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Destinos / UN GARBEO POR EL BARRIO MÁS POBLADO DEL PLANETA

Ni un alfiler más en Kowloon

Día 08/10/2012 - 12.21h

Los británicos pusieron sus reales en esta esquina del mapa para preservar su muy rentable comercio del opio y el resultado de varios siglos de presencia europea ha parido una amalgama cultural incapaz de dejar indiferente al visitante y que en pujanza y vitalidad no tiene nada que envidiarle a las metrópolis más punteras del planeta, llámense Nueva York, Berlín o Tokio.

Cada vez más el resto de China se asemeja a Hong Kong, pero el espíritu comercial y frenético de la ex colonia resulta difícilmente imitable. Vale, de acuerdo: se trata del mismo país, pero las diferencias estéticas resultan demasiado notables. Es de suponer que porque interesa desde un punto de vista turístico. La diferencia se marca: se conduce por la izquierda, todo quisqui habla inglés bien, existe una moneda propia y mantiene sus propios sistemas social y legal... todo ello adobado con más de 10.000 restaurantes de toda ralea, máximo ambiente a cualquier hora del día y gente, mucha gente. El área (llamarlo barrio se queda pequeño) de Kowloon tiene el récord mundial con más de 42.000 habitantes por kilómetro cuadrado.

La primera sensación cuando uno camina por las calles de Kowloon es la impresión de que todo está construido hacia lo alto. Los rascacielos se cuentan por decenas y compiten por dar sombra al vecino. El skyline; de la otra parte de la bahía se ilumina cada noche al son de una melodía muy de máquina recreativa en un espectáculo que podría quedar hortera en cualquier punto del planeta menos en Hong Kong, un lugar que sorprendentemente mantiene el 80 por ciento de su territorio sin urbanizar, compuesto por montañas y bosques tropicales. No todo es hormigón.

ANDAMIOS A BASE DE BAMBÚ

China es tan inmensa que incluye desde tundra subártica en el norte hasta las palmeras de lo que podría llamarse el profundo sur. Eso sí, la fiebre de la construcción en Hong Kong es insaciable. La mejor paradoja del poder fagocitador de la raza humana no entiende de barcos y sigue dale que dale con la idea de levantar nuevos súper edificios. Resulta que muchos andamios se construyen con bambúes, flexibles y resistentes.

Lo malo es que el bambú es el alimento del oso panda, el animal de la nación china por excelencia y cuya caza puede acarrear hasta pena de muerte. Son las contracciones del capitalismo salvaje en un país teóricamente aperturista. No todo el monte es orégano: el juego sigue estando prohibido y el que quiera apostar se tiene que acercar a Macao y así seguir gastándose el dinero (en casinos);por toda la geografía.

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