«Se puede vivir de la forja si te enamoras de ella como de la novia»
Juan Antonio, trabajando en el taller - luna revenga

«Se puede vivir de la forja si te enamoras de ella como de la novia»

Entrevista al artesano de Guadamur Juan Antonio Sánchez García-Page, conservador de la catedral de Toledo

Actualizado:

Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, además de técnico superior en Artes Plásticas, Juan Antonio Sánchez García-Page (Toledo, 1982) es conservador de la forja de la catedral de Toledo, además de ser la tercera generación de artesanos forjadores en Guadamur desde 1903.

—¿Le asusta el fuego?

—No, no, absolutamente nada.

—¿De dónde le viene la pasión por la forja?

—Las cosas se llevan dentro, amigo, un día despiertan con un poquito más de efervescencia que otro día, le coges el gusto y así sucesivamente. Así empiezas a labrarte la vida.

—¿Desde cuándo da al martillo?

—El taller está muy cerca de la casa familiar y en mi infancia todos los días prácticamente tenía que pasar por el taller. Siempre he estado «cacharreando» por allí desde pequeñito.

—¿Quién ha sido su maestro?

—Mi padre, Juan Antonio Sánchez Gómez, al que estoy muy agradecido.

—Su taller ha hecho la rejería de la catedral de la Almudena, ¿ya puede morirse tranquilo?

—Para mi padre, que creo que es su cénit profesional, es una satisfacción. Yo todavía soy joven y tengo muchas ganas de hacer cosas importantes.

—¿Está muy deteriorada la forja de la catedral de Toledo?

—Gracias a Dios en ella siempre han participado los mejores artistas y los mejores artistas hacen cosas muy buenas. Las piezas se conservan fenomenalmente, aunque siempre hay que tener una atención especial con algunas de ellas por sus siglos de antigüedad.

—¿Cuál ha sido su trabajo más complejo en la catedral primada?

—Llega un momento en el que el trabajo adquiere varios matices. Puede ser complejo a la hora de la ejecución o por el método a la hora de la realización... es decir, todo es difícil porque todo tiene que conservar un carácter especial. Cualquier trabajo que se hace en la catedral está muy cuidado, con un método de trabajo completamente artesano y con mimo. Para nosotros es un orgullo, una satisfacción y una suerte enorme poder trabajar para un sitio tan particular como la catedral primada de España.

—¿Se puede vivir de la forja ahora?

—Sí, se puede vivir de la forja de calidad. Este tiempo atrás ha sido muy fácil venderse a los trabajos de ejecución rápida, una empresa rápidamente pasaba a facturar una cantidad de dinero desorbitada partiendo de nada. Y nosotros siempre hemos conservado el carácter familiar de la empresa y el sabor artesano. Todos los que trabajamos en el taller nos hemos quedado con el método tradicional. A partir de ahí, hemos sabido desarrollar diseños muy novedosos y adaptarnos a diseños contemporáneos, pero siempre con el sabor de la fragua como elemento principal del taller. De cara a la catedral de Toledo, es algo muy necesario porque cualquier trabajo de allí ha pasado por la fragua y nosotros debemos seguir haciéndolo así para que se conserven esos hierros bonitos.

—¿Quiénes trabajan en su fragua?

—Mi padre, que es el principal espada, está jubilado, nos da sus consejos y también hace sus pequeños trabajos por amor al arte. También están Fernando y Eugenio, que llevan trabajando desde muy pequeño en el taller. Además, por la fragua han pasado muchísima gente grandísima y de ella hemos aprendido un montón de cosas, aportando muchísimas ideas, frescura a la hora de trabajar, muchísimos conocimientos de otros oficios, porque tienes que convivir con buenos carpinteros, albañiles, canteros, orfebres... En fin, se puede vivir de tu oficio, siempre y cuando ames tu trabajo y respetes también el trabajo de la gente que ha estado antes que tú, sepas adaptarte en el tiempo y sepas exprimir al máximo tus conocimientos sobre el metal, sobre el diseño, sobre tendencias. Es un oficio del que te tienes que enamorar igual que de la novia.

—¿Cuál es el piropo más bonito que ha oído sobre alguna de sus obras?

—A mi padre le gusta dar siempre una palabra adecuada en un momento apropiado y en un sitio determinado. Siempre para el Día de Reyes mi padre me ha regalado unas palabras escritas y este año él hablaba de lo que él considera un hombre de carácter. Él definía en ese escrito un hombre de carácter como aquella persona que es capaz de establecerse un objetivo razonable, sabe quererlo, sabe amarlo y sabe llegar hasta él. Esa frase, para alguien que está en la batalla como yo, es un apoyo en todos los aspectos porque, aparte del trabajo, somos una empresa familiar y tienes una gran cantidad de papeleo que resolver.

—Además de artesano, tiene que saber de cuentas...

—La pequeña empresa exige más conocimientos de los que una persona tan torpe como yo puede dar. Soy licenciado en Administración y Dirección de Empresas, y por eso me duelen mucho más los papeles, porque los entiendo y no quiero entenderlos, no me gustan nada.

—Sus piezas son únicas, trabajadas a fuego y martillo, según lo anuncian en su web. ¿No ha llegado la tecnología a su fragua?

—(Se ríe). La tecnología llegó y gracias a ella podemos atacar nuevos trabajos que requieren métodos distintos al tradicional. Pero nuestro espíritu está en la fragua y tratamos de trasladar el espíritu de la Edad Media al siglo XXI y que continúe así en el XXII.

—Sueñe. ¿Dónde le gustaría dejar su huella?

—Si le soy sincero, soy una persona que busca la huella en las personas. Realmente, en la opinión de las personas es donde me gusta dejar mi huella. ¿Un lugar? Para mí Toledo, una ciudad a la que me siento especialmente vinculado. Cuando tenga la oportunidad de ofrecerle algo, será algo muy cuidado y muy exquisito, acorde con lo que esta ciudad se merece. Para ella no se puede trabajar así como así. Las cosas hay que meditarlas y estudiarlas antes de hacerlas.