En el puerto de La Habana, capital de Cuba, la exposición flotante fue visitada por 320.000 personas (Foto, El viaje del Ciudad de Toledo. Exposición Flotante Española)
En el puerto de La Habana, capital de Cuba, la exposición flotante fue visitada por 320.000 personas (Foto, El viaje del Ciudad de Toledo. Exposición Flotante Española)

«Ciudad de Toledo», embajador del milagro español en América

El destino del nuevo barco era cubrir la línea marítima de Guinea Ecuatorial pero antes, en 1954, albergó una exposición flotante de productos españoles mostrando los progresos industriales del régimen franquista

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El 9 de septiembre de 1954 fue botado en Bilbao el «Ciudad de Toledo», nave construida en los astilleros Euskalduna y que, con sus 139 metros de eslora, estaba llamado a ser el buque insignia de la Compañía Transmediterránea. Fue amadrinado por Pilar Aspiunza, esposa del ministro de Comercio, y entre los asistentes a la ceremonia se encontraba el alcalde toledano Ángel Moreno. El destino del nuevo barco era cubrir la línea marítima de Guinea Ecuatorial. Sin embargo, antes de prestar estos servicios, fue elegido por el gobierno para albergar una exposición flotante de productos españoles mostrando los progresos industriales del régimen franquista. Al regresar a España, dos millones y medio de personas habían visitado la exposición. El «Ciudad de Toledo» continuó navegando hasta 1979, año en que fue desguazado. En su hoja de servicios destaca otro hito: la repatriación en 1969 de los españoles residentes en la colonia guineana al proclamarse su independencia.

Trascurrida más de una década desde el final de la guerra civil, en 1953 se firmaron los acuerdos con Estados Unidos por los que se permitía la instalación de bases militares en nuestro país a cambio de ayuda económica. Fueron los primeros pasos para romper el aislamiento internacional que vivía la España franquista. Dos años después se consiguió el ingreso en la ONU. Comenzaba a fraguarse el denominado milagro económico español, recuperándose los niveles de renta per cápita que se habían logrado durante la II República. Para difundirlo, el gobierno ideó una exposición itinerante que recorrería los principales puertos americanos, llevando una muestra del avance industrial del país y portando «un mensaje de trabajo para nuestros pueblos hermanos», según el envarado lenguaje oficial de la época.

Para acoger la exposición se eligió el flamante «Ciudad de Toledo», alquilado a la Transmediterránea por la cantidad de 2.756.000 pesetas mensuales. En los astilleros Unión Naval de Levante se procedió a adecuar el interior del barco a su nuevo cometido como espacio expositivo. Se habilitaron cuatro mil metros cuadrados, distribuidos en dieciséis sectores diferentes: maquinaria agrícola, industrias militares, transportes, artesanía, textiles, ferretería y herramientas, etc. No faltaban en la disposición una sala de cinematografía, una galería de arte y hasta una taberna española, a cuyo frente estaba el conocido barman Perico Chicote, surtida con 52.000 botellas de vino y cinco toneladas de quesos, aceitunas y otros productos. Como ejemplo de la modernidad de la reforma se pregonaba que en todos los cuartos de baño había máquinas eléctricas de afeitar, «como en los hoteles y restaurantes de muchas capitales de Europa y América».

Escudo de la ciudad de Toledo en la proa del navío (Foto, El viaje del Ciudad de Toledo. Exposición Flotante Española)

La exposición fue inaugurada en Bilbao por el general Franco el 5 de agosto de 1956. Tras hacer escalas en San Sebastián y Lisboa, el «Ciudad de Toledo» inició su singladura que le llevó hasta una treintena de puertos repartidos por Marruecos. Brasil, Uruguay, Argentina, Venezuela, Colombia, Panamá, Costa Rica, México, Estados Unidos, Cuba, Haití, República Dominicana y Puerto Rico. El espíritu propagandístico de la expedición, asimilada en algunos ámbitos con la gesta colombina de 1492, quedó perfectamente reflejado en las crónicas periodísticas de aquellos días. «¿Cuántas veces -decía el diario ABC- se nos negó capacidad para todo aquello que no fuese creación imaginativa, ensueño artístico? ¿Cuántas veces se dijo que entre nosotros no serían posibles la industria, la ingeniería, la técnica…? Todo ello, sin embargo, va quedando atrás, como un tópico envejecido, anulado ya por la nueva realidad nacional. He aquí, como ejemplo, este «Ciudad de Toledo», que ahora va a surcar los mares: todo en él es español, salido de los astilleros y las fábricas de España, forjado por nuestra artesanía […] El barco va a decir al mundo que en el viejo país de la piel de toro hay, también, una técnica, una capacidad industrial y creadora. España en algo más -mucho más- que la estampa multicolor que vio Gautier y que la fantástica historia con música de Bizet. Es algo más que la guitarra y la falda de volantes».

El viaje concluyó cinco meses después haciendo escala en las Islas Canarias, plazas españolas del norte de África, Valencia y Barcelona, donde arribó el día 22 de diciembre. El balance oficial de su singladura, de veintidós mil millas, se cerró con la cifra de dos millones y medio de visitantes. Algunas de las escalas fueron masivas. En Buenos Aires subieron al «Ciudad de Toledo» 456.000 personas, y en La Habana 320.000. A la muestra fueron dignatarios de varios países, como el general Aramburu de Argentina, Fulgencio Batista de Cuba, Leónidas Trujillo de la República Dominicana o el sultán de Marruecos Mohamed V.

Finalizada la exposición flotante, el barco volvió a los astilleros para recuperar su distribución original y comenzar a prestar los servicios comerciales para los que había sido construido. Cubriendo la línea comercial entre Las Palmas de Gran Canaria y Guinea, el «Ciudad de Toledo» permaneció activo hasta mayo de 1979, cuando la Compañía Transmediterránea suprimió sus pasajes a Fernando Poo. Unos meses después, a finales de octubre, comenzaron en el puerto de Barcelona los trabajos de desgüace de esta emblemática nave, que durante varias semanas, luciendo el escudo de Toledo en su proa fue escaparate propagandístico del incipiente milagro económico español

Las vicisitudes de esta expedición quedaron plasmadas en publicaciones como Todo Avante de Marino Gómez Santos; El Ciudad de Toledo, embajador de España de José Jara Peralta, ilustrado con numerosas fotografías, algunas de ellas reproducidas junto a estas líneas; o Ya vuelve el español donde solía, diario del viaje del barco Ciudad de Toledo del académico Federico García Sanchiz, quien fue uno de los tripulantes de la singladura. También fue motivo de varios reportajes en el NODO y la Dirección General de Correos emitió un sello conmemorativo con valor facial de tres pesetas, cuyos ejemplares han incrementado hoy considerablemente su tasación en el mercado filatélico de segunda mano.