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Mitología


OTRO PLANETA EN CASA

OTRO PLANETA EN CASA

«¿Un Zodíaco numeral? Imposible. Claro que a lo mejor nos hubiéramos librado de esa magia que sigue causando estragos. Pero la Antigüedad puso nombre a los planetas, y ahora podemos decir «yo soy Piscis» en lugar de decir, por ejemplo, «yo soy 41527BZ»»

ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE El Festival Mozart de La Coruña ha inaugurado la edición de este año con el estreno en España de «Los amores de Apolo y Dafne», de Francesco Cavalli. Para ello ha traído una producción de la localidad italiana de Fano, realizada por Pier Luigi Pizzi. El Festival Mozart ha hecho una apuesta a ganador. Porque la ópera barroca es, siempre, un territorio por descubrir, aparentemente esquemático, lleno de lugares comunes y de argumentos repetidos. Un punto de encuentro entre el cielo y la tierra. Y ahí es por donde Pizzi se mueve con una soltura extraordinaria. Será porque como todos los grandes puede permitirse hablar a los dioses de tú a tú y a los seres mortales con infinito respeto. Para ellos ha reservado el espacio de tránsito que dejan dos enormes esferas u ojos concéntricos. La del fondo capaz de abrirse y cerrarse como el diafragma de una cámara para dar paso a lo celeste; la del frente cercana a lo terrestre y lugar por donde se despliegan los árboles. La iconografía barroca necesita del aparato y de lo espectacular. Todo eso está aquí, sin excesos, jugando con las luces y la posición de cada cual, transmitiendo una sensación continua de elegancia y conocimiento. En tan notable escenario se han dejado escuchar las voces de once cantantes con ganas de complacer. Por ejemplo la de Marianna Pizzzolato, serena y hábil; la de Assumpta Mateu, de timbre más arduo pero expresiva; la de Mario Zeffiri, de buen centro y presencia; o la de Agustín Prunell-Friend, penetrante y consistente. Junto a ellos actuó la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia, a la que Alberto Zedda ha impregnado de entusiasmo mediante un barroco ancho en el sonido, largo en el fraseo y justo de poesía. Posiblemente el mayor mérito de esta producción, tal y como se ha visto en La Coruña, sea el de la continuidad y la tensión sostenida a lo largo de sus casi tres horas antes que el de la intensidad del afecto momentáneo. Mucho de ello se debe a la batuta del maestro italiano, siempre sonriente y embaucador: buen complemento para el convincente universo mitológico creado por Pizzi./ Comentar

REY DAVID

JESÚS LILLO Han pasado por Madrid, en el reducido intervalo de veinticuatro horas, algunos de los héroes de la revolución musical de los setenta. Unos, Kraftwerk, con un espectáculo ultraconservador e historicista, una magistral instalación audiovisual, lúdico manifiesto de las postvanguardias del siglo XX, que bien podrían haber escenificado en el MNCARS o la Fundación Telefónica; otro, David Byrne, con el arrojo suficiente para plantear la enésima ruptura de una carrera que comenzó, hace treinta años, con Talking Heads. La mayor aproximación del compositor escocés a un conjunto de violines la realizó con el chiste apocalíptico que en 1991 grabó para la banda sonora de «Until the End of the World», cinta de Wim Wenders a la que aportó «Sax and Violins», juego fonético anglosajón que le sirvió para gritar «sex and violence» de forma encubierta. Ahora presenta por el mundo «Grown Backwards», delicadísimo álbum orquestado por el Tosca Strings y con el que Byrne adopta el dramatismo que los intrumentos clásicos de cuerda han proporcionado en los últimos años al pop festivo de estrellas como Elvis Costello, Björk, Rubén Blades o Moby. Hace falta mucho valor para abrir un concierto con una pieza de «La traviata» de Verdi («Un dì felice eterea»), seguir con un bolero («Ausencia»), recordar a Peret, rendirle homenaje a Lambchop y, de paso, recuperar algunas de las piezas del repertorio de Talking Heads, fabricantes del «funk» más destartalado de la historia. Sin miedo al ridículo, inmaduro a sus cincuenta años, eterno aprendiz, David Byrne sigue asumiendo el margen de error de cualquier ensayo y arregla su obra para que sea un sexteto de cuerda el que sustituya al teclado de la locura. Conserva la marimba y la percusión bahiana, herencia de su etapa de Rei Momo del carnaval carioca, y esa coreografía avícola y ridícula que lleva ejecutando casi toda la vida; viste elegante mono de trabajo, estampado con raya diplomática, y fascina al público con las hermosísimas canciones que componen su último álbum, uno de los mejores de su carrera. David Byrne está en los antípodas de Kraftwerk, banda de admírame y no me toques ni bailes, cuarteto enmarcado en el museo de las leyendas. David Byrne se sale del cuadro y juega con la música sin miedo a equivocarse; no siempre acierta, pero apuesta por mantenerse vivo y suda, hasta desfigurarlo, su uniforme de alta costura. Rey de Escocia exiliado en Nueva York, rey de la salsa con Celia Cruz, rei Momo en Río de Janeiro, rey David que nunca abdica./ Comentar

ENTRE EL RITO Y EL MITO

ENTRE EL RITO Y EL MITO

JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓNCoinciden los especialistas en otorgar a «El adefesio» la condición de mejor pieza escénica de Rafael Alberti, cuyo teatro, como afirma Ricard Salvat, es todavía un continente por descubrir. El corpus teatral albertiano es irregu/ Comentar

ENTRE EL RITO Y EL MITO

ENTRE EL RITO Y EL MITO

JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓNCoinciden los especialistas en otorgar a «El adefesio» la condición de mejor pieza escénica de Rafael Alberti, cuyo teatro, como afirma Ricard Salvat, es todavía un continente por descubrir. El corpus teatral albertiano es irregu/ Comentar

ESTRELLAS

ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTENo es difícil deducir que para un compositor como el alemán Aribert Reimann (Berlín, 1936), tan cercano a la voz y a sus mil y una inflexiones, escribir «Tarde» ha sido mucho más que el cumplimiento de un compromiso. El encargo de Comentar
Una ambiciosa biografía de Hernán Cortés desmonta el mito del «inventor de México»

Una ambiciosa biografía de Hernán Cortés desmonta el mito del «inventor de México»

Controvertida y compleja, la figura de Hernán Cortés reaparece como un personaje nuevo en la biografía que publica el diplomático ehistoriador mexicano Juan Miralles. «El inventor de México» traza una figura muy alejada del estereotipo clásico del genocida de indígenas, desmonta mitos y muestra a un guerrero con visión de Estado del que nace el México que hoy conocemos.

MÉXICO. Enrique Serbetocorresponsal Comentar