Itsukushima, Patrimonio Mundial de la Unesco

La huella española en Japón y otros secretos de un destino de moda

Un viaje por el Japón menos conocido, con parada en Yamaguchi, la misma zona donde San Francisco Javier llegó hace 500 años para ejercer su tarea evangelizadora

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Hace casi 500 años, San Francisco Javier llegó al oeste de Japón para predicar y ejercer su tarea evangelizadora. El objetivo final del religioso era alcanzar China, pero se sintió tan a gusto en estas tierras que hoy pertenecen a la prefectura de Yamaguchi, «la Kioto del Oeste», que decidió quedarse. Hoy, la actual Yamaguchi, hermanada con la Navarra española, muestra todos los encantos del mundo rural nipón con sus paisajes vírgenes y un puñado de tradiciones que sorprenden al visitante.

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  1. La Iglesia de San Francisco Javier

    Estatua de San Francisco Javier, en el exterior de la iglesia
    Estatua de San Francisco Javier, en el exterior de la iglesia - Fotos: Javier Carrión

    Levantada en 1951 para conmemorar los 400 años de la visita de Francisco Javier a Yamaguchi, a semejanza del castillo navarro de Javier, sufrió un incendio en 1991 que la redujo a cenizas. Siete años después, se alzó un nuevo templo de tejado piramidal donde asombra su luminosidad.

    Exterior de la actual iglesia de San Francisco Javier
    Exterior de la actual iglesia de San Francisco Javier

    El padre español Luis Cangas, de 92 años, suele dar misa en esta iglesia que cuenta en el subsuelo con un museo dedicado al santo en el que se puede ver de cerca una carta original con su auténtica firma. La iglesia es católica y sólo el templo Rurikoji le gana en número de visitantes debido a su pagoda de cinco plantas, construida hace 600 años. Está considerada un «tesoro nacional» y es una de las tres pagodas más hermosas del país. A su lado, el restaurante Choshu-En ofrece los mejores fideos de té verde de toda la prefectura.

  2. Paisajes junto al mar

    Santuario sintoista Motonosumi Inari con sus 122 arcos torii de color rojo
    Santuario sintoista Motonosumi Inari con sus 122 arcos torii de color rojo

    Al norte de Yamaguchi, asombra el color «caribeño» del mar junto al Gran Puente de Tsunoshima, de 1.780 metros cuadrados, construido en 2012. Se sitúa en una preciosa isla de playas de arena blanca, muy utilizada en spots publicitarios, donde es posible bañarse en verano y disfrutar del katamaran «a pedales». Muy cerca, en Nagato, no sorprende menos el santuario sintoista Motonosumi Inari con sus 122 arcos torii de color rojo que se elevan desde los acantilados del Mar de Japón, un mar muy peligroso durante el periodo invernal, pero quien prefiera algo más histórico y menos masificado deberá acercarse al Templo de Tokoji (1691) en Hagi. El cementerio donde reposan los restos de los jefes del clan Mori y sus leales samuráis desprende una energía especial, sobre todo cuando se pasea alrededor de sus 500 lámparas de piedra. Cada 15 de agosto se encienden todas las velas de este campo santo para recibir a los viejos espíritus.

  3. Tradiciones

    Taller de artesanía de objetos lacados dirigido por Tomita Jinji
    Taller de artesanía de objetos lacados dirigido por Tomita Jinji

    En Yamaguchi hay que visitar los talleres de artesanía de objetos lacados como el que dirige Tomita Jinji desde hace 50 años en el Centro Cultural de las Tradiciones de la ciudad. Vajillas, bandejas, cuencos, jarrones y sobre todo los muñecos Ouchi son los productos más vendidos. Otra opción es visitar alguna destilería de sake, la bebida de arroz más consumida en Japón, como la de Asahi Shuzo en Iwakuni, o si se prefiere en el mismo área acudir a un taller tradicional para vestirse y sentirse como un auténtico samurái del siglo XVI -con katana, teppou (rifle) y kabuto (casco)- por mil yenes. La experiencia se puede contratar en octubre o noviembre.

