Constantino Molina nació en Poz Lorente (Albacete)
Constantino Molina nació en Poz Lorente (Albacete) - ana jiménez
artes&letras castilla-la mancha

«Como Shelley, creo que el ansia de novedades nos está perdiendo»

Entrevista con Constantino Molina, Premio Adonáis 2014 por «Las ramas del azar»

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Tiene 29 años, es de Albacete y con su libro «Las ramas del azar» se ha alzado con el Premio Adonáis, el prestigioso certamen poético que resiste al paso del tiempo y que ya ha celebrado su sexagésima octava edición.

-¿Por qué es usted poeta?

-Yo también me hago esa pregunta muchas veces. Desde muy joven he tenido esa pulsión artística y creadora por la que he acabado encontrándome en la poesía. Además es compatible con otras cosas, el poeta no se define como un ser obnubilado con los versos

-¿Recuerda la primera vez que escribió un verso?

-No podría recordar el momento y el verso concreto con exactitud. Siempre he sido, y sigo siéndolo, lector de poesía. Es algo que fue evolucionando de la lectura hacia la escritura.

-¿Qué sintió al escribirlo?

-Sinceramente, una sensación de pudor y de cierto distanciamiento por timidez e inseguridad hacia aquellos primeros versos.

-¿Qué cree que puede aportar su poesía a los lectores?

- Mi poesía y toda ella en general creo que aporta algo en lo que uno puede reencontrarse con el lenguaje y con la vida. Esa vida de verdad, la que se nutre de la cultura, del humanismo y del conocimiento, y que a veces nos es difícil discernir entre tanta información basura y desconcierto. La poesía es algo que nos alimenta y que nos lleva más allá de, por ejemplo, esa pseudocultura ridícula que intentan hacernos tragar y que se reduce a los toros, la copla, y las procesiones.

-Lea este poema suyo, de título «Poética». ¿Qué le recuerda, qué le sugiere, lo reconoce como suyo en estos momentos?

Quemaría las bibliotecas

que hicieran falta y firmaría

para que Homero y Shakespeare

nunca hubieran nacido

para volver a ver tus bragas negras

caer por debajo del vestido negro

hasta tus tacones negros.

-Sí, me reconozco en él y lo suscribo. En mi poesía el vitalismo es algo muy presente y en esos versos se da buena muestra de ello. Pertenece a un conjunto de poemas escritos en un tono y una técnica diferentes a lo que es mi línea pero sentado sobre las mismas ideas. Es algo que surgió como una broma para literatos y que tuvo una aceptación más positiva de lo que esperaba. Me estoy planteando su publicación. Puede ser algo así como un libro aparte, a manera de pequeño pecado confesable.

-«Las ramas del azar» se llama su poemario premiado. ¿Cree en el azar, o en el determinismo?

-Nunca me lo he planteado. En ambas cosas.

-En «Las ramas del azar» la naturaleza tiene un gran protagonismo sentimental y sensitivo. ¿Se considera poeta ecologista, ruralista?

-No me considero un poeta ecologista o ruralista. En este libro quería llegar a unos poemas alejados de lo efímero y del desgaste. También alejados de lo retorcido y del exceso de retórica y con unas ideas muy esenciales. En esa búsqueda he acabado por llegar a la naturaleza en muchas ocasiones. El poeta inglés P. B. Shelley dijo hace ya dos siglos algo con lo que este libro puede encajar: «El ansia de novedades nos está perdiendo».

-Leyendo sus poemas se observa que equipara usted, o quizá atribuya mayor importancia vital, a las pequeñas cosas sobre las grandes.

-La mirada poética es algo que está en consonancia con la observación atenta a los detalles, a los gestos y las precisiones. Ocurre también que muchas veces eso que llamamos pequeñas cosas no lo son tanto.

-De «Las ramas del azar» han dicho que tiene usted «una extraordinaria sensibilidad y mucho oficio», ¿está de acuerdo, y con esto último?

