Hotel Polissya, Prípiat
Hotel Polissya, Prípiat

Cinco hoteles abandonados que esconden grandes historias entre sus muros

Alojamientos que no han logrado sobrevivir al paso del tiempo y lucen fantasmales en grandes ciudades del mundo

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Ya sea por turismo o por negocios, los hoteles son un elemento fundamental para tener un recuerdo agradable de un lugar. Según el último estudio sobre el número de hoteles en el mundo hay un total de 402.933 alojamientos y Europa acapara la mitad de ellos. Sin embargo no todos los hoteles han logrado sobrevivir al paso del tiempo y lucen fantasmales en grandes ciudades del mundo. Estos son cinco hoteles abandonados que esconden grandes historias entre sus muros.

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  1. Hotel Polissya, Prípiat (Ucrania)

    Un sábado 26 de abril de 1986 la tragedia golpeó la ciudad Ucraniana de Prípiat, fundada el 4 de febrero de 1970 para dar hogar a los trabajadores de la Central Nuclear y a sus familias. Un terrible accidente nuclear en la central de Chernóbil -a tres kilómetro de la localidad- obligó a más de 40.000 habitantes a dejar sus casas y huir con tan solo la documentación y algún alimento.

    El Hotel Polissya, uno de los edificios más altos de la localidad, fue construido en el año 1975 para alojar a las delegaciones de la Unión Soviética, así como para los huéspedes que quisieran visitar la Central Nuclear de Chernóbil. Tras producirse la explosión y la evacuación de la ciudad, el hotel pasó a hospedar a los miembros de la comisión científica liderada por Valeri Legásov. El último piso fue utilizado como una improvisada torre de control para guiar a los helicópteros que bombardeaban el reactor con aislantes para detener la emisión radiactiva. A día de hoy el hotel está en un estado parcialmente ruinoso.​

    [ Viaje a Chernóbil: cómo ir, qué ven los turistas, cuánto cuesta]

  2. Hoteles en Varosha, Famagusta, Chipre

    Parece casi imposible que una localidad con más de cien hoteles, restaurantes y discotecas cierre sus puertas de la noche a la mañana pero eso es lo que paso hace 45 años en Varosha, un distrito de la ciudad chipriota de Famagusta, en la República Turca del Norte de Chipre. La ciudad costera, una de las más famosas del Mediterráneo, vio como un conflicto entre países obligaba a sus habitantes y visitantes a abandonar sus casas, dejar los hoteles y convertir sus calles en lugares fantasma.

    Lujosos hoteles

    En los años 70, esta zona costera se convirtió en el primer destino turístico de Chipre y uno de más populares del mundo. Hasta sus lujosos alojamientos y restaurantes acudían actores, políticos y artistas como Elizabeth Taylor, Richard Burton, Raquel Welch o Brigitte Bardot entre otros.

    Para satisfacer el creciente número de turistas desde 1970 a 1974 se construyeron nuevos hoteles y grandes edificios que debieron ser abandonados en el verano de 1974 tras la invasión turca en Chipre, en respuesta al golpe de Estado «pro-griego». El ejército Turco y el Grecochipriota cruzaron fuego en las calles de Famagusta. La población, temiendo una masacre, dejó sus casas, trabajos y vida diaria abandonando una ciudad a la que ya nadie ha vuelto a entrar por la falta de entendimiento. El Ejército Turco tomó el control de la zona durante la invasión y la valló pero una resolución de Naciones Unidas impide «asentarse a cualquier persona que no sean sus habitantes» lo que ha llevado a que esta turística zona costera se convierta en una ciudad fantasma cada día más deteriorada.

    [ Varosha, una puerta a la esperanza]

  3. Penn Hills Resort, Montañas Pocono, Pensilvania

    Las montañas de Pocono, en Pensilvania (Estados Unidos), han sido durante décadas famosas por ser el destino elegido por las parejas para vivir el amor. Uno de los alojamientos más emblemáticos de la zona entre los años 60 y 70 del siglo pasado fue sin duda Penn Hills Resort, en Analomink. Este «hotel del amor» se inauguró en 1944, aunque no sería hasta la década de 1960 cuando alcanzara su máximo esplendor siendo el lugar elegido por cientos de parejas para celebrar su luna de miel.

    Dividido en varios edificios, a lo largo de algo más de dos kilómetros, el resort incluía, además del acceso a la estación de esquí y a un campo de golf, una pista de patinaje sobre hielo, pistas de tenis y una piscina al aire libre en forma de campana.

    Aunque realmente lo que buscaban los enamorados eran sin duda el alojamiento en las villas, que incluían mullidas alfombras, techos con espejos, camas redondas o bañeras en forma de corazón.

    Cerrado en 2009 tras la muerte de la cofundadora de Penn Hills, Francés Paolillo, el condado de Monroe se hizo cargo de la propiedad que acumulaba importantes deudas. El impresionante resort se fue deteriorando hasta acabar en el total abandono en el que se encuentra hoy en día y en busca de un nuevo comprador que le devuelva a la vida.

  4. Balneario de Aguas de Busot, en Alicante

    Construido en el siglo XIX en el municipio de Aguas de Busot, en Alicante, este balneario fue construido en el siglo XIX como lugar en el que la sociedad burguesa acudía a «tomar las aguas». Su nombre original era «Hotel Miramar estación de invierno» y a pesar de que su atracción principal era el balneario, también contaba con otras instalaciones como un casino, una sala de fiesta, una iglesia y zona de juego para los niños. Su esplendor duró hasta 1930 cuando su dueño, según se cuenta, el marqués de Bosch lo perdió en una partida de póker.

    En 1936, el Estado adquirió el edificio y lo convirtió en hospital antituberculoso, destinándolo a niños con tuberculosis. Tras la Guerra Civil y al extinguirse la enfermedad se abandonó. Desde entonces, las leyendas de contenido paranormal sobre este entorno se han multiplicado.

  5. Prora, Rügen, Alemania

    En la isla alemana de Rügen en este bello emplazamiento característico por sus playas de arena blanca, Adolf Hitler mandó construir, entre 1936 y 1939, este gigantesco hotel vacacional para todos los alemanes. En total se levantaron ocho edificios idénticos entre sí y que se extienden sobre más de 4 km, a aproximadamente 150 metros de la playa.

    El objetivo era construir más de 10.000 habitaciones en las que otros tantos alemanes pudieran divertirse y, así, comprender que no todo en el Reich era trabajar. La construcción del lugar –conocido como Prora- quedó sin embargo detenido en 1939 debido a la falta de liquidez por los esfuerzos de la guerra.

    Tras la Segunda Guerra Mundial, Prora cayó en manos de los soviéticos, quienes acabaron cediendo el complejo a la Alemania Oriental tras la reunificación del país. El ejército abandonó el lugar poco después y la decadencia empezó a atacar a los edificios de la ciudad vacacional. Así fue hasta 2004, año en que el lugar fue vendido a una empresa inmobiliaria que se encargó de rehabilitar algunos de los edificios.