Jacinto Benavente y alcalde Gregorio Ledesma Navarro en el mirador de la Ermita del Valle de Toledo (Foto, Rodríguez)
Jacinto Benavente y alcalde Gregorio Ledesma Navarro en el mirador de la Ermita del Valle de Toledo (Foto, Rodríguez)
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La Malquerida cumple cien años

Drama escrito por Benavente en la localidad toledana de Aldea en Cabo

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Hace cien años, el 12 de diciembre de 1913, en el Teatro de la Princesa de Madrid Jacinto Benavente estrenó La Malquerida, una de las grandes obras del teatro español contemporáneo. La actriz María Guerrero, a quien estaba dedicado el texto, encabezó un elenco en el que destacaban Fernando Díaz de Mendoza, Ernesto Vilches, Irene López Heredia, Carmen Ruiz Moragas, quien años después se convertiría en amante del rey Alfonso XIII, y una joven debutante llamada María Fernanda Ladrón de Guevara. La Malquerida, prototipo de drama rural, fue escrita por Benavente en la localidad toledana de Aldea en Cabo, a los píes de la Sierra de Gredos, donde el autor madrileño pasaba algunas temporadas en una casita conocida como «Villa Rosario».

En el año 1905, Jacinto Benavente llegó a Aldea en Cabo buscando un lugar de recreo que le permitiese alejarse algunas temporadas del bullicio madrileño. Por entonces contaba con cuarenta años de edad y ya había obtenido destacados éxitos en los escenarios de la capital. Acaba de prologar un librito de leyendas toledanas en verso publicado por Carlos Servert Fortuny. En 1906«Villa Rosario» ya estaba terminada y no tardó el dramaturgo en fraguar amistad con algunos vecinos del pueblo, como el tío Segundón y Antonio Cudero, carretero de oficio. Jugando a las cartas, compartió con ellos veladas y cafés. En estos encuentros, Benavente conoció pormenores de la vida rural que fue trasladando a sus escritos.

En Aldea en Cabo, Benavente escribió muchas páginas, entre ellas Señora Ama (1908) y La Malquerida (1912). Aunque en el texto no se especifica que la trama de estos dos últimos dramas se desarrollase en la localidad toledana [en las anotaciones previas de la obra se indicaba«en un pueblo de Castilla»] está aceptado que el devenir de los aldeanos y pueblos limítrofes inspiraron su contenido, siendo numerosas las referencias topográficas a nuestra provincia. El argumento de La Malquerida está inspirado en hechos reales. Benavente nos arrastra a un trágico triángulo conformado entre una viuda (Raimunda), su segundo marido (Esteban) y su hijastra (Acacia), salpicado con celos, pasiones contenidas, defensa del honor y la honra, rumores y el asesinato del pretendiente de la joven, que ante tal cúmulo de desgracias comienza a ser llamada«La Malquerida».

Desde varios días antes del estreno, el aforo del Teatro de la Princesa estaba completo. Había gran expectación, pues Benavente llevaba dos años sin poner en escena ninguna obra. Por lo que se conocía del texto, se auguraba un gran éxito. Y así ocurrió. Al concluir la representación, el autor fue «aclamado con frenesí en varias ocasiones», según relataba ABC. Aunque quien se llevó la mayores glorias fue la gran actriz María Guerrero, recibiendo«la ovación más grande que hace años hemos oído». Como conclusión de la crítica teatral, el redactor de este diario calificaba lo presenciado como una solemnidad. Desde entonces los papeles de Raimunda y Acacia se han convertido en reto casi obligado para cualquier actriz española.

