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Gourmet

Sandro Silva, pasión por la restauración

El cocinero y su mujer, Marta Seco, son el cerebro y el alma del grupo «El Paraguas», propietario de Amazónico

Sandro en el Club de Jazz que hay en la planta baja de Amazónico
Sandro en el Club de Jazz que hay en la planta baja de Amazónico - Foto: Ángel de Antonio
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«Sandro Street». No todos los Grupos importantes pueden decir que los compañeros de profesión reconocen una de las zonas más importantes de la capital de España con su nombre. No todos pueden contar que han cumplido todos sus sueños. No todos pueden presumir de haber salido en el New York Times como propietarios de uno de los restaurantes que hay que conocer en el mundo, con Amazónico. Marta Seco y Sandro Silva son un matrimonio bien avenido. Ambos forman el tándem perfecto al frente del Grupo «El Paraguas». Ella, economista y de sangre asturiana; él, nacido en Brasil y cocinero. La pareja, que empezó esta aventura de la forma más romántica, ha conquistado la mítica calle Jorge Juan, cuna de la milla de oro madrileña, y han tocado el cielo con sus manos gracias al éxito de sus espacios.

«Marta y yo nos conocimos en la plaza El Paraguas de Oviedo. Cuando nos atrevimos a crear algo juntos y apostar por nuestros orígenes llenos de tradición y pasión por la buena cocina, no dudamos en llamarnos así. Ya no sólo porque paraguas simbolice cobijo, sino porque es el origen de nuestra felicidad», confiesa Sandro.

«Somos emprendedores de sueños. Soñamos algo y vamos a por ello. Nunca imaginamos tener fama y éxito, todo ha salido de forma natural y sin ser buscado. No somos ambiciosos, pero la zona de confort no es nuestro estado. Hemos trabajado duro y provocado este momento. No hay más éxito que la doble ‘T’: Trabajo y talento. Sobre todo, trabajo», añade.

Sandro Silva y Marta Seco.
Sandro Silva y Marta Seco. -

Su historia de amor, al igual que su negocio, se cocinó a fuego lento. Tras pasar por los fogones del Trascorrales –primer restaurante con estrella Michelin en Asturias, propiedad de su tío–, y varios locales como pinche de cocina, Sandro decidió abrir el suyo propio junto a Marta, quien no dudó en dejar su carrera por amor y empezar a echar raíces en Madrid. En 2014 abría las puertas de El Paraguas (C/Jorge Juan, 16), un espacio tradicional donde la calidad y el mimo por los detalles lo convirtió en un éxito y un punto de encuentro de la alta sociedad, que continua siéndolo a día de hoy.

«Mi padre es asturiano, al igual que mi mujer. Llevo la tradición en la sangre y me centré en lo que se hacer. En aquellos años todos querían imitar a Ferran Adriá que revolucionaba la cocina con vanguardia. Yo, fiel a mí mismo, sabía que no podía ni sabía hacer eso, así que me dediqué a hacer lo que se me daba bien y funcionó. Nuestro primer local nació como algo clásico, pero después de muchos años vimos que nuestros amigos ya se aburrían y querían más. De ahí a que abriéramos Ten con ten. En esa época fue toda una revolución: buena comida, música y copas, en uno. Fue un éxito. Allí pasaban cosas y es lo que la gente pedía. Tras él, muchos han seguido ese camino», explica.

Silva en el huerto de su centro de formación de Jorge Juan.
Silva en el huerto de su centro de formación de Jorge Juan.

«Siempre hemos estado en movimiento analizando la situación que vivimos. Cuando abrimos años después Ultramarinos Quintín dimos un paso atrás en nuestro plan de negocio, creamos un espacio de encuentro, donde la gente pudiera reunirse en el barrio, comprar y comer», dice Silva.

«Sin embargo, con Amazónico, -continúa-fue todo un proyecto meditado. Queríamos provocar. Buscábamos algo fresco, verde. Ha sido una aventura. Ya no solo la inversión que es muy alta, sino el impacto por la gran acogida. Hay fusión de culturas, un exclusivo club de jazz y estamos terminando el de vinos en la parte superior. La gente ya no quiere comer sin más, quiere sentir, pasarlo bien y disfrutar: una experiencia completa».

Sandro Silva cree con firmeza en la calidad de nuestro país y de ahí a que todas sus energías se centraran en sumar. «Echo de menos que se profesionalice más lo nuestro, porque hay mucho talento pero no todo vale. En mis locales hay alma y corazón y mi equipo lo ha entendido perfectamente. Enfrente de Amazónico tenemos un espacio donde damos cursos de formación y donde elaboramos nuestros productos: hay huerta, hacemos pan, quesos... Nos apasiona lo que hacemos».

«Estoy agradecido con todo esto, nos encontramos en un momento muy dulce y presumo de que mis mayores ‘estrellas Michelin’ son mis clientes, que disfrutan y comparten sus sensaciones por donde van. Nos hacen crecer», añade el empresario.

Próximos proyectos

El Grupo «El Paraguas» abrirá en breve las puertas de un nuevo restaurante en la calle Velázquez de Madrid, en el antiguo Iroco. El concepto será más romántico, con el imponente jardín urbano del local como el protagonista.

Por otro lado, también está rodando ya el restaurante con el que el matrimonio terminará su proyecto en Madrid. El próximo año, el Grupo abrirá en la Puerta de Alcalá un exclusivo espacio con el que cerrará su expasión española y cruzará el charco en busca de crear nuevas experiencias gastronómicas también "del otro lado".

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