Problemas renales en gatos

Aguda o crónica, según sea su duración, la insuficiencia renal es una enfermedad frecuente en gatos. Afecta a la capacidad de los riñones para desempeñar correctamente sus funciones. Prevenirla y detectarla a tiempo es fundamental para controlarla y aumentar así la esperanza y calidad de vida de nuestros mininos.

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El gato se ha convertido poco a poco,en un importante animal de compañía. Parece disputar al perro ese primer lugar, en cuanto a nuestras preferencias. Los avances que ofrece esta especie son enormes. Aspectos tales como alimentación, medicina felina, alojamientos y hoteles para ellos, juguetes y complementos de todo tipo, criadores de un elevado número de razas muy atractivas..., reflejan el auge actual del mundo felino. La edad máxima de los gatos supera a la de los perros. Muchos de ellos alcanzarán con facilidad los 14 años y a partir de ahí, podrían llegar a superar la veintena. Tal vez, debido a esta elevada longevidad, se podría explicar la preocupante incidencia de enfermedades renales en gatos, entre otras patologías. El riñón es un órgano filtrante. Gracias a él se eliminan sustancias de deshecho. La más conocida es la Urea, pero existen otras como la Creatinina. Además de filtrar, el riñón equilibra el agua, los electrolitos y el fósforo, entre otros. Pero las funciones de estos importantes órganos no cesan ahí y vemos que son corresponsables de la formación de glóbulos rojos, gracias a la eritropoyetina que producen.

«Así que los riñones limpian, filtran elementos nocivos , mantienen la presión arterial felina en límites fisiológicos, mantienen la eritropoyesis (proceso de producción de Glóbulos rojos), y por tanto, son vitales en el bienestar de nuestras mascotas. El tejido renal no se regenera. Las nefronas no se multiplican, y conforman la unidad funcional necesaria para la vida», comenta el veterinario Javier Álvarez de la Villa, del Centro Veterinario Víctor de la Serna. Es pues importante este hecho, no se regeneran como sí en el caso del hígado. Los gatos sólo tienen dos riñones, que eso sí, podrán compensar la función hasta un fallo de tres cuartas partes. Es decir, que cuando se presenta el fallo renal, significa que el 75 por ciento del tejido renal ya está afectado.

Sintomatología felina y detección precoz

Los síntomas derivados del fallo renal en gatos son variados. La anorexia felina es bien conocida. Nuestro gato no come o lo hace de manera absolutamente caprichosa. Se acerca al comedero, olfatea y, a lo sumo, coge unas bolas del pienso o lame el alimento húmedo. «Muchos propietarios piensan entonces que tienen apetito, pero que algo les molesta en la boca. No es así, realmente el felino con fallo renal, irá dejando de comer pues tiene parcialmente inhibidos los centros nerviosos del apetito», asegura Álvarez de la Villa. Entonces, paradojicamente, el gato mostrará arbitraria preferencia hacia golosinas de alto porcentaje proteico. Aquí falla el instinto. La mascota podría estar firmando su sentencia de muerte. El propietario accede normalmente a sus caprichos y la función renal podría deteriorarse de manera definitiva.

Una regla de oro, pues, consiste en acudir precozmente ante la anorexia felina a su Centro Veterinario, donde tras un diagnóstico certero , se ofrecerá el alimento necesario a su mascota. En muchos de nuestros felinos, la insuficiencia renal comporta un mayor número de consumo de agua. Nuestro gato presenta Polidipsia (Necesidad exagerada y urgente de beber). Beben bastante más y, en consecuencia, orinan mucho más. La orina, a veces difícil de observar en esta especie, parece incolora y poco densa,como el agua pura. Aparecen conductas de demanda exagerada, vacían una y otra vez sus bebederos y muchos buscan en el goteo de los grifos de la casa, el ansiado elemento. Así que éste es otro importante síntoma. Beben mucho y comen poco. El adelgazamiento comenzará a aparecer rapidamente. Pierden peso, en ocasiones mucho peso. Algunos gatos llegan a extremos de adelgazamiento y de debilidad inimaginables. El adelgazamiento, pues, es motivo de consulta Veterinaria. “Será necesario, como mínimo, tras el diagnóstico del fallo renal, ofrecer los alimentos necesarios, pero además, promover una mayor ingesta, es decir, combatir la anorexia”, dictamina Javier Álvarez de la Villa.

