Del silencio a la presencia: el Papa redefine el papel de sus secretarios
León XIV da visibilidad a sus colaboradores y marca distancias con el estilo de Francisco
El Papa pone al frente del Dicasterio de Obispos a un arzobispo que Francisco no quiso hacer cardenal
Corresponsal en el Vaticano
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Iniciar sesiónLeón XIV va formando con paciencia su equipo de estrechos colaboradores. Acaban de entrar en funciones sus dos secretarios privados, que tienen la delicada misión de filtrar la correspondencia que recibe, los documentos que debe firmar y las visitas que acceden a su despacho. ... Mientras Francisco prefería que sus secretarios tuvieran un perfil muy bajo, los de León le acompañan en todas sus apariciones públicas, un indicio de una nueva modalidad de gobierno.
El «primer secretario» del Papa León es el peruano Edgar Rimaycuna Inga, de 37 años. Le ayuda desde el día de la fumata blanca. Se conocieron en Chiclayo (Perú) en 2006. El entonces obispo Robert Francis Prevost era su director espiritual y apreció la discreción y rectitud con la que este seminarista actuaba. Años más tarde le pidió que fuera su secretario en Roma y tras la fumata blanca le llamó porque necesita a alguien de plena confianza.
El exsecretario de León XIV, sobre sus cien días como Papa: «Se ha operado en él un cambio sustancial»
Carmen Álvarez CuadradoJasson Sempertigue sirvió al ahora Pontífice como su secretario personal cuando era obispo de Chiclayo desde 2016 hasta 2019
Junto a Rimaycuna, al menos desde finales de septiembre está también el italiano Marco Billeri, de 41 años. No ha trascendido cómo lo conoció el Papa. Hasta hace unas semanas era vicario parroquial en un pueblo de 6.000 habitantes entre Florencia y Pisa. Ha estudiado Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana de Roma, y era juez del tribunal eclesiástico de Toscana y maestro de ceremonias en las liturgias de su obispo.
Ambos han sido bastante parcos en palabras en estos meses, como buenos guardianes de los secretos del Papa. «Quien es llamado a este tipo de tareas, cuanto menos hable, mejor», ha asegurado Billeri en una entrevista a la revista de su diócesis. «Estamos llamados a tener siempre presente que un día tendremos que entregar el relevo a otro secretario, y a trabajar lo mejor que podamos, manteniendo en orden lo encomendado, para que lo administrado no se deteriore sino que dé frutos», ha explicado.
En esta fase de cambio de guardia siguen contando con el eficaz Daniel Pellizzon, sacerdote argentino de 42 años, que era vicario en una parroquia de Buenos Aires hasta que el Papa Francisco lo fichó como secretario personal en julio de 2023. Pellizzon atendió a Francisco hasta el día de su muerte y acompaña a León XIV y a los secretarios en casi todas las audiencias para ayudarles a familiarizarse con lo que les espera. En verano estuvo con el Pontífice en Castel Gandolfo y este sábado lo acompañó durante el jubileo de los gitanos.
El Pontífice acaba de nombrar a cura italiano de 41 años, que se suma al peruano de 37 que le acompaña desde su elección
A diferencia de su predecesor, León XIV quiere que sus secretarios tengan visibilidad y todos le acompañan en sus apariciones públicas. Prevost parece querer mostrar abiertamente su confianza, consciente de que su ayuda y su amistad es imprescindible para moverse con calma en las aguas pantanosas de la tarea que le incumbe. El Papa Francisco les pedía que tuvieran un perfil bajo para evitar que se convirtieran en «dueños del Pontífice», viendo la situación que inevitablemente se había creado en los últimos años de Juan Pablo II y de Benedicto XVI. Por ahora el modelo de León funciona, pues en estos meses no ha habido filtraciones desde su secretaría.
«Yo decidí disolver la Secretaría papal. Trabajo con dos secretarios que tienen también empleos en otros departamentos y que me ayudan sólo a tiempo parcial. Están conmigo cuatro o cinco años y después son sustituidos», explicó Francisco al corresponsal de ABC en el libro 'El Sucesor'. De hecho, este Papa tuvo siete secretarios a lo largo del pontificado, mientras Juan Pablo II tuvo sólo cuatro y Benedicto tres. «No es buena cosa un secretario todopoderoso. Ser secretario es muy difícil. Un buen secretario te ayuda y no deja huella», decía. Además, para limitar su influencia, repartía las tareas de modo que ninguno tuviera la información completa de las cuestiones que le planteaban. Por ejemplo, si se enviaba una solicitud a través de un secretario, la respuesta llegaba a través del otro.
