Twitter: La revolución azul

Twitter: La revolución azul

JUAN FRANCISCO ALONSO
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La idea todavía puede parecer una estupidez. Usted escribe como máximo 140 caracteres, un par de frases, y las lanza al ciberespacio para que las lean sus seguidores, unos pocos... o unos pocos millones, según. «Escribo un reportaje sobre Twitter». 34 caracteres. ¿A quién puede interesarle en el mundo? O peor aún. «He desayunado con Nacho. Hablamos de teatro y de fútbol. Empieza un día largo». Y aún me sobran 63 caracteres. Definitivamente, un negocio imposible. ¿Cómo podía prosperar en el océano de internet una nadería semejante? ¿Y cómo un talento emprendedor como el de Evan Williams (inventor de Blogger, el sistema de blogs que luego compraría Google) había invertido en un proyecto tan básico y aparentemente poco útil? Muchos pensaron cosas así cuando empezó todo, en el verano de 2006.

Y, sin embargo, el pasado martes el Departamento de Estado de Estados Unidos confirmó que se había puesto en contacto con Twitter para que retrasara sus planes de realizar una parada técnica que hubiera dejado «a oscuras» a miles de iraníes que utilizan este medio como megáfono global de su protesta. «Una de las áreas donde la gente está pudiendo expresarse es Twitter. Dijeron que iban a suspender el sistema con fines de mantenimiento y les pedimos que no lo hicieran», aseguró una fuente oficial. En esos momentos, en los despachos de las agencias se tecleaba sin pestañear: «El líder reformista iraní Musavi aún tiene un medio de expresión: Twitter».

«Iranelection» ha sido el término más tecleado, buscado y repetido durante toda la semana en esta red social. Millones de mensajes que han puesto de relieve una de las infinitas utilidades de aquella ocurrencia que hace un par de años podría haber parecido inane y superficial. «El papel que juega Twitter es muy importante como herramienta de comunicación en Irán. La parada de mantenimiento se ha retrasadado a un horario de madrugada en Teherán», leíamos en el blog oficial de la red. Y a continuación: «El Departamento de Estado no tiene acceso a nuestro proceso de toma de decisiones. No obstante, creemos que el intercambio abierto de información es una fuerza positiva en el mundo».

La idea inicial de Twitter (algo así como un sistema de sms en internet) nació en la mente de Jack Dorsey, que ahora tiene 32 años, uno de esos genios de la programación que crecen como la setas en California. Luego embarcó en el proyecto a Biz Stone y a Evan Williams, y entre los tres pergeñaron la idea básica de su propuesta: «¿Qué estás haciendo?» Curiosa pregunta para convertirla en la herramienta que más está creciendo en los últimos meses en internet. Parpadea de nuevo mi Twitter: «Martín Varsasvky habla sobre emprender #laredinnova», dice Fotomaf. «El móvil y la '@', premios Príncipe de Asturias», dispara Mmeida. Y así en sesión continua. Leo lo que cuentan mis contactos, tantos como quiera, los que yo elija, según mis aficiones o mis necesidades de trabajo. Y lo mismo al revés: me lee quien se suscribe a mi cuenta, quien quiere.

Pocos hablan mucho

¿Cuántos contactos? ¿Quiénes? Los escépticos con este fenómeno dicen que el 10 por ciento de los usuarios teclea el 90 por ciento de los contenidos, según un estudio de Harvard Business Publishing. «¿Dónde está la participación?», se pregunta Javier Celaya, experto en el mundo digital ( dosdoce.com). En cambio, los fans recuerdan que Twitter tuvo en abril más de 32 millones de usuarios únicos, según ComScore, una cifra que no tiene en cuenta los seguidores del sistema en el móvil o en las incontables aplicaciones creadas para el iPhone o para el escritorio del ordenador. Las cifras son relativas, sobre todo porque no hay un dato oficial de cuentas activas, pero lo cierto es que todas las empresas de análisis coinciden en que su crecimiento es vertical, cada vez más cerca de las grandes redes sociales, como Facebook o Myspace. Y su repercusión, evidente: la portada de la revista «Time», hace un par de semanas, o su papel movilizador en la «revolución verde», de repente azul, como el color de Twitter.

