Medina Mudéjar,una puerta al pasado
Una de las salas del circuito de relajación - ANA PEREZ HERRERA
bienestar

Medina Mudéjar,una puerta al pasado

En estos baños árabes el visitante podrá disfrutar de un circuito relajante y de un reconfortante masaje

Actualizado:

Relajarse como lo hacían nuestros antepasados en un baño árabe, tomarse un té en un patio de descanso o darse un masaje mudéjar, ahora está al alcance de todos gracias a la apertura de Medina Mudéjar-Baños Árabes.

Este lugar, ubicado en la plaza de Santa Eulalia, es un antiguo emplazamiento de baños que se encontraba al final del barrio árabe, datado y sin estar declarado Bien de Interés Turístico (BIC), por lo que ha sido factible poder reconvertirlo en ese espacio.

Un proyecto que comenzó hace doce años de la mano de Víctor García Fachal, gerente de Medina Mudéjar, y que ha estado marcado por las trabas burocráticas de Patrimonio debido a la aparición de elementos de la época romana que había que respetar e integrar en el nuevo espacio. «El criterio que había que seguir era intentar conservar los elementos originales que se encontraban en buen estado y los que no se podían preservar, teníamos que introducir otros diferentes pero sin falsearlos para que se notase el contraste con lo original», señala Víctor.

«Al inicio de las obras encontramos un muro islámico y hubo que rehacer todo el proyecto de arriba abajo, lo que retrasó el proyecto un año y medio. Luego nos encontramos con unas vigas de descuelgue de madera (ahora de hormigón) que con un bolígrafo se perforaban. La decisión de si había que cambiarlas o mantenerlas demoró otros dieciocho meses más», relata.

Tras superar todos estos impedimentos, y ante algún que otro momento de desesperación, Víctor logró abrir este oasis en pleno corazón de la ciudad. La fachada del edificio es un trampantojo donde su cuidada decoración, su patio de planta irregular, sus hermosos aljibes y algunos elementos decorativos, como el ladrillo rojo en sus paredes y las bóvedas y azulejos con motivos geométricos, transportan al visitante al siglo XII, edad del arte hispano-musulmán y época a la que se remonta parte de su estructura.

Medina Mudéjar-Baños Árabes es un edificio de 1.000 metros cuadrados distribuidos en 800 para el baño y el resto para futuras salas de yoga, pilates, masajes especializados y fisioterapia (precios en www.medinamudejar.com). Un espacio donde el visitante solo debe dejarse guiar por el discurrir del agua de sus fuentes y por las relajantes melodías para descubrir sensaciones desconocidas con las que disfrutará de un circuito de relajación, en el que, durante una hora y media, la historia cobra vida para dar paso a conceptos como el bienestar, el relax, la sencillez y la luminosidad. Por este motivo, los baños están diseñados para un máximo de doce personas por turno cada hora, lo cual permite la libre movilidad del cliente por el recorrido y evita aglomeraciones.

Un recorrido para descansar

El circuito de aguas consta de tres estancias a distintas temperaturas, a través de las cuales las propiedades de la hidroterapia se multiplican: el tepidarium o piscina de agua templada, que roza los 37 grados; el caldarium o piscina de agua caliente, que se encuentra en torno a unos 40 grados; y el frigidarium, una piscina de agua fría que se mantiene a unos 17 grados.

Una lluvia de contrastes en la que el agua se transforma en un agente terapéutico que favorece la relajación de los músculos y las articulaciones, ayuda a la circulación sanguínea y tonifica la piel, revitalizando así cuerpo y mente y ayudando a recuperar la energía que se pierde en el transcurso de la rutina diaria.

El recorrido se completa con una sala de vapor o baño turco, una estancia que suministra calor húmedo gracias al vapor de agua. Con una temperatura que oscila entre los 40 y los 50 grados centígrados y una humedad que ronda el 99%, el baño turco crea una neblina de calor que luego refrigera el cuerpo.

Además, los baños incluyen una sala de descanso, donde se puede disfrutar de un té moruno o simplemente en la que se puede pasar un buen rato frente a un tablero de ajedrez, tal y como se hacía antiguamente. Las instalaciones se completan con un par de vestuarios y una recepción.

Una experiencia que se puede rematar con un masaje relajante o con un tradicional tratamiento exfoliante con guante de Kessa y jabón negro sobre piedra térmica, un masaje basado en la antigua técnica andalusí.

Una buena forma de sumergirte en el pasado y conocer un poquito más en profundidad la historia de una ciudad que, desde hace pocos días, guarda un nuevo tesoro.