También Benedicto XVI había tomado medidas en este sentido. En su libro 'Nada más que la verdad', su secretario Georg Gänswein cita los motivos que llevaron a Ratzinger a presentar la renuncia, y reconoce que «una de sus preocupaciones evidentes era evitar que cualquiera de sus colaboradores adquiriera espacios de poder, consciente de que el Papa Wojtyła, en los últimos tiempos de su pontificado, ya no había mantenido plenamente las riendas del gobierno». Muchos otros coinciden en que a medida que el Parkinson debilitaba progresivamente a Juan Pablo II, su secretario «don Stanislao» fue asumiendo un papel más importante en la toma de decisiones junto al Secretario de Estado, Angelo Sodano. «En 2012 ya habían comenzado los rumores sobre el poder que ejerceríamos el cardenal Tarcisio Bertone y yo, ¡y Benedicto quería acabar con ellos de raíz!», aclara Gänswein.
Custodiar la agenda del Papa les sitúa en el ojo del huracán para bien y para mal, tanto durante el Pontificado como cuando termina. Según la ley vaticana, una vez que fallece el Pontífice, quienes residen con él, es decir, sus secretarios, deben abandonar el apartamento papal como muy tarde el día del funeral. Es una expresión de cómo tras la muerte o renuncia del Papa los secretarios quedan en una posición compleja pues representan una etapa de la que se ha pasado página, y de ser protagonistas de las decisiones, se ven obligados a pasar a un segundo plano.
El poder en la sombra
Pablo VI pidió al secretario de Juan XXIII, monseñor Loris Capovilla, que permaneciera en el Vaticano tras la muerte del Pontífice para intervenir en el Concilio Vaticano II, y cuatro años después lo nombró arzobispo de Chieti. Tras el fallecimiento de Pablo VI en 1978, su secretario Pasquale Macchi se marchó de Roma como arcipreste del santuario del Sacro Monte de Varese y diez años más tarde el Papa lo hizo obispo. En 1998, Juan Pablo II nombró a su propio secretario Stanislao Dziwisz prefecto adjunto de la Casa Pontificia y lo ordenó arzobispo; y tras el Pontificado, Benedicto XVI lo hizo obispo de Cracovia.
Algo parecido hizo Benedicto XVI con su secretario pocos meses antes de su renuncia, pues nombró a Georg Gänswein prefecto de la Casa Pontificia. Entonces, Gänswein permaneció al lado de Benedicto durante sus años como papa emérito. A la muerte de Benedicto XVI en 2022, Francisco le retiró la confianza por haberle criticado en público, y decidió primero no asignarle un encargo específico, aunque un año más tarde lo nombró nuncio en los países Bálticos.
Los secretarios de Francisco se han marchado sin hacer ruido: aparte de Pellizzon, el maltés Alfred Xuereb, que fue también secretario de Benedicto, es nuncio en Marruecos; el argentino Fabián Pedacchio y el italiano Fabio Salerno, trabajan en la Santa Sede; el egipcio Yoannis Lahzi Gaid preside la «Fondazione della Fratellanza Umana»; el argentino Juan Cruz Villalón colabora con una parroquia en una localidad costera cerca de Roma; y el uruguayo Gonzalo Aemilius regresó a América Latina.
Consejos vaticanos
A los secretarios de León les puede ayudar el consejo que Dziwisz confió a Gänswein: «Tendrás que ser el techo del Santo Padre, para protegerlo de todo lo que pueda aplastarlo. Y debes encontrar el ritmo adecuado para colaborar con él con la mente, con el corazón y con el instinto para mantener la situación bajo control: todo el mundo se muestra amigo, pero muchos querrán algo de él». Como consejo a sus sucesores, Francisco avisó de que «cuando un secretario empieza a recibir regalos, empiezo a preocuparme, pues los obsequios lo condicionan».
En los pasillos del Vaticano, los secretarios caminan siempre dos pasos detrás del Papa, atentos a lo que se dice y a lo que no se dice. León XIV ha decidido que se les vea, pues piensa que la confianza no se oculta, se exhibe. Y en esa exposición también se juega el futuro de un pontificado.
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