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ANÁLISIS

«Lego DC Súper Villanos»: el Joker nunca ha sido tan simpático en un videojuego

Brillante en su ejecución por sus interminables momentos de diversión, la nueva entrega de la saga achaca nuevamente una falta de creatividad

madridActualizado:

En la industria del videojuego, tan apegada a los cambios tecnológicos, si una propuesta no rompe con lo establecido está condenada al fracaso. Ni mucho menos. El ocio electrónico está también asociado irremediablemente y por derecho propio a la creatividad y a ciertas disciplinas artísticas, pero por supuesto forma parte de un entramado cuyo objetivo primordial es la más pura diversión.

A menudo títulos superventas que se renuevan a cada temporada se mueven sobre los mismos patrones. Vienen con pocos cambios, pero cumplen a rajatabla con su cometido, que es simplemente hacerle pasar un buen rato al espectador. A la serie Lego le sucede tres cuartos de lo mismo. Las primeras entregas eran sorprendentes, pero con el tiempo su fórmula, muy manida, le ha empezado a pasar factura.

Las sucesivas entregas inspiradas en grandes franquicias como Jurassic Park o Stars Wars han tenido fundamentalmente en su historia su principal motor de atracción. Funcionan, sobre todo para un público entregado como el infantil, pero sin duda no van a mover la historia de la industria a su antojo. «Lego DC Súper Villanos» supone, sin embargo, una pequeña gota en un mar de entregas sucesivas. Por su planteamiento historiográfico, este capítulo se pasea por una trama diferente.

En esta ocasión, el juego saca del escondite a los malos malísimos del universo de DC Cómics. Un plantel de super villanos liderado por el Joker, el príncipe payaso que se asocia siempre a la figura de Batman. Son dos pero no existiría el uno sin el otro. Y la propuesta funciona. La trama, básica, viene empotrada directamente en los esfuerzos de los grandes enemigos por salir de la cárcel y montar su propia banda que atosigue las ciudades Gotham y Metrópolis, los dos entornos en los que se desarrolla esta aventura en donde se premia destrozar el mobiliario urbano y todos los objetos de nuestro alrededor.

La trama parte de un punto de inflexión que, por alguna razón, resulta inesperado; la Liga de la Justicia ha desaparecido, dejando la protección de la Tierra en manos de un nuevo grupo de héroes de un universo paralelo, que se ha autoproclamado el «Sindicato de la Justicia». Los famosos supervillanos de la «Liga de la Injusticia» descubren que los nuevos héroes de la Tierra no son los héroes que aseguran ser. Aunque no ofrece grandes cambios de las novelas gráficas, esta idea es, cuanto menos, sorprendente.

Con el personaje supervillano del jugador, completamente personalizable, al mando, este equipo de inadaptados debe unir sus fuerzan para descubrir y frustrar los malvados planes de los recién llegados. Por el camino, los jugadores desbloquean nuevos poderes y opciones de personalización para sus personajes, descubren zonas opcionales con misiones adicionales de historia y minijuegos para desbloquear recompensas y reclutar a otros enemigos.

Las mecánicas y estilo de juego, sin embargo, es el mantra a superar. No hay cambios respecto a anteriores entregas. El jugador puede (y debe) colaborar con otros compañeros para resolver las situaciones y enfrentarse a otros enemigos. Montar y construir utensilios a partir de los cubos de los objetos que se destrozan forma parte de la diversión. en ocasiones, sin embargo, se requiere de una cierta paciencia para descubrir por dónde continuar, pero no requieren demasiado esfuerzo para hallarlo. Su apartado gráfico sigue los mismos cánones de otras entregas, dándoles la ligereza y simpatía que solo Lego sabe generar.