VÍDEO: CAROLINA MÍNGUEZ
ANÁLISIS

Probamos el Samsung Galaxy S10: la galaxia cierra su círculo de la mejor forma

La firma surcoreana empaqueta en un diseño icónico las prestaciones técnicas más innovadoras que se le puede pedir a un terminal de alta gama, aunque su precio puede ser un importante freno

MADRIDActualizado:

Una cita atribuida al extravagante pintor Vincent van Gogh resume, parcialmente, la industria móvil. «¿Qué sería de la vida si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo?». Los fabricantes se mueven con pesadez sobre este negocio. Van a lo seguro, no porque sea la opción fácil sino porque se trata de un negocio lucrativo. Lo que funciona, para qué cambiar. Los últimos terminales, en general, se parecen entre ellos tanto que a ojo de buen cubero son casi difíciles de distinguir.

Es digno de aplaudir los intentos por coger el riesgo por bandera y probar con cosas radicales. Romper moldes, por fortuna, sigue siendo un pilar clave en la innovación. Experimentar, sus paredes. Así que mientras Samsung vira hacia una nueva tendencia de móviles flexibles, con la que va a pelear con dignidad, aprovecha para renovar su producto estrella coincidiendo con su décimo aniversario. Una oportunidad única para sacar músculo. Es el momento crucial para la «galaxia», puesto que las ventas de telefonía han pinchado en general, pasándole una dura factura a la firma surcoreana.

El resultado son tres terminales distintos, no solo por tamaño, sino por concepción. Pero, como ediciones anteriores, es el modelo «Plus» el más atractivo en cuanto a prestaciones de se refiere. Tras una semana de uso, el Galaxy S10+ representa un compendio de innovaciones actuales logrando articular un producto muy perfeccionado. Sigue siendo excesivamente caro (más de 1.000 euros), con lo que ello supone; es una verdadera brecha para convencer al consumidor. Porque, pese a no haber inventado nada sorprendentemente nuevo, roza la perfección.

Pero tiene razones de sobra para atraerlo. Manteniendo su icónico diseño, por el cual sus bordes laterales quedan curvados ligeramente, el dispositivo ofrece una consistente ligereza gracias a sus 175 gramos de peso. Está bien diseñado, algo en que se aprecia en todos sus detalles, desde el ensamblaje, los marcos. Todo está perfectamente empaquetado para lograr una colosal belleza. No sorprende, en realidad, porque el consumidor ya se ha acostumbrado tanto a este estilo que lo va a sentir muy familiar, pero sigue resultado moderno e inspirador. Es grande pero se maneja muy bien.

La pantalla, de 6.4 pulgadas, alcanza una resolución de 3.040 x 1.440 píxeles. Con matices en comparación con su predecesor, el panel viene algo perfeccionado. Es un panel novedoso de tipo Dynamic Amoled que ofrece una impecable reproducción cromática y un contraste apabullante. Lo tiene Samsung muy perfeccionado, y lo demuestra. Incluye, además, una tecnología similar a la de Apple que permite adaptar el brillo y la tonalidad a las condiciones ambientales. Todo viene atado con gran nitidez, incluso cuando recibe los rayos del sol directo.

Son detalles que no pasan por alto pero que sigue mostrando el potencial de esta firma, que por el momento sigue conservando la primera posición de ventas mundiales de teléfonos a nivel mundial. Bajando a la arena, el Galaxy S10+, además, es un gladiador. Tiene fuerza y velocidad. Y saca muchos caballos al redil. Su motor, en esta versión, es el chip Exynos 9820 que le confiere un desempeño fluido, incluso en la tareas más exigentes, aunque de nuevo, y ya parece formar parte de la casa, el terminal acaba calentándose demasiado. Sus características se completa con 8 GB de memoria RAM que logran que esa fuerza no se ralentice. Es una máquina muy potente, en líneas generales.

