Los paisajes de la frontera que disfrutarás en Extremadura
Alcazaba de Badajoz - turismo de extremadura

Los paisajes de la frontera que disfrutarás en Extremadura

Extremadura ha sido muchas veces tierra de contacto con otras culturas, y ello ha dejado rastro en sus monumentos

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Extremadura ha sido muchas veces tierra de contacto con otras culturas, y ello ha dejado rastro en sus monumentos

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  1. Badajoz, de una frontera a otra

    Alcazaba de Badajoz
    Alcazaba de Badajoz - turismo de extremadura

    Badajoz ha sido protagonista de la frontera durante la Reconquista y -siglos después- de la que compartimos con Portugal. Testigo de ello es su alcazaba (recinto fortificado de origen árabe), que es la más grande de España. Alzada sobre el Cerro de la Muela, junto al Guadiana, se construyó en el siglo XII (si bien ya desde la fundación de la ciudad en el siglo IX hubo fortificaciones en este lugar), pero se la siguió reforzando y añadiendo elementos durante muchos más siglos, ya que la cercanía de la ciudad a Portugal hizo que la alcazaba continuase siendo una fortificación con una importante función defensiva.

    Recientemente se han acometido obras de conservación, por lo que ahora es buen momento para pasear por sus murallas abaluartadas, sus torres albarranas y sus jardines, o para visitar el Museo Arqueológico Provincial, emplazado en el palacio de los Duques de Feria (siglo XVI, pero con elementos que se remontan a finales del siglo XIV).

  2. Olivenza, la ciudad disputada

    Iglesia de Santa María Magdalena, en Olivenza
    Iglesia de Santa María Magdalena, en Olivenza

    Si hablamos de historia y de la frontera con Portugal, hay que hacer un alto en Olivenza. Esta ciudad ha pasado su historia a caballo entre España y Portugal. Perteneció en origen al Reino de León, pero en 1297 (por el Tratado de Alcañices, que fijó las fronteras castellanolusas) la entonces aldea de Olivenza fue cedida a Portugal. Fueron los portugueses quienes crearon las fortificaciones de la ciudad y la mantuvieron en su poder durante siglos. Pero en 1801, España -con ayuda de las tropas napoleónicas- la tomó durante la «Guerra de las Naranjas». El Tratado de Badajoz certificó esta anexión, pero tras la caída de Napoleón el Congreso de Viena buscó revertir casi todos los cambios causados por el poder francés. Portugal reclamó anular el cambio de manos de Olivenza, pero los acuerdos alcanzados no obligaban a España a devolver la ciudad.

    Debido a esos cinco siglos de dominio luso, Olivenza tiene un singular aire portugués en su arquitectura, en especial en monumentos como la iglesia de Santa María Magdalena, construida en el más puro estilo gótico manuelino, con una portada de Nicolás de Chanterenne, artista que realizó –entre otros trabajos– la puerta del lisboeta Monasterio de los Jerónimos.

  3. Trujillo, el eslabón con América

    Si pasamos de la frontera más cercana a la «frontera» más lejana, Trujillo es el lugar ideal para sentir el contacto entre Extremadura y América. Tierra de conquistadores –allí nacieron, entre otros muchos, Francisco Pizarro, Francisco de Orellana y el arzobispo de Lima Gerónimo de Loayza–, estos aprovecharon la riqueza y la influencia conseguidas en América para levantar monumentos y casas palaciegas en su ciudad natal, que se encuentra llena de símbolos heráldicos que recuerdan a estas familias.

    El palacio de los Marqueses de la Conquista (en plena Plaza Mayor, en medio de la cual se alza la imponente estatua ecuestre de Pizarro) o el de San Carlos son visita obligada para los amantes de la arquitectura renacentista. El castillo, de origen árabe, también reviste gran interés, así como varias de las muchas iglesias y conventos de la ciudad, como la iglesia románica tardía de Santa María la Mayor o la gótica de San Martín.

  4. El descando del Emperador

    Puente sobre la garganta del Alardos, en La Vera
    Puente sobre la garganta del Alardos, en La Vera

    Pese a este carácter fronterizo, Extremadura también ha sido a veces lugar de paz y descanso en los límites de un vasto imperio. Emérita Augusta fue fundada como colonia para que se retirasen los soldados veteranos de la Roma imperial. Y el propio emperador Carlos V se retiró aquí en sus últimos años. Su lugar de descanso elegido fue el Monasterio de Yuste, en La Vera. Este monasterio destaca por la inmensa sensación de serenidad que transmite y en él aún se puede visitar el austero cuarto que el emperador se hizo construir.

    Una de las muchas rutas senderistas que existen en La Vera permite seguir el recorrido del emperador desde Tornavacas hasta Jarandilla de la Vera, aprovechando para admirar la belleza natural de estas tierras y la arquitectura típica de los alrededores.

  5. El refugio de las grullas

    Durante el otoño y el invierno muchas aves migran hacia Extremadura. Y destacan especialmente en el cielo extremeño las formaciones en «V» de las grullas. Unas 80.000 de estas aves (cerca del 40 por ciento de su población en Europa Occidental y más de la mitad de la española) se concentra ahora en Extremadura.