El reconocimiento facial para labores policiales todavía no es la mejor opción

Pese a los avances, la tecnología biométrica genera resultados poco concluyentes, según un nuevo informe en el que pone de manifiesto que puede identificar a una persona como posible delincuente en eventos multitudinario

MADRIDActualizado:

La tecnología está preparada para reconocer los rostros de las personas. Es un interesante método de seguridad. Los sensores biométricos han empezado a utilizarse en los dispositivos electrónicos como sistemas para autorizar pagos y desbloquear las pantallas. Pero pese a los avances alcanzados cometen fallos.

Su todavía imperfección no ha sido un obstáculo para ensayar con la tecnología por parte de los equipos de policía. Como si se tratase de «Minority Report», el empleo de sistemas biométricos capaces de detectar en tiempo real la imagen de un sospechoso ha alumbrado a los investigadores nuevas formas para combatir el crimen, aunque todavía se encuentran en una fase embrionaria.

La manera de funcionar de estos sistemas es cruzar una máscara virtual de los rostros de las personas capturadas con una base de datos ya establecida. Por medios de secuencias de Big Data, la tecnología puede lograr identificar a una persona. Para tener efecto en el trabajo diario de los agentes es necesario, sin embargo, que la información procedente de los archivos policiales ofrezca diversa perspectivas del sujeto sospechoso, por ejemplo, una persona con antecedentes.

Un estudio de la universidad de Cardiff (Reino Unido) pone en cuestión las capacidades del reconocimiento facial como herramientas policiales. Los expertos creen que todavía necesitan de una importante revisión e inversión para lograr resultados precisos. Aún así, la policía de Gales ha utilizado la tecnología en diversos eventos multitudinarios desde la final de la Liga de Campeones en junio del pasado año.

La precisión -argumenta el informe- ha venido mejorando con el tiempo pero sigue ofreciendo resultados inexactos cuando el análisis se produce bajo escasa iluminación o grandes concentraciones de personas. Según las pruebas, el sistema empleado por la policía de Gales identificó a una persona con un 76% de precisión. El problema detectado es que, según el informe, el sistema ofrecía datos imprecisos y demoras cuando varios rostros se encontraban en el rango del sensor. Los investigadores reconocieron que se identificó a más de 2.000 personas como posibles delincuentes. En su mayoría, falsos positivos.

Los expertos creen, sin embargo, que pese a que los resultados obtenidos por la tecnología biométrica no es concluyente para fines policiales sí ofrecen capacidades como herramientas de asistencia. Martin Innes, del Instituto de Ciencia de la Policía de la Universidad de Cardiff, señala en declaraciones a «BBC» que la investigación tenía como objetivo proporcionar «una explicación equilibrada y basada en evidencia de los beneficios, costos y desafíos» de la integración del sistema en los cuerpos de seguridad. Otro estudio, en este caso de la American Civil Liberties Union (Unión americana de libertades civiles), desveló que el software de reconocimiento facial daba fallos en un 48% de ocasiones.

En China también han probado las capacidades de esta tecnología. Una empresa de autobuses de la ciudad china de Shanghái instaló cámaras equipadas con reconocimiento facial y tecnología de análisis de imagen en sus autobuses para monitorizar a los conductores y evitar problemas como la fatiga. Esta iniciativa, que llevó a cabo por la compañía Shanghai Jiushi Bus Company, es una muestra más de cómo la inteligencia artificial está ganando cada vez más protagonismo en la vida de los chinos.

La cámara era capaz de capturar cada movimiento y la expresión facial de los conductores de autobús, detecta si estos muestran algún síntoma de cansancio y sirve también para detectar conductas irregulares o ilegales, como por ejemplo hacer llamadas telefónicas o fumar. En China, de hecho, es cada vez más frecuente el uso de la tecnología de reconocimiento facial para el control y supervisión de sus habitantes y se emplea para controlar la asistencia de los alumnos a algunas universidades, para multar a los peatones infractores o, incluso, para distribuir el papel higiénico en algunos baños públicos.