Con estas prestaciones de primera categoría no podía faltar, para completar el círculo, una cámara revolucionaria. No tanto a nivel global, donde compite con otras joyas como el Huawei Mate 20 Pro, sino por su salto respecto al año anterior. Viene con tres cámaras traseras, ubicadas de manera horizontal. Ahí la firma surcoreana ha mantenido su esencia y ha apostado por un sensor de 12 megapíxeles con apertura variable (de F1.5 y F2.4) con estabilización óptica (que capta unos 77 grados), un gran angular de 16 megapíxeles (F2.2 de 123 grados con los que hacer magistrales panorámicas) y un telefoto de 12 megapíxeles (F.2.4 de 45 grados) que, en consonancia, funcionan a las mil maravillas.

El móvil, desde este punto de vista, y sin ser el mejor de su gama, es muy equilibrado. Dispone de un modo llamado «enfoque dinámico» que ejerce de director de orquesta del ya conocido modo retrato. Con esta opción activada, los usuarios pueden jugar con la profundidad de campo y realizar la figura del sujeto a retratar en primer plano, dejando el fondo desenfocado. Mantiene esa característica interesante que permite seleccionar el desenfoque del fondo, pero en esta ocasión se añaden otros modos en los que emulan algunas técnicas fotográficas clásicas como cuando se juega con la velocidad de obturación. Sus efectos son muy interesantes, la verdad, y muestra la vocación de este terminal.

A diferencia de su «hermano» pequeño, el Galaxy S10+ incorpora una cámara frontal compuesta por dos lentes que vienen asociada a un cambio de diseño sorprendente. La firma ha «agujereado» la propia pantalla para, por un lado, ganar espacio, y por otro evitar la sonrojante sorna de añadir el siempre controvertido «notch» o pestaña superior, que se popularizó con la llegada del iPhone X. Es un gesto inteligente pero que no ha pasado el filtro de la mofa; ya han surgido «memes» alrededor de esta idea.

Esas cámaras se colocan en un vértice; concretamente, en la esquina superior derecha. En el día a día no se notan cambios cuando uno se hace «selfies». A nivel técnico hay que hablar de dos sensores de 10 y 8 megapíxeles que permiten detectar la profundidad y producir el modo retrato igualmente. Desde aquí se pueden generar esos divertidos «AR Emojis» personalizados que pueden dar bastante juego en conversaciones con tus amigos, aunque puede ser un atributo que se coja con muchas ganas al principio pero que vaya perdiendo fuelle con el tiempo.

Pasa el tiempo y en Samsung deben preguntarse cada año «¿Quitamos la clavija?», «¿No?», «¿Sí?». Debe ser un debate interno, pero que esta vez ha tenido un ganador. El Galaxy S10+ conserva ese puerto para los auriculares, al igual que la bandeja para tarjetas microSD. Esto ya es seña de identidad de la marca. En lo que sí han decidido colonizar otros terrenos es en lo relativo al lector de huellas dactilares, que ahora viene, al igual que otros terminales de la competencia como el OnePlus 6T, dentro de la propia pantalla.

Dudas con el escáner de huellas

Funciona de manera consistente y en principio rápida, aunque a veces es algo ingobernable puesto que hay que acertar con el dedo el lugar en el que se ubica el sensor biométrico. En ocasiones resulta algo impreciso, por lo que plantea dudas y supone una incertidumbre. Funciona por ultrasonidos, con lo que se realiza un «mapeado» de las huellas dactilares del sujeto aumentando, además, su seguridad. Como aspecto positivo, funciona incluso con la pantalla apagada. Hay otras opciones de seguridad a elegir, como el sistema de reconocimiento facial, pero no es tan robusto.

Su batería es de 4.000 mAh y aguanta, en estos primeros días, día y medio de vida hasta la siguiente carga, pero como vuelve a apostar por un sistema de carga ultra rápida, este momento de encontrar un enchufe no resulta tan terrible. Punto y a parte es su sistema operativo, gobernado por la última versión de Android, que queda desaprovechada su sistema de interacción gestual, y los materiales seleccionados, que atraen las huellas y manchas como un imán. En definitiva, es el cambio que se podría esperar y que valga la pena. Porque, sin lugar a dudas, lo tiene todo para convertirse en candidato a móvil del año.