Los hombres discretos

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Un centenar de detectives de toda España da la cara en un congreso en Toledo para hablar sobre sus problemas, de sus necesidades y de la nueva ley de seguridad privada

«Un buen detective tiene que saber oír y entender a todas las partes. Tiene que tener una paciencia infinita, que se va desarrollando con los años. El detective, por naturaleza, es inquieto, se mueve por cualquier sitio, pero debe ser discreto y saber esperar el momento oportuno para localizar a una persona que está investigando y esperarle en un lugar». Víctor Fernández es uno del centenar de detectives privados de toda España que se han citado en el Palacio de Congresos de Toledo para hablar durante dos días de sus problemas, de sus necesidades y, sobre todo, de la nueva ley de seguridad privada del Gobierno de Rajoy.

En este céntrico edificio dedicado al Greco no hay hombres enfundados en gabardinas grises, ni fumando en pipa, ni ocultos tras gafas oscuras, ni mucho menos con una lupa de gran aumento para descubrir huellas. Todo eso es producto de la imaginación colectiva. «¡Qué de películas hemos visto!», exclama una periodista. Los detectives españoles son más sencillos y, por supuesto, discretos. Esta es una de sus señas de identidad.

Pero la nueva ley de seguridad privada pondrá a prueba esa discreción. «Hay un excesivo control de la profesión [sobre todo por parte de las autoridades policiales] sin ningún sentido, puesto que no hay tampoco actuaciones anteriores que hagan pensar que se necesitaba tener ese tremendo control que habrá con la ley de seguridad privada», se queja la investigadora Eva Grueso, presidenta de la Asociación Profesional de Detectives Privados de España.

«Ahora mismo, la visión general [de la nueva ley de seguridad privada] no es excesivamente buena, es de descontento, porque, entre otros aspectos, continuaremos sin poder investigar de oficio posibles delitos. Tampoco nuestros clientes podrán aportar en un proceso penal sus propias pruebas obtenidas a través de un detective», resume Grueso antes de acompañar, en el acto inaugural de las jornadas, al subdelegado del Gobierno en Toledo, José Julián Gregorio; el Comisario Jefe de la UCSP del Cuerpo Nacional de Policía, Esteban Gándara; el jefe superior de Policía de Castilla-La Mancha, Juan Carlos Ortiz Argüelles, y el coronel jefe del Seprose de la Guardia Civil, César Álvarez.

Gregorio, representante del Gobierno en Toledo, agradece la aportación de los detectives a la seguridad pública, aunque recuerda que «la responsabilidad primera y última de la seguridad pública corresponde al Estado y al Gobierno de la Nación».

«Un detective privado nunca debe saltarse la ley», recalca Óscar Rosa, de Detectys, la empresa del sector más grande de España formada por 40 despachos de detectives especializados en investigación comercial y económica. «¿Qué tipo de actitudes debe tener un detective privado para no meter la pata? Debe tener un colmillo especial», añade Rosa, impecablemente vestido de traje, con pañuelo azul eléctrico en el bolsillo de la solapa, a juego con la corbata. «Ese colmillo te va a hacer, primero, saber desmenuzar una empresa a la que investigas: que pueda haber un sucesión de empresas, un alzamiento de bienes, que un señor esté investigado con esa empresa porque el dueño es su hermano y mira que coincidencia que estén domiciliados en el mismo domicilio», relata Rosa, que es director comercial de la empresa fundada por su padre hace casi 40 años y en cuyo árbol genealógico hay hasta siete detectives.

Sólo siete en la región

En España existen en torno a 1.300 licencias, de las que la mayoría corresponden a hombres. «No se ha llegado aún al 50 por ciento de mujeres, pero llegaremos con el tiempo», anhela Eva Grueso. En Castilla-La Mancha, sólo cinco profesionales tienen oficina en la capital regional y dos en Albacete, debido a la proximidad de Madrid.

Con motivo de la crisis económica, los servicios más demandados a los detectives privados son las investigaciones relacionadas con la solvencia, la localización de morosos y de bienes. Incluso ahora muchos profesionales han optado por la especialización, por ejemplo en informática forense o en investigación económica. Por supuesto, sin dejar de lado las cuestiones familiares, caso de la determinación de pensiones alimenticias y compensatorias.

«Si uno se lo plantea, todos tenemos algo que investigar», apostilla Eva Grueso, para quien el buen detective debe «mimetizarse con el entorno cuando está en la calle y una cualidad en el despacho es la habilidad para obtener pruebas, saber dónde buscarlas». «No podemos saber [de fuentes oficiales] las cuentas bancarias, pero eso no quiere decir que no se puedan investigar», añade Grueso, quien se queja de las limitaciones que tienen los detectives en el ámbito penal y en la falta de acceso a determinada información. «Solo tenemos acceso a las informaciones abiertas que puede tener cualquier ciudadano», señala la detective. Rosa reclama que tengan acceso a las matrículas de vehículos y a bases de datos de personas con antecedentes policiales para evitar, por ejemplo, dar información al maltratador de una mujer que se hace pasar por empresario para que un detective averigüe la dirección de su exesposa.

Víctor Fernández, natural de León, lleva 28 años trabajando desde Santiago de Compostela como investigador privado después de un cuarto de siglo en Madrid, donde volverá a instalarse para ampliar su campo laboral. «El detective no se identifica como tal, salvo ante la Guardia Civil, la Policía o ante alguna administración», asegura, por lo que el periodista duda de su filiación. Este investigador se ha llegado a disfrazar con un mono de trabajo para investigar en una zona industrial y a adoptar el lenguaje de la población donde ha tenido que hacer seguimientos. «Hay que cambiar de piel a menudo», subraya.

«Aprendo de los gallegos»

Un detective debe saber elegir bien sus fuentes de información porque se juegan que lo delaten y echar por tierra horas de trabajo. «Hay determinadas personas que no se pueden tocar porque te pueden destruir una investigación», afirma Víctor Fernández, quien ha tenido que contar alguna «mentirijilla» para salir de un apuro. «He aprendido de los gallegos, que son perfectos para esto —pone a modo de ejemplo—. No te cuentan nada..., bueno, no sé... La gente imagina cosas de ti: que eres periodista, que trabajas para un despacho de abogados, hasta que eres funcionario de un ayuntamiento. Tú no estás dando información pero la están sonsacando».

Y, por supuesto, todo detective sagaz que se precie pide una provisión de fondos a su cliente, al que por lo general se investiga antes de aceptar un trabajo. «Por supuesto que hay impagados. Lo que hay que saber bien es si la persona que te ha encargado el servicio es solvente», dice Fernández.

«Te hace gracia cuando escuchas que empresarios conocidos se declaran insolventes. Algo tienen. Es relativamente sencillo ocultarlo. ¿Es fácil descubrirlo? Sí, con las herramientas y la experiencia adecuadas, además de echar muchas horas. Hay que buscar mucho debajo de las piedras, desmenuzar la información, pero se llega a encontrar», asegura Óscar Rosa, cuya empresa ha llegado a recuperar una deuda de 25 millones de euros.