-La poesía es algo que conlleva una técnica, un cuidado especial al elegir y situar las palabras. De lo contrario uno acaba versificando la prosa. He tratado de cuidar al máximo esa técnica, aunque al releer el libro encuentro detalles que se pueden mejorar. Sigo aprendiendo.

-¿Por qué se presentó al Adonáis?

-Es uno de los premios con más historia de la literatura en castellano y al que la mayoría de poetas jóvenes se presenta. Le tengo especial estima por la lista de galardonados que me antecede.

-¿Le ha servido de algo el premio, le ha beneficiado?

-Sí, mucho. Todo escritor quiere que se le lea y se le reconozca, y publicar en una editorial que llega hasta Latinoamérica es algo que ayuda bastante a que así sea.

-Su biografía señala que dejó sus estudios universitarios de Humanidades y que ahora está en paro, después de haber trabajado como ferrallista, repartidor de guías telefónicas, ayudante de topografía, empleado en tiendas de deportes y alguna empresa de manufactura. Poeta y en paro…no parecen buenos tiempos para la lírica.

-Sí, mi currículum es muy heterogéneo y no es el común dentro del ámbito literario. El dedicarse a la poesía es algo que no va hermanado a un sueldo. Puede aportar alguna ayuda económica puntual, pero nada más. Es un género muy minoritario y no parece que eso vaya a cambiar a corto plazo.

-¿Cuáles son su proyectos en el mundo literario?, ¿tiene algún libro en marcha?

-Ahora estoy puliendo los detalles de mi segundo libro que ya se encuentra casi terminado. Más adelante me gustaría tocar también otros géneros como la narrativa o el artículo, pero de momento lo que me ocupa es la poesía.

-¿Cómo es un día normal en la vida de un poeta?

-Como la de cualquier otra persona. No bebemos absenta en las tabernas y vamos lanzando cánticos exaltados al anochecer. La única diferencia puede estribar en esa mirada poética que nos lleva a escribir.

-¿Cuál es su grado de ambición en el mundo de la literatura?

-Ambición es una palabra que me espanta un poco. Utilizaría pretensión, que en mi caso no es otra que la de disfrutar de la literatura como escritor tanto como lector. Más concretamente, como escritor, me gustaría hacerlo de una manera en la que me reconozca y esté satisfecho. Soy de los que considera que lo que se podría llamar «el taller del artista» debe estar aislado de todo el ruido de las ostentaciones. Lo principal es escribir la obra que uno quiere, después, como es lógico, uno siempre intenta publicarla de la mejor manera posible.

-Ha dicho usted que «en la poesía la parte de enchufe y amiguismo también es muy importante a la hora de publicar y premiar» (lo dijo en una entrevista que le hizo Luna Miguel). ¿Lo mantiene?

-Sí, es algo consabido. No siempre es así, pero la parte del amiguismo y el lobby suele tener una fuerte influencia en las editoriales y los premios. Lo peor de todo son las ocasiones en las que por esa influencia los premios recaen en libros de dudosa calidad, dejando el supuesto criterio del jurado y el prestigio de un premio muy en duda. Uno no está obligado a comprar los libros premiados, pero si se piensa que muchos se financian con dinero público y que quedan en el amiguismo... eso algo que puede llegar molestar a cualquiera. Además de confundir a los lectores.

-Ahora que el libro tradicional está en horas bajas, muchos recurren a las redes sociales. ¿Las considera útiles para algo?

-Sí, suelo utilizar Facebook. Es una herramienta muy útil para mantener el contacto con gente de todo el mundo y mantenerse actualizado respecto a mucha información. Pero creo que hay que saber filtrar y a veces diferenciar la realidad de nuestras relaciones con lo virtual.

-¿Qué poetas, escritores, han influido en su obra?

-La lista sería muy larga pero por nombrar algunas de mis preferencias en poesía diría: Claudio Rodríguez, Juan de la Cruz, Arthur Rimbaud, Eloy Sánchez Rosillo, Charles Simic, Mark Strand o Czeslaw Milosz.

-¿Cree que la poesía tiene algo de subversión?

