El padre de Sara Carbonero, condenado por una gran estafa
Bar que frecuentaba el padre de Sara Carbonero - ana perez herrera

El padre de Sara Carbonero, condenado por una gran estafa

Dos años de cárcel, que no cumplirá, tras haberse quedado con un millón de euros por su adicción al juego

MANUEL MORENO
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«Es evidente que lo que siempre he creído que era una afición, costumbre o como lo quisiéramos llamar, en algún momento se convirtió en una adicción, que dejé de poder controlar (…) He intentado ‘solucionar’ esta situación ‘por la tremenda’ (espero que se me entienda)». Son dos fragmentos del escrito que el padre de la popular periodista Sara Carbonero presentó en el Juzgado de Instrucción número 2 de Quintanar de la Orden (Toledo) el 12 de enero de 2010 reconociendo su ludopatía durante más de seis años y el delito continuado de estafa. La Audiencia Provincial de Toledo le ha condenado ahora a dos años de prisión, aunque Carlos Carbonero García no irá a la cárcel al no tener antecedentes penales.

Además de una multa de ocho meses con una cuota diaria de doce euros (2.880), el fallo judicial también condena a Carlos Carbonero y a la compañía de seguros para la que trabajaba a indemnizar con casi un millón de euros (994.330) a 20 perjudicados, entre ellos familiares, amigos y vecinos. Esa es la cantidad que logró estafar entre 2007 y 2009 como agente de seguros de AXA en la sucursal de Corral de Almaguer, localidad toledana donde vive y donde se crió la conocida informadora y novia del futbolista Iker Casillas.AXA ya ha pagado el dinero a todos los perjudicados, según informó este martes a ABC una de las víctimas, puesto que se llegó a un acuerdo de conformidad entre las partes.

Atenuantes

El Tribunal ha aplicado a Carlos Carbonero las circunstancias atenuantes de confesión y alteración psíquica. Los jueces consideran que el padre de la periodista tenía afectadas sus «facultades volitivas e intelectivas de forma parcial por su dependencia psíquica al juego patológico», lo que le movía a estafar a amigos, familiares y vecinos para «satisfacer su compulsión al juego y con ánimo de obtener un beneficio económico ilícito».

Para ello ofertó a sus clientes un producto financiero llamado «Acumulator», en unos casos, y «Flexi-Plus», en otros, por el que entregaban una cantidad de dinero a favor de Carlos Carbonero, quien prometía un rédito posterior que nunca les llegó. La seguridad de los clientes en el padre de la periodista era tal que le confiaron cantidades entre 6.500 y 230.000 euros.

Carlos Carbonero regentaba la oficina de seguros AXA (antes Winthertur) en Corral de Almaguer desde 1996 y tenía una participación en una empresa familiar dedicada a la venta de productos fitosanitarios. Pero su gran secreto era su adicción al juego. «Siempre he jugado mucho», reconocía en el escrito que presentó ante el juzgado. Relataba que jugaba a la lotería nacional, primitiva o bonoloto desde 1991, aunque fue alrededor de 2003 cuando empezó a jugar cantidades importantes. Sólo entre 2007 y parte de 2009 llegó a apostar unos 10.000 euros semanales en administraciones de pueblos cercanos a Corral de Almaguer, en Cuenca y en Madrid, donde le conocían «perfectamente» porque a veces jugaba «cinco o seis mil euros de golpe» para un solo día. «Intentaba evitar jugar en mi pueblo para que no pudieran trascender la cuantía de mis apuestas», añadía el padre de Sara Carbonero, a la que involucró en este asunto. «Mi hija también ha sufrido económicamente esta situación —relataba— al haberme dejado dinero que no podré devolverle».

Un día cualquiera

El relato de sus visitas a las administraciones de lotería que Carlos realiza en el escrito enviado al juzgado eriza el vello. «Lo hacía confiado en que me tocaría (cada mañana tenía la esperanza de que sería el último día, podría recuperar la, cada vez mayor, cantidad de dinero que debía, dárselo a las personas que creían lo tenían en su depósito en mi compañía, y así no trascendería mi problema... no se enterarían mis clientes y, sobre todo, mi familia, mi mujer, mis hijas, padres,... etc... todo estaría arreglado...».

«Sin embargo, cada día a las ocho de la mañana, después de comprobar mis boletos, era una nueva decepción, cada día tenía más miedo de que alguien se pudiera enterar y descubrir mi enfermedad... así que salía de viaje, llegaba a la administración de loterías y, si podía, jugaba más que el día anterior, a veces cinco o seis mil euros de golpe para ese día. Cuando esa necesidad irrefrenable estaba cubierta, y yo volvía a ‘saber’ que sería el día definitivo, intentaba volver a comportarme como si nada pasara...».

El «desenfrenado nivel de gastos», como él lo llama en su carta, le obligó a pedir numerosos préstamos a los bancos y a las financieras, además de ampliar la hipoteca que gravaba su vivienda habitual. «He involucrado económicamente a mi esposa (sacando todo el dinero de su cartilla que pensaba que había ahorrado con su trabajo) y a mi hija mayor y, en definitiva, he consumido totalmente el patrimonio familiar. (...) A día de hoy no tengo dinero ni lo tiene mi mujer».

La situación del padre de Sara Carbonero llegó a oídos de su familia cuando, como consecuencia de la petición de un préstamo a uno de «mis amigos más íntimos», este se extrañó «de mi necesidad de dinero e indagó con otros amigos y con mi familia, llevándome a la necesidad de contárselo». Luego se puso en tratamiento médico y, con la ayuda de un psiquiatra y una psicóloga, se decidió a contar «toda la verdad» sobre la envergadura de su problema con el juego.

Carlos Carbonero, que pedía perdón a los estafados, aseguraba también que puso los hechos en conocimiento del juzgado con el apoyo «incondicional y completo de mi familia (esposa e hijas), y tras una «profunda reflexión personal, en la que me han ayudado indirectamente los psiquiatras y psicólogos que en la actualidad me están tratando de mi enfermedad». El padre de Sara Carbonero reconocía también que «contar todo definitivamente me libera de una carga que he llevado demasiados años».