Valle del Baztán, en Navarra
Valle del Baztán, en Navarra - JUAN MARIONDIKOL
NAVARRA

El valle prodigioso que resume la novela negra española

Elizondo y el valle del Baztán, lugares de peregrinación para los seguidores de «El guardián invisible»

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Al llegar al valle del Baztán, llaman la atención los bosques frondosos, sus prados de altura y el color verde rodeándolo todo. Un escenario «espectacular» que Dolores Redondo escogió para ubicar la historia de «El guardián invisible», sin imaginarse que, tras su publicación en 2013, esta novela negra que narra el regreso de una inspectora de Homicidios a su Elizondo natal, cambiaría la vida de sus habitantes para siempre. «Fue como una Lotería», asegura Juan Luis Pérez, dueño de la librería Nafarpress, cuyo escaparate está copado por productos relacionados con la historia de Amaia Salazar, la protagonista.

Las ventas de éste y los otros dos libros que forman la «Trilogía del Baztán» alcanzaron el millón de ejemplares y 57 reediciones en más de 30 países. Una fiebre que atrajo a Elizondo y a este valle prodigioso a un buen número de visitantes en búsqueda de los escenarios, casi todos reales, donde se desarrolla la novela. El fotógrafo Juan Mari Ondikol comenzó entonces a organizar visitas «a petición de la gente». «Dolores nos ayudó a ubicar las localizaciones. En Semana Santa tuvimos hasta dos grupos de 30 personas cada día», cuenta.

La casa donde Dolores redondo ubica el obrador Salazar
La casa donde Dolores redondo ubica el obrador Salazar - JUAN MARIONDIKOL

Turistas literarios que llegan hasta la localidad navarra de 3.000 habitantes a recorrer sus casas señoriales del siglo XVIII y a contemplar en la plaza del mercado la modalidad más antigua de pelota vasca: el «laxoa». Disfrutan también de las vistas del mirador de Ziga, con «la catedral del Baztán» al fondo. Se pierden por el Parque Natural del Señorío de Bértiz y acuden al nacimiento del río Baztán, en Erratzu, donde sitúan muchas leyendas de las lamias, criaturas mitad mujer mitad animal del folclore vasco. Marchan después a la cueva de Ikarua de Urdax y llegan a Zugarramurdi, lugar en el que la Inquisición juzgó a 53 vecinos por brujería en 1610. Pasean por Bozate, el gueto donde vivieron los agotes, una etnia navarra de origen aún incierto que fue discriminada durante siglos, y acaban comiéndose un txantxigorri, postre típico de la matanza del cerdo que se dejó de hacer hace décadas y se recuperó gracias a su mención en «El guardián invisible».

Un paisaje protagonista

El director Fernando González Molina («Palmeras en la nieve») rueda la versión cinematografía convencido de que «el paisaje es un protagonista fundamental». «Mucha gente se va a sorprender de que estos parajes estén en España y no en Canadá», añade Redondo, que trajo al productor alemán Peter Nadermann hasta Elizondo, para arrancarle la promesa de que el filme se rodara allí. Le llevó por los caminos embarrados del Sendero del Infierno de Lekaroz, atravesó prados y caseríos, llegó hasta el molino Errotaberri, al que antaño llevaban los vecinos el cereal y le sumergió en estas tierras misteriosas de brujas y akelarres. Comieron chuletón, bebieron sidra... y aceptó. «Es una pasada la de gente que viene», apostilla Mari Carmen, una tímida comerciante de Elizondo que Dolores Redondo cita en la novela.