Basílica de los Veintiséis Santos Mártires de Japón, en Nagasaki
Basílica de los Veintiséis Santos Mártires de Japón, en Nagasaki - Nagasaki International Tourism and Convention Association
JAPÓN

Doce sitios del cristianismo que son Patrimonio de la Humanidad

La Unesco protege y valora la zona de Nagasaki donde comenzó la actividad misionera de los primeros sarcerdotes católicos

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Corre el año 1543 en Japón, los primeros barcos portugueses llegan a una pequeña villa puerto sin nombre. En 1571, los exploradores lusos fundan Nagasaki y comienza la actividad misionera de los primeros sacerdotes católicos en el país nipón. Cinco siglos después, la UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad doce sitios emblemáticos del cristianismo en la región de Nagasaki. Entre los lugares reconocidos por esta organización figuran diez pueblos, el Castillo de Hara y una catedral en la isla de Kyushu.

Estos pueblos vinculados con la historia del cristianismo en Japón se encuentran en la costa occidental de la prefectura de Nagasaki, donde los primeros misioneros católicos de Europa se asentaron en el siglo XVI, así como en islas remotas de esta región a la que emigraron los fieles perseguidos por su fe durante la prohibición del cristianismo en Japón, una etapa que duró más de dos siglos en el país asiático.

Este reconocimiento por parte de la Unesco no sólo abarca pequeñas villas sino edificaciones como la Escuela Católica de Nagasaki, el Antiguo Seminario o el Castillo de Hara, una fortaleza que fue utilizada como base para los rebeldes cristianos durante la rebelión de Shimabara a mediados de la década de 1630. El castillo fue totalmente incendiado y la rebelión dio lugar a la persecución del cristianismo. Entre las edificaciones reconocidas también destaca la Catedral de Oura, durante muchos años la única construcción de estilo occidental declarada como tesoro nacional de Japón. Considerada una de las iglesias más antiguas de Japón, esta basílica menor fue dedicada a los 26 mártires de Japón crucificados en 1597.

La Iglesia Egami en la isla de Naru,, entre los doce sitios elegidos por la UNESCO
La Iglesia Egami en la isla de Naru,, entre los doce sitios elegidos por la UNESCO - Nagasaki Préfecture/Higurashi Yuichi

Tesoros de la naturaleza también ocupan un lugar en este prestigioso reconocimiento. Por ejemplo, el monte Yasumandake, considerado un lugar sagrado y venerado en secreto por los cristianos de la región, o la isla de Nakae no shima. En esta isla los cristianos realizaban a escondidas la «omizutori», una ceremonia especial de extracción de agua en la que recogían el agua bendita que se filtraba de las rocas de esta isla inhabitada.

Testigos de la persecución

Iglesias, casas de líderes cristianos, cementerios e incluso montes son testigo de las historias de los «Kakure Kirishitan», los japoneses que profesaban el cristianismo en la clandestinidad durante la etapa de prohibición y persecución de la fe católica, tras la Rebelión de Shimabara en la década de 1630.

Durante este período de persecución religiosa en Japón, las figuras de los santos y de la Virgen María (conocida como la «madre en la alacena») fueron adquiriendo las características de las estatuas tradicionales de Buda y de los «bodhisattvas». Los rezos fueron adaptados a los cantos similares a los de los budistas con palabras del latín, el español y el portugués sin traducir. Mientras, las sagradas escrituras se pasaban de unos a otros oralmente, ya que las versiones impresas de la Biblia eran confiscadas por las autoridades. Cada Año nuevo japonés se forzaba a los creyentes a pisar imágenes de la Virgen María y otros santos para demostrar que no eran cristianos. En el caso contrario, se les ejecutaba e incluso se les arrojaba al volcán del Monte Unzen en la isla de Kyushu.

Las pequeñas comunidades cristianas sobrevivieron ocultas en medio de la sociedad convencional, compuesta por seguidores del budismo y el sintoísmo, hasta conseguir su aceptación en el año 1873 tras el fin de la prohibición de esta fe. A esta apertura se añadieron los esfuerzos de Japón para adentrarse en la comunidad internacional, teniendo como consecuencia la revitalización de las comunidades cristianas a cargo del Papa León XIII.