Los monasterios más increíbles en riscos de vértigo
Katskhi Pillar, en Georgia, tardó dos siglos en construirse. Ahora es el hogar de un monje

Los monasterios más increíbles en riscos de vértigo

¿Cómo han podido construirlos? ¿Cómo suben los fieles? Tesoros muy cerca de Dios, en altas cumbres y cerca de precipicios

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¿Cómo han podido construirlos? ¿Cómo suben los fieles? Tesoros muy cerca de Dios, en altas cumbres y cerca de precipicios

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  1. Katskhi Pillar, Georgia

    Katskhi Pillar, en Georgia, tardó dos siglos en construirse. Ahora es el hogar de un monje
    Katskhi Pillar, en Georgia, tardó dos siglos en construirse. Ahora es el hogar de un monje

    Existen lugares en el planeta tan aislados del mundo que son, sin duda, muy aptos para la oración y el rezo en la más absoluta tranquilidad. Rincones que han terminado por acoger algunos de los templos religiosos más bellos, alejados de todos y de todo. Edificos que, en la mayoría de las ocasiones, traen dos preguntas a la mente de cualquiera que los visite: ¿Cómo han construido esto?, ¿cómo se puede subir allí?

    Ese es el caso de Katskhi Pillar, una iglesia en el oeste de Georgia, que fue levantada sobre una roca de 30 metros de altura entre los siglos VI y VIII. Previamente, en ese lugar se encontraba un altar pagano utilizado en rituales para atraer la fertilidad.

    A pesar de que en el siglo XV fue abandonada, en el año 1944 alguien se atrevió a volver a subir la destartalada escalera para visitar el monasterio, restaurarlo y colocar una nueva escalera de hierro para facilitar la subida, que dura unos 20 minutos.

    Actualmente, Katskhi Pillar cuenta con un inquilino, un monje llamado Maxime Qavtaradze, quien gustosamente recibe a todo tipo de visitantes (salvo mujeres), con los que compartir sus envidiables vistas.

  2. Ermita de San Juan, Vizcaya

    La emita de San Juan, en el islote de Gaztelugatxe
    La emita de San Juan, en el islote de Gaztelugatxe - abc

    Elegido a principios de verano como el enclave natural más hermoso del país, en el islote de Gaztelugatxe, en la localidad vizcaína de Bermeo, se erige una ermita del siglo X construida en honor a San Juan.

    Para llegar a ella, hay que subir un estrecho camino con 241 escalones, jalonado con las sucesivas estaciones de un Viacrucis. Un esfuerzo recompensando para disfrutar de las vistas y la pequeña ermita, que cuenta con una historia muy interesante: fue atacada por el corsario Francis Drake y sufrió varios incendios a lo largo de su historia, el último en 1978, cuando quedó totalmente destruida. Dos años más tarde, en 1980, se reinauguró nuevamente.

  3. Templo Xuankong, China

    flickr pnp

    Sus largos y delgados pilares dan la sensación de que en cualquier momento los muros del templo Xuankong, también conocido como «Monasterio colgante», pueden venirse abajo.

    Con más de 1.500 años de historia, el templo fue construido en esta extraña localización para evitar las inclemencias de la lluvia y la nieve. Pero no sólo es conocido por estar al borde de un precipicio, sino también porque este es el único monasterio que combina las tres religiones que se practican en China: Confucionismo, Budismo y Taoismo. De hecho, sus tres fundadores (Confucio, Sakyamuni y Laotzu) están representandos en el interior todos juntos.

    El templo Xuankong puede visitarse previo pago de una entrada que cuesta unos 7 euros.

  4. Monasterio Rossanou, Grecia

    monasterios de meteora

    El monasterio Rossanou forma parte del grupo conocido como monasterios de Meteora, enclaves cristianos ortodoxos que destacan por ser un importante lugar de monacato... Y porque las construcciones están encaramadas en la cumbre de masas rocosas grises conocidas como «meteora», algunas con una altura de hasta 600 metros.

    A pesar de que muchos fueron destruidos en la II Guerra Mundial por las tropas nazis, los supervivientes son desde 1988 son Patrimonio de la Humanidad. Uno de ellos es pricsamente el monasterios Rossanou, fundado en el siglo XVI por Josafat y Maximos, dos hermanos de Epiro.

    Como curiosidad, este es el único monasterio de Meteora que está al cuidado de monjas, ya que el resto lo llevan hombres.

