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Una semana con el Xiaomi Mi 9T: un móvil que lo tiene todo

El nuevo dispositivo destaca por su cámara «periscópica» que emerge de su interior para dejar a sus 6.4 pulgadas de pantalla con una superficie muy limpia, sin descuidar la parte técnica y con un apartado fotográfico, compuesto por una triple cámara, algo mejorable pero decente: poco se le puede pedir más a este precio

MADRIDActualizado:

Xiaomi conoce muy bien la fórmula del éxito, aunque a veces se le atragante: lanza cada dos por tres tantos modelos distintos de móviles que puede llegar a confundir al usuario. La marca china es consciente que el mercado de la telefonía móvil está demasiado apretado y todo vale con tal de llamar la atención. La batalla que se juega en la gama media es impresionante. La mayoría de terminales se parecen mucho entre sí.

Por eso, su apuesta con el nuevo Xiaomi Mi 9T es comprensible. Es un dispositivo con personalidad, que destaca por su cámara frontal periscópica al estilo del OnePlus 7 Pro. Tiene un mecanismo que permite guardarlo en su interior. Lo mueve dos ideas: si no se necesita, se oculta. Y con ello ganamos espacio en una colosal pantalla cuya superficie táctil está prácticamente destinada a aprovecharla al máximo. Este sistema, sin embargo, puede representar ciertas dudas, aunque la marca insiste: está contemplado para llegar a unos ciclos de uso de 300.000 aperturas. Se siente robusto, pero no da pie a abusar de este sistema.

Además, dispone de dos detalles quizás menores pero importantes: en primer lugar, la apertura de la cámara viene con una alerta visual y sonora que advierte al usuario que está preparada. Por otro, dispone de un sistema de seguridad anticaidas. En solo 0.8 segundos se introduce si detecta una caída brusca. Gracias a este ingenio se gana terreno en su pantalla que se extiende hasta las 6.4 pulgadas de diagonal en donde apenas se aprecian elementos que incomoden, ni «notch» ni nada. Es decir, viene muy limpio de cosas, aunque es ligeramente asimétrica: el marco inferior es ligeramente más grueso que el superior, pero se debe a que cuenta con clavija para auriculares. Una decisión que para algunas marcas podría ser un sacrilegio en estos tiempos pero que sigue siendo un detalle necesario para muchos consumidores.

Su pantalla es de tipo OLED, que ya se ha impuesto en la gama alta y que cada vez más está llegando a otro rango de precios más accesibles. Logra buenos resultados. Se mueve con una resolución FullHD (2.340 x 1.080 píxeles) más que decente, incluso en distintos ángulos de visión. Y más al subir el brillo hasta 600 nits: luce bien pero si le da la luz directa es más complicado percibir las imágenes. Se trata, pues, de otro de esos terminales que se han subido al carro de las pantallas sin bordes. Es algo muy extendido en el mercado, incluso en modelos de gama media, pero cabe recordar que uno de los que de verdad le vieron potencial a este concepto fue precisamente Xiaomi con su primer Mi Mix. Le han seguido la mayoría de marcas y, ahora, es sinónimo de modernidad.

Dado el engranaje para crear el «periscopio» se ha tenido que hacer un sacrificio, el peso. Con casi 200 gramos (191 para ser exactos), el móvil es un poco fanegas en comparación con otros modelos del mercado, aunque se maneja lo suficientemente bien con una sola mano. Si se tienen las manos pequeñas, de hecho, no hay muchos problemas. Sobrio pero refinado en algunos aspectos, el nuevo terminal destaca también por su estética impulsada por la elección cromática escogida en su cara trasera. Un efecto gradual le imprime carácter, pero ese atrevimiento a veces puede resultar secundario. Es bonito, sin más.

Sin ser el más rápido de la parrilla, el móvil es muy competitivo a pesar de no ser el más potente. En realidad, se podría hacer un símil con la Fórmula 1: es un móvil que no va a ganar el campeonato del mundo pero que acaba bien las carreras. Bajo el capó, de hecho, se esconde un microchip Snapdragon 730 fabricado por Qualcomm que, junto con sus 6 GB de memoria RAM, le dotan de una potencia muy acorde a las expectativas. Luce bien y rinde igual.

Corre el riesgo de que la original cámara frontal eclipse el resto de apartado fotográfico que, aunque mejorable, se encuentra en un buen nivel. Prácticamente es la misma configuración que Xiaomi ha llevado a otros modelos de su catálogo. Se trata de una triple cámara compuesta por tres tipos de sensores. El principal, de 48 megapíxeles, es muy luminoso (apertura focal de F1.75). Le acompaña un gran angular de 13 megapíxeles con apertura focal de F2.4 y un telefoto de 8 megapíxeles. Juntos permite capturar imágenes en buena calidad y realizar los primeros planos a través de su modo retrato -que se puede editar a posteriori-, que sigue los resultados cosechados con anterioridad por la marca: no es el más perfecto pero cumple. La principal pega es que sufre mucho en condiciones de baja luminosidad.

Sobre el resto de especificaciones hay que apuntar que otro de los detalles más llamativos también puede pasar desapercibido; su batería. Tiene 4.000 mAh de salida, con lo que su autonomía se puede extender fácilmente hasta el día y medio de duración. Que no es pecata minuta. Se echa en falta, sin embargo, un mejor equipo de audio. Solo tiene un único altavoz, en la parte inferior, con lo que no produce un efecto estéreo. Se carga a través de puerto USB-C. Además de un lector de huellas dactilares en la propia pantalla, que es bastante rápido aunque menos seguro que otras soluciones, viene con MIUI 10, su capa de personalización sobre Android 9.0 Pie, que es muy básico y limpio de servicios.