Apenas transcurrido un mes, a finales de enero de 1914, la obra llegó al Teatro de Rojas de Toledo protagonizada por Ramona Valdivia. Las funciones estuvieron llenas de público. Las representaciones venían precedidas por los elogios que Benavente recibió tras su estreno madrileño.«El argumento –se leía en las páginas del semanario toledano La Decisón- es original, emocionante, intenso, y sin embargo, de una naturalidad abrumadora, viviente, real». En La Campana Gorda se resaltaba que el drama mantenía«al público en fuerte tensión nerviosa, y paulatinamente se desliza de lo sencillo a lo patético, para pasar brusca e inesperadamente a lo trágico». En esta publicación se destacaba el buen trabajo de la primera actriz, calificándolo de sublime y alcanzando un«ruidoso» éxito que la obligó a salir a saludar«un crecido número de veces». También se ponían en valor los decorados, que habían sabido llevar al teatro«el aspecto pueblerino de esta provincia».

El éxito de La Malquerida fue tan grande que en ese mismo año de 1914 ya se realizó su primera adaptación al cine, siendo dirigida por Ricardo de Baños y con interpretaciones de Antonia Arévalo, Francisco Fuentes y Carmen Muñoz Gar. Entre las diferentes películas basadas en el texto de Benavente destaca la versión mexicana que en 1949 dirigió Emilio Fernández con la bellísima Dolores del Río y Pedro Armendáriz. Con el título de The Pasión Flower la obra alcanzó una gran popularidad en Estados Unidos, donde fue estrenada en 1920 y logrando cerca de ochocientas representaciones.

En 1922, cuando Benavente ya era miembro de la Real Academia e incluso había sido diputado en el Congreso, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura por haber continuado dignamente las tradiciones del teatro español. Tras Echegaray y Ramón y Cajal era el tercer español en conseguir tan destacado mérito. Había alcanzado la gloria de la literatura nacional, considerándosele como el Cervantes del siglo XX. Con tal aureola fue homenajeado en Toledo al finalizar 1923.

En la estación de ferrocarril, el alcalde Gregorio Ledesma le dio la bienvenida en nombre de la ciudad. Luego realizó una excursión por los alrededores, visitando la ermita de la Virgen del Valle y algunos cigarrales, admirando la singular panorámica toledana. En el Ayuntamiento se ofreció un«champagne» en su honor y luego marchó hasta el Teatro de Rojas, donde pronunció una conferencia. Inmediatamente regresó a Madrid. Como recuerdo de aquellas horas, junto a las reseñas en la prensa de la época, quedaron algunas fotografías de Rodríguez. Una de ellas junto al alcalde en el mirador de la Ermita del Valle y que fue primera página de la revista Blanco y Negro en su edición del 6 de enero de 1924.

Tras la guerra civil, Benavente sufrió durante un tiempo el ostracismo del régimen franquista. En 1933 había sido cofundador de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética y durante el conflicto recibió algunos homenajes por parte de las autoridades del Gobierno del Frente Popular en Valencia, a donde él se había trasladado. Ante las nuevas autoridades alegó que muchas de sus posiciones en aquellos meses habían sido realizadas bajo amenaza de muerte. Ello, unido a su condición homosexual, motivó que durante un tiempo padeciese los rigores de la censura, evitándose citar su nombre en los carteles de sus obras, anunciándosele con el subterfugio de«por el autor de La Malquerida». Tras participar de forma visible en una de las manifestaciones de apoyo a Franco en la Plaza de Oriente, comenzó a ser «rehabilitado» y elogiado. En 1950 le fue concedida la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Cuatro años después fallecía en Madrid, siendo presidente honorario de la Sociedad General de Autores.

Al morir, la SGAE encargó al escultor Victorio Macho, ya afincado en Toledo, la realización de un monumento del dramaturgo para ser ubicado en el parque del Retiro de Madrid. Los trabajos se demoraron hasta el año 1962, siendo inaugurado el 24 de abril. La obra, de siete metros de altura, consta de un pedestal de granito, realizada por los reconocidos escultores y canteros toledanos Tomás y Federico Béjar, sobre el que se levanta una cariátide de bronce sosteniendo sobre su cabeza una máscara teatral. En las caras del pedestal figuran una efigie de dramaturgo y unas alegorías al teatro de Benavente, entre ellas una alusión a La Malquerida, su gran drama toledano.