«Lo ideal sería que los fotoperiodistas no tuviéramos trabajo»
Aranda ha fotografiado la primavera árabe en Túnez, Egipto, Yemen y Libia

«Lo ideal sería que los fotoperiodistas no tuviéramos trabajo»

Una mujer bajo un niqab protege a un hombre herido en Yemen. El World Press Photo de 2011 parece «La Piedad», de Miguel Ángel. Su autor, un «freelance» español especializado en el mundo árabe

J. F. ALONSO
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ENTREVISTA

Samuel Aranda

Fotógrafo «freelance»

Samuel Aranda (Santa Coloma de Gramanet, Barcelona, 1979), galardonado ayer con el premio de fotografía más importante del mundo, vive en una calle que baja hacia el mar en Sidi Bou Said, un pequeño, turístico y bellísimo pueblo azul y blanco de Túnez. Paga 400 euros al mes por una casa de tres plantas. Llegó en enero de 2011 para cubrir una revolución, y allí se quedó, junto a su novia, también freelance. Ese es su remanso de paz. Sus fotos, en cambio, son a menudo cuadros de guerra. Uno de ellos recibió ayer el World Press Photo.

—Su foto recuerda a «La Piedad», de Miguel Ángel. ¿Cómo la hizo?

—Exagera con la comparación. Fue en octubre, en Sanáa (Yemen). Viajé con un encargo del New York Times: tres meses para fotografiar la revuelta. La tomé la primera semana. Era un día de manifestaciones. Los francotiradores del Gobierno disparaban a los manifestantes. La mujer tapada con el niqab estaba sentada junto a un hombre herido en la puerta de una mezquita convertida en hospital. Esperaba que la llamaran con entereza.

—Vive en Túnez y fotografía el mundo árabe. ¿De dónde viene su relación con estos países?

—Mi primer viaje a Oriente Medio fue a Gaza, con 19 años. Me enamoré de esta cultura. Son muy abiertos y hospitalarios. La mayoría de los países sufren dictaduras atroces, pero ahora están en un proceso de cambio.

—Ama esos países, pero los fotografía en situaciones terribles.

—Sí. Y me duele. Lo ideal sería que los fotoperiodistas no tuviéramos trabajo.

—¿Qué recuerda de Yemen?

—Me fascina el país. Cuando me hicieron el encargo, me asusté. Esperaba un ambiente hostil, pero fue al contrario Este lunes vuelvo para las elecciones.

—¿Su trabajo más difícil?

—Gaza, sin duda, en 2005 y 2006. Es donde he visto la lucha más desigual. Fue horroroso. Me acuerdo cada día.

—El New York Times le encargó un trabajo de tres meses. Es inusual en estos tiempos de crisis.

—No creo que sea tanto un problema económico como de decisión editorial. Los medios gastan dinero en producciones de moda y no en periodismo.

—¿Ha notado personalmente la crisis de las empresas periodísticas?

—Siempre he conseguido vivir de este trabajo. Todavía se puede. De todas formas, tampoco hemos hecho nada por cambiar las cosas. No hay ninguna agencia de fotógrafos en España. En Francia hay quince. Es lo que nos merecemos. Lo normal es que, en España, los editores ni te cojan el teléfono. Y en cuanto al premio, ya sabe... esto se olvida rápido.