El propietario del Chuletero, afectado por las obras
El propietario del Chuletero, afectado por las obras - luna revenga

Carretera hacia la ruina

El corte de un tramo de carretera desde febrero ha llevado a un vivero de plantas y a un restaurante a despedir a ocho empleados

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Jesús García López está desesperado. Lleno de deudas, su negocio de jardinería, que abrió hace diez años y en el que ha invertido sus ahorros, va camino de la desaparición por culpa del tramo de una carretera cerrado al tráfico desde hace ocho meses.

En febrero dejaron de pasar coches por delante del Centro de Jardinería Vistahermosa, a los pies de la N-403 (carretera de Ávila), a la entrada de Toledo, porque el Ministerio de Fomento iba a acondicionar un tramo de apenas un kilómetro para construir también un carril-bici.

Luego vino el corte de otro tramo de la misma carretera hasta el casco urbano de la ciudad para continuar con la obra, con lo que el centro de jardinería quedó prácticamente aislado junto a otro restaurante situado a pocos metros.

Desde febrero, las ventas en el negocio de Jesús han caído en picado. Hay sábados que no hace ni un euro de caja, otros sábados que no supera los ocho eurillos. «Antes de que comenzara la obra, la caja de un sábado podía llegar a los 800 euros», recuerda. En este tiempo ha tenido que despedir a cinco de los ocho empleados que trabajaban en el negocio. Y los que quedan van a reducir su jornada laboral porque no hay faena.

La superficie dedicada a vivero se ha reducido a la mitad porque las plantas se mueren, no hay clientes. «Vivo una situación penosa», espeta Jesús, que compró mercancía por valor de 120.000 euros la pasada campaña de primavera y lo único que ha florecido en sus bolsillos han sido deudas, que va pagando como puede. «Soy un luchador y un trabajador, y mientras que quede un hilito me agarraré a él», dice con cierto optimismo mezclado con una tensa amargura.

«Les guardé la maquinaria»

Jesús quiere saber cuándo las autoridades van a abrir por fin al tráfico al menos uno de los tramos cortados. Todos los martes va a la Delegación del Gobierno en Castilla-La Mancha y al departamento de carreteras del Ministerio de Fomento en Toledo buscando una respuesta. Pero no ha conseguido nada. «No me hacen ni caso», asegura. «Y todavía me fastidia más todo esto porque a los operarios de la obra les guardé maquinaria en el vivero para que no se la robaran», remacha.

En septiembre, el delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha, Jesús Labrador, anunció que las obras estarían concluidas en octubre. De momento, la carretera sigue cortada. Y la empresa constructora, Isolux Corsán, no da a ABC una respuesta sobre la fecha de apertura. Como medida de emergencia y por necesidad, Jesús va a liquidar lo que tiene en el vivero, ya que «las deudas me superan». «Si no van clientes, no hacemos nada», concluye.

A pocos metros del negocio de Jesús está el restaurante «El Chuletero». Aquí la situación económica provocada por las obras es muy similar a la que está arruinando el vivero. Miguel Ángel Ramos, propietario de este negocio de hostelería, se ha visto obligado a despedir a tres empleados porque los ingresos han caído un 60 por ciento desde que cortaron la carretera. «Nos afecta en todo, los desayunos, las comidas y las cenas», explica. Ahora son siete trabajadores, pero las cosas pintan muy feas.

Tanto Miguel Ángel como Jesús se quejan de que las obras han ido muy despacio desde que comenzaron en febrero. «Tenían que hacer un carril-bici, una acera e instalar farolas con luz. A mi me han dicho algunas empresas a las que he preguntado que eso se hace como mucho en cuatro meses y aquí van camino de nueve», se queja Jesús.

«Desde julio no he visto ningún operario en uno de los dos tramos de la carretera cortados, y durante varios días no ha habido nadie trabajando en la obra», añade. «Nunca he visto dos máquinas juntas trabajando hasta ahora», afirma el dueño de El Chuletero. «¡Es frustrante!», exclama el propietario del vivero, que lleva tres meses sin cobrar mientras que sus empleados sí están percibiendo los salarios. «La situación está afectando también a mi familia y no sé lo que voy a aguantar», se lamenta mientras espera que la carretera sea abierta al tráfico algún día.