Los consumidores norteamericanos desertan de la informática

Entre los datos más inquietantes que agobian al sector de la informática destaca la posibilidad de que, por primera vez en quince años, las ventas mundiales de ordenadores personales no crezcan durante este ejercicio. El crecimiento de esta industria, que hasta ahora ha sido un infalible motor tecnológico, se encuentra amenazado por la falta de incentivos para los consumidores.

WASHINGTON. Pedro Rodríguezcorresponsal
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En la vida de los consumidores se dan momentos de satisfacción casi plena. Ciclos pasajeros, más o menos forzados, pero que congelan temporalmente las ganas de seguir comprando. Este síndrome multiplicado parece haberse adueñado del mercado de los ordenadores personales. Por primera vez en las últimas dos décadas -y tras quinientos millones de unidades comercializadas-, la gente se lo está pensando dos veces a la hora de comprar nuevas máquinas. Miramientos con consecuencias catastróficas para los grandes fabricantes de ordenadores personales, que de un tiempo a esta parte acumulan malos resultados con la consiguiente reducción de sus plantillas.

Dentro de la historia comercial del ordenador personal, tal y como recordaba esta semana «The Wall Street Journal», ya se han registrado en anteriores ocasiones descensos llamativos en las cifras de ventas. Pero, esta vez, la tendencia recesiva apunta una profundidad nunca vista. En Estados Unidos, por ejemplo, las ventas tradicionalmente asociadas con el comienzo del año escolar están muy por debajo de lo normal, con caídas estimadas hasta en un 21 por ciento. Lo cual augura una inalterable tendencia a la baja que se extenderá muy fácilmente hacia la campaña de Navidades.

FALTA DE INNOVACIÓN

Algunos analistas empiezan a vaticinar con pesimismo que los grandes fabricantes no van a volver nunca más las astronómicas tasas de crecimiento del 15 por ciento acumuladas durante los años noventa. La falta de innovación de esta industria -que ha dejado la costosa generación de ideas brillantes para Intel y Microsoft salvo en el terreno de portátiles y servidores- sería en una buena parte responsable por sus actuales problemas.

Otro factor citado para explicar la actual crisis es la existencia de crecimiento es una fatiga contagiosa hacia los «upgrades» constantes, esa obsesión por adquirir el último modelo de «hardware» y la última versión de «software» en el mercado. De hecho, la nueva gama de productos XP de Microsoft corre el riesgo de verse afectada por este cansancio de los consumidores que no están dispuestos a someterse a costosas «mudanzas informáticas» si no disponen de alicientes concretos.

Ante el estancamiento de sus ventas, los fabricantes de ordenadores personales empiezan también a sospechar que sus productos han entrado en esa categoría de objetos de larga duración, como coches, televisores y electrodomésticos. Máquinas que la gente conserva durante varios años hasta que se estropean o no pueden hacer frente a nuevos requerimientos. Así, parece que se estaría rompiendo ese ciclo tan rentable para los fabricantes de periódicas compras de equipos en torno a las 200.000 pesetas por parte tanto de particulares como de empresas.

MUERTA DE ÉXITO

Otro factor a considerar es que la industria de los ordenadores personales es víctima irónicamente de su propio éxito, al haber comercializado millones de máquinas que satisfacen las necesidades básicas de la mayoría de usuarios. Un listón tecnológico que en última instancia no suele ir mucho más allá de capacidades para navegar en Internet, correo electrónico y el uso de una serie de aplicaciones básicas como tratamientos de textos o bases de datos.

El resultado de estos niveles de satisfacción se estaría traduciendo en unos plazos de renovación para ordenadores personales que, por lo menos en el mercado norteamericano, ya se han extendido hasta los cuatro años de uso.