Vivir asediada por los okupas: «Me amenazaron de muerte»
María (nombre ficticio) soporta en su vecindario problemas de mantenimiento, gritos y amenazas día sí y día también
Belarra propondrá una reforma del Código Penal para perseguir a empreas 'desokupas'
Madrid
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Iniciar sesión«Prepárate para escuchar una historia de terror», advierte María (nombre ficticio), que llegó hace más de un año a Chipiona con la ilusión de empezar una nueva vida y abrir un negocio en su recién estrenado hogar. El sueño se esfumó casi en ... cuanto cruzó la puerta del patio común y vio el suelo encharcado. «Nunca había visto lo que es un enganche de agua. Los que me vendieron la casa me habían dicho que los vecinos eran maravillosos», relata. «Entonces me llamó uno de ellos y me dijo: 'Aquí somos okupas'».
A partir de ahí, reconoce, la convivencia fue de mal en peor: problemas con los suministros, llamadas a horas intempestivas, gritos, suciedad... «Uno se ofreció a ayudarme con un tema de la casa y me robó dinero en efectivo. No siempre estaban los mismos inqulinos, un mes hubo una familia de veinte personas durmiendo en el patio», confiesa angustiada. Llamó a la Guardia Civil en varias ocasiones y se personó hasta tres veces en el cuartel para relatar su delicada situación. Tras sufrir «amenazas de muerte» llevó a una de sus vecinas ante el juez.
Para hacer su día a día más soportable, María ha tenido que blindar su vivienda: colocar una cancela frente a su propia puerta y poner una alarma conectada directamente con la Policía. «Vivo prácticamente encerrada, con miedo a salir de casa».
Ha intentado de todo para lograr la paz en su vecindario: llamó a la inmobiliaria para que iniciara los trámites de desalojo, a los servicios sociales del Ayuntamiento de Chipiona... En la mayoría de las puertas a las que tocó la escucharon, pero miraron hacia otro lado. No pudieron resolver su situación. «Una de ellas tiene un documento que acredita que es vulnerable y accedió a un alquiler social. ¿Pero qué pasa conmigo? Es vergonzoso que una persona que me ha amenazado de muerte siga teniendo su certificado de vulnerabilidad y viva debajo de mi casa», denuncia.
Daños psicológicos
Convivir a diario en este infierno es para ella una tortura psicológica que sobrelleva como puede. A veces, admite, tiene «momentos de bajón muy fuertes» que le obligan a acudir a profesionales. «Vivo en una contradicción constante, porque yo soy votante de izquierdas y me duele escuchar, con lo mal que lo estoy pasando, que la okupación es una mentira», sentencia.
Su familia y sus amigos, por los que prefiere no dar a conocer su verdadera identidad – «si por mí fuera daba la cara, ya he perdido el miedo»–, le recomiendan que abandone su casa y deje todo atrás. «Pero yo si vendo esta propiedad tengo que contar la verdad, no puedo engañar a nadie como me hicieron a mí. Es la única propiedad que tengo, vendí otra para comprar esta. Sólo quiero que les saquen de aquí y vender. Porque yo sigo creyendo en la Justicia».
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