  5. Taktsang Dzong, Bután

    Douglas J. McLaughlin

    También conocido como «Nido del Tigre», el monasterio Taktsang es el templo más importante de Bután. Su construcción comenzó en el año 1692 en el Valle de Paro, en una roca a más de tres mil metros sobre el nivel del mar y ante un precipicio de unos 800 metros.

    Una localización que da vértigo de solo pensarlo, y que disuade a muchos de visitarlo, ya que sólo se puede acceder a pie o sobre una mula. El motivo de tan extraño escenario es que, según se cree, en una cueva cercana meditó el Gurú Padmasambhava durante tres años, tres meses, tres semanas, tres días y tres horas antes de introducir el budismo en Bután.

    Por desgracia, el actual monasterio Taktsang no es del todo el original, ya que tuvo que ser reconstruido en 1998 tras un incendio.

  6. Ermita de San Colombano, Italia

    flickr René Querin

    En el siglo X y a 120 metros de altura comenzó a consturirse la ermita de San Colombano, un precioso edificio al borde de un acantilado que casi parece emerger de la piedra.

    Su nombre fue elegido en honor a San Colombano, un santo que mató al dragón que atemorizaba a las gentes de la zona, y que vivía en una cueva cercana a donde se levantó la ermita. Una historia representada en los frescos del interior de la ermita, aunque para verlos hay que pasar por la garganta Leno y subir 102 escalones que no ofrecen una gran estabilidad.

  7. La Montaña del León, Sri Lanka

    flickr James Gordon

    Sigiriya significa «Montaña del León», y solo las dos garras talladas en piedra que nos reciben a sus pies dejan más que claro el porqué del nombre.

    Esta gran roca de 200 metros de altura es uno de los lugares más simbólicos de Sri Lanka, y está declarado Patrimonio Mundial de la Unesco, gracias a la fortaleza inexpugnable que fue construída hace 1.500 años en su cima y a la leyenda que esconde.

    Según cuentan, fue un rey llamado Kasyapa quien construyó en lo alto de la roca su morada, temeroso de las represalias tras asesinar a su padre y apartar al legítimo heredero, su hermano Mogallana.

    Sin embargo, nada evitó la guerra y el asedio de Sigiriya, y Kasyapa terminó suiciándose, recayendo de nuevo la corona en manos de Mogallana, quien trasladó la capital a la ciudad de Anuradapura, y ordenó que el palacio de su hermano pasara a ser un monasterio budista.

    Para alcanzar la cima de la montaña, hay que ascender una larga escalera de madera que parte de su base, entre las garras de un temible león. A pesar de que las pasarelas están protegidas con hierros e incluso rodeadas por estructuras circulares para evitar caídas, si sopla el vieno la sensación es, cuanto menos, impresionante. Una experiencia que sin duda bien vale los 27 euros que cuesta la entrada.

  8. Simonos Petras, Grecia

    simonopetra

    Son varios los monasterios griegos que buscan los lugares más elevados, escarpados y solitarios para levantar sus muros. Sin embargo, el caso de Simonos Petras es algo diferente, ya que está en Grecia... Más o menos.

    Este monasterio se encuentra en el Monte Athos, hogar de una veintena de monasterios, todos cristianos ortodoxos, pero de diferentes países: Grecia, Rumanía, Rusia, Bulgaria, Serbia y Georgia. Todos ellos conforman un territorio autónomo, el Estado Monástico Autónomo de la Montaña Sagrada, bajo soberanía griega.

    Simonos Petras es el decimotercer monasterio en la jerarquía del Monte Athos, y cuenta en la actualidad con alrededor de 50 monjes. Colgado sobre un acantilado a 330 metros sobre el nivel del mar, data del siglo XIV, momento en el que fue fundado por San Simón por mandato divino.

    La construcción consiste en varias construcciones de varias plantas, que curiosamente los monjes suelen numerar de arriba hacia abajo.

  9. Ermita San Felices de Haro, La Rioja

    abc

    Elegida como Mejor Rincón de España, junto con el Puente Romano de Alcántara, en la última edición del concurso celebrado por la Guía Repsol, la ermita de San Felices de Haro se alza en los riscos de Bilibio, y aunque sus vistas son de por sí impresionantes, el 29 de junio se convierten en todo un lujo gracias a la famosa Batalla del Vino.

    Además, desde la ermita se puede ver al río Ebro entrar en La Rioja y serpentear entre los viñedos de la región. Un enclave muy especial en el que alguna vez se alzó un castillo romano, antes de que a finales del siglo V San Felices y su discípulo San Millán decidieran hacer allí vida retirada. De hecho, junto a la ermita está una estatua de piedra del santo, coronando el cerro.