Los diez hoteles más sorprendentes de España

Los diez hoteles más sorprendentes de España

Sentirse un comanche en un campamento indio, dormir en la copa de un árbol o en un carromato de circo: experiencias insólitas y cercanas

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Sentirse un comanche en un campamento indio, dormir en la copa de un árbol o en un carromato de circo: experiencias insólitas y cercanas

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  1. Cabanes als Arbres (Barcelona)

    ¿Quién no ha soñado con dormir en una cabaña situada en la copa de un árbol como en el clásico de Disney «Los Robinsones del Sur»? Pues pernoctar en un nido ubicado entre las ramas de un majestuoso árbol y soñar como Robinson Crusoe es posible en España. A 84 kilómetros de Barcelona, en plena Sierra del Montseny, Cabanes als Arbres ofrece esta atractiva propuesta en alguna de sus diez cabañas de madera, suspendidas en el aire, a una altura entre tres y ocho metros.
    Los románticos pueden optar por un pack de cava, bombones, flores e incluso un kit de masaje para utilizar en la cabaña, pero siempre existe un respeto ecológico que mantienen sus propietarios con la máxima firmeza. Como uno se puede imaginar, en las cabañas no hay electricidad ni agua, pero el confort está siempre asegurado ya que el establecimiento cuenta con los servicios complementarios de la Masía de la Vileta, situada en las cercanías, que permite disfrutar de unos días de descanso diferentes. Una recomendación final: no perderse los amaneceres con las vistas del macizo del Montseny.

  2. O Semáforo (La Coruña)

    Si le gusta el ambiente marítimo y la naturaleza, O Semáforo es sin duda una opción original. Situado a 143 metros sobre el nivel de mar, en la Costa de la Muerte, esta réplica del Faro de Finisterre ofrece a sus clientes cinco originales habitaciones. Hasta hace 40 años el edificio constituyó un puesto de vigilancia militar en un idílico entorno donde la tierra, el mar y el viento se dan la mano, y después, tras una breve etapa como base meteorológica, sufrió una acertada reforma para que las habitaciones del nuevo hotel dispusieran de televisión, baño, calefacción y teléfono y se ofertaran otras estancias exclusivas para sus huéspedes como una cafetería y un pequeño restaurante que sirve hoy una exquisita cocina gallega tradicional. Muchos peregrinos del Camino de Santiago lo visitan, pero el que se aloja no solo disfruta de un hotel distinto sino de unas maravillosas puestas de sol en este cabo de Finisterre que fue en otros tiempos considerado el «fin del mundo».

  3. Circo Museo Raluy (Tarragona)

    Dormir en un auténtico carromato de circo y disfrutar del mayor espectáculo del mundo es lo que propone este hotel con ruedas que encontramos en Aldea (Tarragona). Luis y Carlos Raluy, hermanos y propietarios de este circo, permiten al huésped y al visitante sentir la magia de estos carruajes que en si mismos son una obra de arte única. Todos ellos han sufrido una minuciosa restauración para apreciar el talento artesanal de los carpinteros y pintores que construyeron estas piezas andantes entre los siglos XIX y XX en países como Alemania, Inglaterra o Rumanía. La pasión de Luis Raluy por el circo fue tal que primero se hizo acróbata, después creó atracciones únicas como el «hombre bala» y acabó finalmente levantando el primer circo museo del mundo donde convive hoy una familia de 40 trabajadores. Los carromatos no pueden albergar a más de seis personas y disponen siempre de una cama doble, una sala de estar, una habitación con camas supletorias y un baño. El precio del alojamiento cuesta alrededor de 200 euros por día y está incluida la entrada al espectáculo.

  4. Altiplano Tipis (Granada)

    Sentirse un comanche como en las viejas películas del «far-west» y descansar en un campamento indio puede suponer una experiencia de lo más sorprendente si se tiene en cuenta que podemos vivirla en la sierra granadina de Baza. Una pareja de ingleses residentes en este típico pueblo andaluz (a 4 kilómetros del hotel-camping de lujo) tuvo la idea de convertir esta zona de cuevas primitivas, una de ellas se utiliza como suite, en un establecimiento confortable. Todos los tipis, decorados de forma muy sencilla pero con encanto, disponen de baño y ducha, una cama doble o dos camas individuales con edredones de plumas, sábanas y almohadas, alfombras de fabricación local y una cesta de mimbre para guardar los objetos personales. El momento más sublime del campamento suele ser cuando llega la noche: La paz y el aislamiento del lugar invitan a la meditación.

  5. Hotel Plaza de Toros de Almadén (Ciudad Real)

    El Hotel Plaza de Toros de Almadén propone al visitante sus 24 habitaciones distribuidas en torno al coso taurino de Almadén. Las estancias fueron en su momento viviendas independientes de algunos vecinos que conformaron una plaza de toros hexagonal en la que se han celebrado de forma habitual festejos taurinos. Claro que si se quiere coincidir el alojamiento con alguna corrida de toros sólo puede ser en Semana Santa o en agosto durante las fiestas del pueblo. En las cercanías encontramos el Parque Minero que recuerda la vinculación histórica de la localidad con el mercurio. Se pueden visitar los túneles y galerías de las minas y un museo.