«El papel que está jugando internet en la difusión global tanto de las protestas ciudadanas en Irán como de las reivindicaciones indígenas en Perú y los anhelos de libertad en Cuba revelan los nuevos contornos de un escenario de la comunicación pública en el que cada vez hay menos espacio para el control de la información», opina José Luis Orihuela, profesor de la Universidad de Navarra. Más información, menos dictadura, aunque otros analistas piden que no se derroche optimismo. «En la calle, las balas y los bastones de los policías, en Irán y en otros lugares del mundo, hacen más daño que el microblogging», opinaba Iñigo Sáenz de Ugarte en guerraeterna.com.

Este sistema de mensajes breves ha crecido con el apoyo de muchos famosos. Uno de los primeros fue Barack Obama, que acribilló internet con sus mensajes como candidato, una parte significativa de su apuesta por el ciberespacio, y que aún conserva la dirección ( twitter.com/barackobama), los fans (le siguen 1.438.042 personas) y el uso del sitio como portavoz de las acciones de su Gobierno. Obama (o sus asesores) olfatearon enseguida el poder de esa maquinaria de promoción. Como el «famoseo» de Hollywood. El rey de Twitter actualmente es Aashton Kutcher, el marido de Demi Moore, con más de 2,3 millones de usuarios que leen cada una de sus ocurrencias. Y detrás, Ellen DeGeneres (1,9 millones), Britney Spears (1,8), Oprah Winfrey (1,5)...

De Mariah Carey al espacio

Parpadea de nuevo Twitter. Escribe Mariah Carey, que tiene 632.896 «followers» (seguidores) y ultima los detalles de su nuevo disco: «Obsessed es una de mis mejores canciones. Me encanta todo el álbum, estoy completamente inmersa en él». Mariah vende su mercancía en Twitter, igual que otros muchos. La marea verde de Irán, en cambio, vuelca en esta red un grito de rebeldía capaz de llegar donde no pueden los medios tradicionales. Podría llamarse periodismo ciudadano: los ojos de los protagonistas pegados a un móvil que envía 140 caracteres al mundo. Tan fácil. Tan efectivo. Mark Polansky, comandante de la nave Endeavour, lo utiliza como canal de comunicación. El miércoles, tras un nuevo aplazamiento de la misión, tecleó: «Partida postergada, otra vez. Esto nos recuerda que las misiones espaciales NO son una rutina. Volamos a Houston esta mañana».

Twitter permite el estado de conexión permanente con nuestro grupo de amigos/contactos. Podemos enviar mensajes desde la web, el móvil o el correo electrónico. Y ese cordón umbilical invita a la cotidianidad y a la trascendencia, según el estado de ánimo. Llegan nuevos mensajes @juanluispolo: «Es fácil emprender hoy en día en internet. Jesús Encinar dixit. Sí, lo verdaderamente complicado es ganar dinero». Tampoco será fácil para Twitter. A sus fundadores se lo preguntan a menudo. ¿Cuál será su modelo de negocio? Recientemente sugirieron que en algún momento cobrarán por los servicios, pero no está claro por cuáles. Ni cómo ni cuándo. Por ahora, parecen más ocupados en crecer, y no falta quien dice que «sólo esperan el momento de vender el producto a Google».

Twitter nunca para. Lindsay Lohan (72.920 seguidores, twitter.com/sevinnyne6126) publica un autorretrato en top less. Y con la etiqueta #Iranelection, el bombardeo de información es continuo. Echemos una ojeada. Alguien anuncia que «Musavi pide a Google que ponga su logo en verde durante un día, para dar esperanza a Irán».

Jack Dorsey, el padre de la criatura, está eufórico. «Lo ocurrido en Irán es realmente importante y es verdaderamente el mayor éxito de Twitter», afirmó en una conferencia en Nueva York. Un sistema de comunicación inmediato e incontrolable, balas dialécticas sobre Teherán. ¿Basta un móvil para mover el mundo?, se preguntan los analistas a la luz de lo ocurrido. Otro vistazo a Twitter: miles de usuarios han pintado de verde sus avatares, los iconos o fotografías que les identifican, y pasan el día repicando los mensajes de los rebeldes iraníes. «Ponte verde en solidaridad con Irán». Una aplicación (helpiranelection.com) lo permite en un segundo. Del azul al verde. Dos revoluciones juntas.