Descubren una bacteria fotosintética que se alimenta de arsénico

Actualizado:

A. PASCUAL

MADRID. Que el oxígeno de la Tierra tiene origen fotosintético es una teoría comúnmente aceptada por la Ciencia. No obstante, la afirmación plantea una cuestión significativa: En una atmósfera anóxica... ¿qué respiraban aquellos primeros seres fotosintéticos? La pregunta se ha mantenido en el aire durante años porque nunca se han encontrado muestras de la existencia de fotosintetizadores anaerobios.

Hasta hoy, porque, según publica esta semana «Science», científicos del Geological Survey norteamericano han localizado una bacteria que no se vale de agua, sino de arsénico, para completar el ciclo fotosintético. Ha sido en el lago Mono, en California, una fuente hidrológica alcalina e hipersalina donde diversos equipos biológicos estudian las formas de vida en hábitats extremos.

Muy tóxico

El arsénico es un elemento químico altamente tóxico para la mayor parte de los seres vivos, por eso los investigadores no dieron crédito a sus ojos hasta realizar las comprobaciones pertinentes. «Aislamos la bacteria en el laboratorio, y le ofrecimos arsénico como única fuente de alimento. Fue sorprendente comprobar cómo prosperaba en estas condiciones», explica Ronald Oremland, director del proyecto.

Las evidencias apuntan que este tipo de metabolismo pudo desarrollarse a la par que el «normal», con base de oxígeno, en un mecanismo similar al que una vez pudo haber permitido la vida en Marte. Se estimaba que este sistema metabólico desapareció hace 2.700 millones de años, después de que la fotosíntesis llenase nuestra atmósfera de oxígeno. Oremland achaca esta curiosidad evolutiva a «una transferencia genética horizontal», un mecanismo adaptativo propio de las bacterias y considerado uno de los principales motores de la evolución.

La investigación con organismos extremófilos, aquellos que salen adelante en condiciones límite, es una materia en auge para la biología moderna. Sin ir más lejos, la NASA estudia en las férricas aguas de Río Tinto, en Huelva, la analogía entre las formas de vida allí presentes y las que pudieron haberse desarrollado en otros planetas con similares características.

El análisis pormenorizado de la metabolización del arsénico ayudaría a los científicos a comprender cómo éste afecta a las células humanas, un problema acuciante al que están expuestas 144 millones de personas en todo el mundo a través del agua que beben.

La ingestión de este metaloide produce cáncer de riñón y vejiga, además de frenar el progreso intelectual de los niños en fase de desarrollo. Con suerte, en un futuro podría utilizarse las virtudes de esta bacteria «devoradora de arsénico» para purificar las aguas contaminadas, presentes en muchas regiones de la India, Paquistán y China.