  6. Vagón Rural (Murcia)

    Este original alojamiento rural se concibió con el objetivo de recuperar y rehabilitar los antiguos vagones de tren que operaban en los años 50 del siglo XX. Hoy Vagón Rural cuenta con tres de estos históricos vagones que se han transformado en magníficos apartamentos junto a la rica huerta de Murcia y con la ventaja de estar a solo diez minutos del centro de la capital de la provincia. El “hotel ferroviario” no sólo permite disfrutar de estos vagones de trenes de mercancías, equipados con calefacción y aire acondicionado, sino también de una cena al aire libre debajo de su cenador e incluso es posible preparar comidas en su cocina o en la barbacoa. Por su ubicación es un magnifico punto de partida para realizar excursiones por Cartagena, La Manga del Mar Menor, el Valle de Ricote, el noroeste de Murcia con Moratalla y Caravaca como principales destinos, o la monumental ciudad de Lorca.

  7. Iglú-Hotel Grandvalira (Andorra)

    Este hotel construido en 2008 aporta en su oferta una excelente manera de combinar el bañador con los los deportes y otras actividades de invierno. Está situado a 2.350 metros sobre el nivel del mar en la Coma III de la estación de esquí de Grandvalira, el dominio más grande de los Pirineos, y ofrece una vista impresionante de las pistas del Grau Roig con la alternativa cercana de Andorra la Vella a unos 25 kilómetros del hotel.
    El bañador y el gorro son imprescindibles, pues dos de los nueve iglús que constituyen el hotel disponen de baño privado y uno de ellos, la suite romántica con bañera de hidromasaje, destaca por disponer de un techo abierto al exterior lo que permite observar el cielo estrellado y disfrutar de un jacuzzi privado. La estancia incluye un aperitivo, cena en el restaurante del Iglú (fondue de queso) y té o agua y desayunos en el restaurante Tres Estanys, en Grau Roig. Y las camas, que podrían preocupar a más de uno, están equipadas con materiales especiales para soportar condiciones extremas pero por si acaso los clientes también reciben un saco ártico de expedición para dormir junto con unas sábanas de algodón especial desechables por lo que no se pasa frío . Además las habitaciones están protegidas con pieles de cordero. Todos los años, en diciembre, se construye este hotel de hielo –siempre mantiene una temperatura interior de 0 grados- que acaba derritiéndose con la llegada de la primavera cuando cierra el establecimiento.

  8. Dormir bajo las estrellas (Cáceres)

    A Teresa Gutiérrez, propietaria de la Casa Rural Vía de la Plata en la localidad cacereña de Aldea de Cano, no se le ocurrió otra ingeniosa o descarada idea de proponer a sus huéspedes la posibilidad de dormir en una cómoda cama en medio de un bosque de encinas disfrutando «a pelo» de la naturaleza y alucinando con las estrellas del cielo extremeño. La propuesta de «Dormir bajo las estrellas en el hotel más grande del mundo», llamativa y sorprendente, consiste en pasar tres días y dos noches en una de las joyas naturales de este país: la dehesa de Extremadura. Como es lógico, se utiliza la casa rural como base de operaciones, y sólo se puede desarrollar esta actividad con grupos formados por 8 o 10 personas. Y el buen jamón y el buen queso están más que garantizados para los huéspedes de mayor exigencia en el terreno gastronómico.

  9. Casas Karen (Cádiz): paja, madera y caña

    Karen Abrahams es una belga de casi medio siglo de vida, hija de padre inglés y madre norteamericana, que se enamoró de Los Caños de Meca al cumplir los 20 años en la comarca gaditana de La Janda. En 1988 compró unos terrenos, a 800 pesetas el metro cuadrado, y decidió iniciar el sueño de su vida, Casas Karen, forjando uno de los establecimientos hoteleros más curiosos de la península. Lo forman tres chozas -la Choza Grande, la Choza Pequeña y La Chozita- y están hechas íntegramente de paja, madera y caña. Su extensión, que ha aumentado con los años, es de 8.000 metros cuadrados, pero el objetivo de Karen no ha variado: proteger el terreno y vivir en el entorno natural que tanto ha llegado a conocer y amar. Y por eso entre su clientela se encuentra gente y profesiones para todos los gustos, aunque todos ellos coinciden al afirmar que en estas antiguas viviendas tradicionales de Andalucía han encontrado magia, paz y vibraciones positivas.

  10. Cuevas Pedro Antonio de Alarcón (Granada)

    Para aquellos que quieren experimentar lo que podría ser un “cavernícola del siglo XXI” Guadix se presenta como una buena recomendación. Este pueblo granadino ha sido históricamente un refugio de gentes que encontraron su residencia en las cuevas excavadas en la roca milenaria. Existen documentos oficiales que demuestran la existencia de vecinos viviendo en las entrañas de la roca desde el siglo XVI y ahora un hotel ha recuperado ese pasado en una de las barriadas de la localidad, la de la Estación del Tren.

    Las Cuevas Pedro Antonio de Alarcón, inauguradas en 1995, son 23 apartamentos equipados con todas las comodidades –uno de ellos propone una estancia con jacuzzi para dos personas- y sus metros cuadrados están en función del tamaño de la cueva. Llevan el nombre del conocido novelista nacido en Guadix y proponen una vivencia única, experimentar la auténtica forma de vida de los accitanos, alojándose en una cueva, con todos sus beneficios. Sus propietarios aseguran que a los clientes les encanta esa experiencia destacando lo bien que se duerme y esa paz y tranquilidad que se respira dentro de la cueva.