Las aventuras de Pippi Calzaslargas estuvieron censuradas durante años en España
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Las aventuras de Pippi Calzaslargas estuvieron censuradas durante años en España

El Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil (Cepli) de Cuenca abandera una uniciativa pionera sobre la censura en los libros infantales

isabel Pacheco
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La rebelde e irreverente Pippi Calzaslargas estuvo vetada durante años en muchos países, uno de ellos España. No gustaba nada que la pecosa pelirroja emancipada con su inseparable mono Señor Nelson hiciera muchas gamberradas. Fueron pocos los que a mediados del siglo pasado leyeron las aventuras de la escritora sueca Astrid Lindgren. Rabén&Sjögren, principal editorial de libros infantiles en Suecia, fue la que asumió la aventura de publicar a Pippi. Su autora recibió además el Premio Hans Christian Andersen, considerado como el Nobel de la literatura infantil y juvenil en 1958. Sin embargo, fue un gran desconocido para el público en muchos rincones, entre ellos nuestro territorio. Ahora, las historias de esta niña de trenzas rojas, que es una obra cumbre de la literatura infantil, lo edita por ejemplo Blackie Books, y está recomendado para niños de entre 9 y 12 años, aunque también es imprescindible para los adultos. La niña que montaba un caballo a lunares alcanzó años después gran éxito en la televisión. TVE emitió la serie en 1974 por primera vez.

El de Pippi es solo un ejemplo de esos grandes libros desconocidos en la literatura infantil o juvenil durante décadas. Bien porque ni se tradujeron a nuestro idioma, o porque eran escondidos en lo más alto de las estanterías de las bibliotecas para que no pudieran ser alcanzados. «La censura se puede dar de muchas maneras», señala Pedro Cerrillo, director del Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil (Cepli) de la Universidad de Castilla-La Mancha, ubicado en Cuenca. Se trata del primer centro universitario de estas características que existe en España.

Ahora, un grupo de sus investigadores trabaja en un proyecto pionero que busca analizar la censura en la literatura infantil y juvenil en castellano, sobre todo en Latinoamérica donde se «sigue practicando», según lamenta Cerrillo. Fue en la primavera de este año cuando comenzaron a trabajar en esta iniciativa. El objetivo es que esté concluido en el año 2016 para extraer las primeras conclusiones.

Ya han mantenido tres reuniones con investigadores españoles de Almería, Alicante y Valencia, además de con expertos de Méjico y Venezuela, país este último en el punto de mira de la censura en los libros infantiles. Jorge Videla en Argentina. Otro ejemplo es la dictadura de

Según Cerrillo, los censores de cada momento eran «torpes». Prohibían algunas publicaciones por «exceso de fantasía» y porque no alcanzaban a desvelar la verdadera trama de los episodios de aventuras. El resultado, publicaciones si público, letras sin lectores.

Este trabajo de investigación buscará próximamente la financiación a través del Gobierno central aunque la Universidad de Castilla-La Mancha ha mostrado su interés para que salga adelante y ha ofrecido su colaboración, según señalaba recientemente el vicerrector de Investigación de la Universidad regional, Julián Garde.

El Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil, bajo la subdirección de Santiago Yubero, dispone de una biblioteca especializada (abierta a investigadores desde el año 2000), a partir de la adquisición de la biblioteca personal de Carmen Bravo-Villasante, pionera en las investigaciones de literatura infantil. El equipo de asesores está formado, entre otros por María del Carmen Utanda, Elisa Larrañaga y Carlos Julián Martínez.

El Centro Internacional del Libro infantil y Juvenil, de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, con sede en Salamanca, también realiza desde hace más de dos décadas una importante labor y con ella el Cepli tiene firmado un convenio de colaboración. Asimismo, con la Fundación Santa María, con el Seminario Permanente de Lectura de la Universidad de Extremadura o con la Universidad Iberioamericana de Méjico, entre otros. Otra de las señas de identidad del Cepli es su prestigioso premio «Luna de Aire», que busca promocionar la creación poética para niños. Es uno de los pocos concursos internacionales de este género y uno de los mejores dotados económicamente, con 2.000 euros para el ganador y la edición ilustrada de la obra. Para esta décimo primera edición se pueden presentar trabajos hasta el próximo 30 de noviembre. En la última, el ganador fue el escritor Ángel González de la Aleja, bajo el seudónimo de Seapuko, por su obra «Abrapalabra». Fue seleccionada entre las más de 130 obras presentadas procedentes de Europa, Estados Unidos e Iberoamérica.