Cinco hoteles de Mallorca para una escapada de diez

Cinco hoteles de Mallorca para una escapada de diez

Palacios y fincas restauradas con gusto para una estancia de lujo que incluye más que sol

Actualizado:

Palacios y fincas restauradas con gusto para una estancia de lujo que incluye más que sol

12345
  1. Convent de la Missió

    En Mallorca ya no se pide necesariamente playa. Por el contrario, muchos viajeros buscan planes deportivos, artísticos, gastronómicos, relajantes... Para ellos, rastreamos hoteles especiales en la gran isla de las Baleares.

    El Convent de la Missió fue un antiguo Convento de misioneros construido en el siglo XVII, a un paso de la Rambla, hoy rehabilitado como hotel gracias al equipo de Toni Esteva, que ha dado prioridad a la tranquilidad y al arte. Cuenta con una preciosa sala de exposiciones instalada en el antiguo refectorio del convento, un restaurante gastronómico -«El Refectori»- regentado por el inglés Marc Fosh y un jardín japonés en la azotea con vistas sobre los tejados del casco antiguo de Palma. La decoración se ha cuidado al detalle. De momento cuenta con catorce habitaciones de distintas categorías. Pertenece al grupo Torre de Canyamel.

  2. Can Cera

    Can Cera es un palacio con 700 años de historia, dentro de las Murallas y a un paso de la Catedral. Ha pasado por muchas manos, aunque la reforma más importante la sufrió en el siglo XVII, cuando se italianizó, al igual que muchas casas de Palma. Tiene un patio mallorquín de piedra y su acceso principal está en la primera planta. Se ha rehabilitado como hotel con catorce habitaciones tipo suite, siempre respetando los volúmenes y las alturas de techo. Los salones y las habitaciones se han decorado con muebles mallorquines y de época. Cuenta con restaurante y una terraza solárium.

  3. Can Alomar

    El hotel Can Alomar es el último en llegar: abrió el 1 de mayo. Los Thomas eran una riquísima familia de mercaderes que en el siglo XV hicieron una fortuna y construyeron una gran casa gótico-renacentista que se fue ampliando y enriqueciendo según pasaron los años y fue cambiando de dueños. Abandonada por los últimos propietarios, los Alomar, el grupo Ibosa la ha transformado en un hotel muy exclusivo, con una impecable restauración. Cuenta con servicio de «personal shopper», cata de vinos, visitas a galerías y talleres de arte, excursiones personalizadas, alquiler de yates, paseos a caballo y caza.

  4. Can Simoneta

    Cercana al pueblo de Artá, la finca Can Simoneta en tiempos de la familia Morell no valía casi nada. Hasta que un miembro eclesiástico de esta familia cayó enfermo y le recomendaron aires marinos. Esa fue la razón de que construyeran una casita en medio del pinar, sobre el acantilado. A sus pies, el mar, las rocas y una playa con la casita de los pescadores. Hoy el lugar es único, restaurado en tonos naturales, linos y maderas. Con una magnífica lencería en las habitaciones y con accesorios de Bulgari, golf, tenis, jacuzzis, piscinas infinitas, wellness, tumbonas de relax… Unas vistas que se salen. Preciosa la casita de la playa y su restaurante.

  5. Font Santa

    Siempre existió un balneario allí, cerca de las salinas. Desde la época romana sus aguas salen de la tierra a treinta y nueve grados de temperatura. Sus propiedades terapéuticas son innumerables debido a la alta composición en sales y minerales y se han aprovechado para restaurar el balneario y convertirlo en el hotel Font Santa solo para adultos, ideal para el relax, el baño y el paseo. La decoración es muy sobria y natural y no distrae en absoluto del paisaje con las marismas y las salinas al fondo y todo el parque natural con la playa de Trenc. Son 25 habitaciones de distintas categorías y un restaurante gastronómico.