-Sí, hoy día se puede caer en la subversión sin darse apenas cuenta. Algo tan sencillo como disfrutar de un momento de serenidad, hacer una reflexión honda sobre cualquier asunto vital o consumir algo que no esté dentro del entretenimiento banal, y que aturde a muchos, son cosas que cada vez van más a contracorriente. Con el panorama actual pienso en la subversión como una actitud cómplice con los valores más humanos, no como la actitud beligerante de un rebelde sin causa, y ahí es donde sin duda se encuentra la poesía.

-El profesor y poeta Andrés García Cerdán ha dicho de usted que a los 14 años ya sobresalía entre los demás alumnos porque «llevaba el fuego dentro», y que atendía en clase «con un entusiasmo reservado…como quien protege de la oxidación su pequeño tesoro de palabras». ¿Conserva ese fuego, o se han oxidado las palabras?

-Andrés es un buen amigo y uno de los poetas más singulares del panorama actual. Su último libro, «La Sangre», Premio Ciudad de Almuñécar, y publicado por Valparaíso, es de lo mejor que he leído últimamente, y esto lo digo más desde mi sentido crítico que desde la amistad. Que me dedique esas palabras es un honor. En buena parte yo llegué a interesarme más por la poesía gracias a sus clases en el instituto. Ahí comenzó ese fuego del que habla, que no es sino la necesidad de escribir, y que espero seguir conservando.

-Hay un poema, «De la servidumbre» en «Las ramas del azar» que parece sintetizar una filosofía de vida. ¿Podría explicarlo, o la poesía no precisa ser explicada? como usted mismo dice en estos versos pertenecientes al poema «Canción del mundo»: «Basta callar, dejar cantar al mundo/y oír su voz fugaz para entenderlo».

DE LA SERVIDUMBRE

El pájaro doméstico,

en su pequeña celda,

nunca conocerá temblor de rama

que sostenga el encanto de su trino.

Canta,

tan orgulloso como acostumbrado,

la villanía

de renombrar su servidumbre.

-Los poemas se explican en sí mismos, eso es cierto. Por guiar un poco su lectura puedo decir que aquí hablo de la vida del artista, de su actitud frente a la vida y del lugar desde el que nace su voz.

-El albacense Rubén Martín Díaz, Premio Adonáis 2009 con «El minuto interior», dice que Constantino Molina merece el premio por «trabajar en lo profundo, por aprender que haber llegado al poema no significa haber entrado en la poesía, y que había que seguir ahondando en la palabra precisa, en su centro». ¿Ha llegado ya usted al centro de la palabra precisa?

-Diría que he llegado a un lugar en el que comienzo a reconocerme con lo que escribo y que las palabras fluyen con un ritmo propio. Pero sigo en movimiento y sin la sensación de haber llegado a un lugar o centro en el que deba quedarme para siempre.

-Es usted el cuarto albacetense que consigue el Adonáis. Albacete parece cuna de buenos poetas. ¿Qué nivel, a su juicio, tienen los poetas actuales de Castilla-La Mancha? Entre los miembros del jurado está el talaverano Joaquín Benito de Lucas.

-Sí, Joaquín es uno de lo miembros del jurado y también fue Premio Adonáis en 1967. El nivel es muy bueno y creo que actualmente no es injusto decir que en nuestra región destaca Albacete sobre el resto de provincias en cuanto a poesía se refiere. En los últimos años estamos viviendo un auténtico boom. El interés crece y, aparte de contar con buenos poetas, tenemos cosas como el Festival Fractal de Poesía que está haciendo una gran labor por su difusión. Aunque sigue siendo algo de minorías, y, como he dicho anteriormente, en nuestra región el desprecio que el gobierno muestra por la cultura está frenando el fomento de su lectura y del arte en general. Buena sentencia de ello es aquel Premio para Jóvenes Artistas de Castilla-La Mancha que se eliminó de manera fulminante en el año 2011. Era un gran incentivo para los jóvenes creadores y un premio en el que muchos de nosotros comenzamos carrera artística. Espero que esto cambie.