El factor edad

La edad es un factor de gran importancia. Los veterinarios ven, con bastante asiduidad, cómo muchos de sus pacientes felinos aquejados del fallo renal, son mayores. Podríamos aseverar, sin equivocarnos demasiado, que el riñón es un órgano «diana» de la vejez. Este órgano habría trabajado en la depuración sin desmayo, y el tiempo le puede jugar una mala pasada. Piensen que en la naturaleza, los felinos no sobreviven tantos años, pero en la domesticación y convivencia hogareña, las edades fácilmente se duplican e incluso triplican. Por tanto, órganos muy exigidos por el paso del tiempo, podrían fallar, es un hecho. No podemos olvidarnos que en los animales jóvenes también falla el riñón. Pero en estas edades, el fallo suele tener un carácter más agudo y deberse a otras causas. Son ejemplos los felinos jóvenes que ingieren plantas ornamentales tóxicas o aquellos que beben de productos químicos, como los anticongelantes ,que, curiosamente resultan sabrosos.

Pero también los gatos jóvenes de razas puras con degeneración renal de diferentes características (riñón quístico) de carácter genético congénito. Además de las alteraciones renales de carácter infectocontagioso, esto es, de origen fungico, vírico o bacteriano. En estas últimas sobresale la acción de los retrovirus, como el virus de la leucemia felina, el cuál será necesario diagnosticar y prevenir. La apatía, tristeza y letargo suele aparecer en los gatos aquejados de fallo renal. No juegan, permanecen inmóviles muchas horas y en ocasiones, se lamentan a modo de maullidos o vocalización quejumbrosa. No olvidemos que el riñón ha dejado de filtrar adecuadamente y como consecuencia, la sangre se «autointoxica», por decirlo de alguna manera.

La carga de toxinas afecta al cerebro. Comienzan los cambios de carácter. Algunos pierden sus hábitos higiénicos, defecando y miccionando fuera de su arenero. Otros se muestran muy apáticos y dejan de interaccionar con sus propietarios, pero otros podrían iniciar conductas irascibles e incluso agresivas. Se sienten mal, será necesario una rápida asistencia veterinaria. La hipertensión felina asociada al fallo renal es frecuente. El aumento de tensión arterial dañará otros órganos como el corazón y el ojo. Pero además, la hipertensión actúa retroalimentando el propio fallo renal. La moderna medicina felina ofrece precisos aparatos de medición, además de adecuados tratamientos anti hipertensivos. El tratamiento del fallo renal resulta imprescindible. Dietas médicas conforman la primera línea de actuación.

Sin medidas dietéticas la enfermedad renal progresará inexorablemente. En un primer momento, los cuidados hospitalarios podrían resultar imprescindibles en función de la gravedad del cuadro clínico. En la hospitalización se combaten los síntomas, se reestablece el equilibrio hidro-electrolitico, se evitan los vómitos, se promueve el aumento del apetito, en suma, se prepara al paciente felino para poder proseguir en su domicilio con medidas externas, tras haber superado la intoxicación urémica. El pronóstico es de grave a reservado, pero en muchas ocasiones, el tratamiento restablecerá el equilibrio deseado. En el hogar, los propietarios se volcarán en los cuidados bien merecidos, sin duda, por su inestimable amigo.

Sugerencias a tener en cuenta

-Evite darle premios o, si quiere dárselos, emplee pienso de alimentación especial.

- Ofrecerle pequeñas cantidades de comida de forma frecuente en lugar de servirle mayores cantidades una o dos veces al día.

-Si su gato de alimenta de comida húmeda, puede ponerla en el microondas para que libere todo su aroma y tenga una textura más suave, aunque nunca debes servirle a su gato comida caliente, solo tibia.

-Si emplea comida seca, humedecerla con un poco de agua templada, en el caso de que el gato esté acostumbrado a la comida en lata.