  4. Hiroshima e Itsukushima

    Santuario Itsukushima, Patrimonio Mundial de la Unesco
    Santuario Itsukushima, Patrimonio Mundial de la Unesco

    La vecina prefectura de Hiroshima puede ser otro aliciente para este viaje por tierras niponas. Todo quedó arrasado en Hiroshima, con más de 300.000 víctimas derivadas de las consecuencias del bombardeo atómico en la II Guerra Mundial, y ahora se puede recorrer el Parque Memorial de la Paz que alberga un museo con miles de fotografías y objetos que dan testimonio de la tragedia. En este punto se erige la Llama de la Paz, que arde frente al Cenotafio del Memorial, y se dice que deberá estar encendida hasta que desaparezcan las armas nucleares en el mundo. A solo 25 minutos de Hiroshima en tren, la isla de Miyajima muestra también todo su encanto con el santuario Itsukushima, Patrimonio Mundial de la UNESCO, levantado en el mar. Las construcciones del santuario están conectadas por corredores que se extienden sobre las aguas y con la pleamar toda la estructura parece flotar. El torii de madera, la gran puerta marina, del santuario, es el símbolo de la isla con sus 16 metros de altura y sus 25 toneladas de peso. Toda la isla está poblada por ciervos salvajes y los turistas se acercan en masa hasta este punto para probar dos exquisiteces: las ostras y la anguila marina.

  5. Los Alpes japoneses

    Techos de paja tradicionales en Shirakawago, Patrimonio Mundial de la Unesco
    Techos de paja tradicionales en Shirakawago, Patrimonio Mundial de la Unesco

    Para cerrar este viaje por el Japón menos conocido una buena alternativa es dirigirse a Gifu en el corazón de los Alpes japoneses, y a Takayama, el destino más popular de esta prefectura. Dos británicos, William Gowland y Walter Weston, dieron a conocer al mundo esta cadena montañosa que atraviesa la isla de Honshu con cumbres que superan los 3.000 metros, pero es en Takayama donde hay que realizar la primera parada para recorrer las tres calles principales de su barrio viejo, conocido como Sanmachi, admirando sus hermosas casas de madera levantadas por los ricos comerciantes durante el período Edo. Ahora todo está lleno de comercios, cafés, tiendas de regalos y de sake, y restaurantes, pero no te puedes marchar sin probar el gran manjar local: el sushi de ternera Hida. Y si viajas en abril o en octubre hay que asistir al Festival de Takayama, conocido como el Festival de Sanno (primavera), y al Festival de Hachiman (otoño) para maravillarse con el desfile de las 23 históricas carrozas que te trasladan inevitablemente al pasado en compañía de cientos de personas vestidos con trajes tradicionales, música y bailes tradicionales japoneses, como Hayashi, Gagaku y Shishima.

    Desde Takayama, cualquier carretera conduce a los ryokan más encantadores del país -una buena selección entre los 42.000 establecimientos registrados en Japón-, pero de visita obligada es la excursión a la aldea de Shirakawago para contemplar sus 110 casas tradicionales con techos de paja, esparcidas en armonía entre los arrozales cercanos. Todo el conjunto es Patrimonio Mundial de la UNESCO.

  6. Espadas y cuchillería en Seki

    Exhibición de katanas en Seki
    Exhibición de katanas en Seki

    El sur de Gifu depara finalmente un ramillete de pueblos que han conseguido conservar gran parte de sus raíces. En Gujo Hachiman el viajero todavía puede sorprenderse con el único taller de teñido de telas Watanabe, con el azul índigo como principal reclamo; en Seki, es interesante visitar el museo de espadas tradicionales, asistiendo a la producción de las katanas tal como se realizaba hace setecientos años, hoy sus cuchillos de cocina son los que se utilizan mayoritariamente en las casas japonesas; y, por último, puedes asistir a la pesca con cormoranes, un método de pesca con más de 1.300 años de antigüedad. Normalmente, tras la puesta del sol, las barcas navegan por el río Nagara con sus balizas llameantes. Los maestros de la pesca dirigen a sus aves para conseguir las capturas creando una asombrosa escena fantástica.