Luis Argüello denuncia que las leyes de memoria histórica «son un instrumento de polarización ideológica más que un cauce para la reconciliación»
El presidente de los obispos reclama unidad episcopal a una Asamblea Plenaria marcada por el «giro católico», el aborto, la memoria de Franco y la Transición y los abusos
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Madrid
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Iniciar sesiónEl supuesto «giro católico» que ha vuelto a colocar símbolos y el lenguaje religioso en el centro del debate cultural —desde el disco 'Lux' de Rosalía al estreno de 'Los Domingos'—, el repunte del debate sobre el aborto, el 50º aniversario de la ... muerte de Franco y hasta una sutil alusión al caso Zornoza han marcado el discurso con el que Luis Argüello ha abierto la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE). Desde que Argüello preside el Episcopado, el fino análisis de la actualidad social cultural, junto con el debate moral, han vuelto a la sala de la plenaria de la calle Añastro, en la sede de la CEE.
En esta ocasión, el arzobispo de Valladolid tampoco ha eludido ninguno de los asuntos que forman parte del debate interno en la Iglesia —desde la recepción del Concilio, la comunión entre los obispos y hasta la gestión de los abusos— ni tampoco aquellos en los que la Iglesia se encuentra en el centro del debate público. Tampoco ha faltado uno de los temas que más polémica han generado en los últimos meses en el debate político, el aborto, que Argüello ha abordado con contundencia y amplitud.
Los obispos afrontan su primera asamblea plenaria de la era León entre la presiones
José Ramón Navarro-ParejaCómo prólogo de la reunión, que se inicia este martes en Madrid, la Comisión Ejecutiva de los obispos se reúne hoy con el Papa en el Vaticano
Y, entre medias, un repaso a las diferentes etapas de relación entre la Iglesia y el franquismo: desde el reconocimiento inicial tras la guerra hasta su contribución decisiva, varias décadas después, para minar los fundamentos del franquismo y favorecer la Transición. El presidente de la CEE analizó también las leyes de memoria histórica, necesarias a su juicio para «rehabilitar y obrar a víctimas de la dictadura y enterrar dignamente a quienes seguían en fosas y cunetas», pero que, ha denunciando, «son un instrumento de polarización ideológica al servicio de intereses políticos del presente más que cauce para ahondar en la reconciliación».
Todo ello en la primera Asamblea Plenaria celebrada en el pontificado de León XIV, con la mirada puesta en Roma. El primer recuerdo ha sido para el Papa Francisco y los obispos fallecidos en estos meses. Sobre el nuevo Pontífice —a quien la Comisión Ejecutiva visitó este lunes para expresarle «obediencia y comunión»—, Argüello ha subrayado su deseo, pronunciado en la misa de inicio de pontificado: «Una Iglesia unida, signo de unidad y comunión, que se convierta en fermento para un mundo reconciliado.» Una frase que no eligió al azar. A juzgar por su cierre, Argüello la hizo también propia para dirigirla a los obispos españoles, a quienes pidió claramente ese mismo horizonte de comunión.
#Rosalía y la película #LosDomingos protagonistas en el discurso de @monsarguello como señales que advierten "de que lo católico está de moda" pic.twitter.com/ZwUFNi7oZR
— Of. Información CEE (@prensaCEE) November 18, 2025
El giro católico: moda síntoma o necesidad de sentido
Rosalía, Byung-Chul Han y Simone Weil se han convertido en una curiosa constelación intelectual en el inicio del plenario episcopal. Argüello ha dedicado un amplio tramo inicial de su discurso a un análisis cultural poco habitual en la casa con presidentes anteriores. Así, ha tomado prestado un término de Diego S. Garrocho para hablar de «un momento» o «giro católico», un fenómeno que no se limita a la «tendencia creciente en el uso de la estética religiosa» sino que está impregnando «casi todos los ámbitos», desde la filosofía contemporánea a la música pop.
Que Rosalía encuentre «su inspiración» y cite a Simone Weil en el libreto de Lux, que Byung-Chul Han, reciente premio Princesa de Asturias, no tenga reparos, con en su último libro 'Sobre Dios', en «confesarse como un pensador católico» o que una película sobre una vocación a la vida contemplativa —'Los Domingos'— gane el principal premio de San Sebastián, son para Argüello señales de un clima nuevo. «Existen señales que advierten de que lo católico está de moda o, si se prefiere, de que hay una vuelta a coordenadas espirituales que parecían proscritas», ha afirmado.
Pero lejos de celebrarlo sin matices, ha advertido del peligro de que esa sensibilidad se convierta en una apropiación superficial o, peor aún, en un producto ideológico. «La escucha más intensa del rumor de Dios y el 'giro católico' pueden ser una moda u objeto de manipulación ideológica del desconcierto (…) que viven hoy los jóvenes», ha alertado más tarde. Ese declive de vínculos —«víctima del individualismo», ha afirmado— se une a un paisaje político que considera inestable: un mundo «víctima del relativismo moral que ella misma ha generado», dominado por el poder del dinero, de la tecnología y, cada vez más, de los algoritmos.
Para Argüello, este clima crea una paradoja: la Iglesia vuelve a ocupar un lugar en la conversación pública, incluso entre quienes no son creyentes, pero corre el riesgo de que «lo católico» se convierta en marca, pose o material para la industria cultural. De ahí su advertencia contra cierta idolatría estética, a través de una cita de Juan Manuel de Prada, de un artículo publicado en ABC. «Cuando lo católico se convierte en una 'moda' o en un 'nuevo punk' es porque se trata de una falsificación, aunque sea una falsificación bendecida por el catolicismo 'pompier'. O precisamente por ello mismo», afirma De Prada en la cita elegida por el presidente de los obispos para cerrar este punto.
El tabú público del aborto
Argüello también ha abordado tema del aborto sin rodeos ni eufemismos y con un inusual enfoque en ambientes eclesiásticos, desde los «argumentos no religiosos» en su contra. «La sociedad occidental ha escondido completamente la cuestión del aborto bajo la alfombra», ha denunciado el presidente de los obispos, tras recordar que en 2024 se registraron 106.173 abortos frente a 322.034 nacimientos, y describir la situación como un drama normalizado que nadie quiere mirar de frente.
Una situación que lleva a la renuncia a abordar el tema «social y políticamente», porque «atreverse a hablar de ello en público se ha vuelto tabú, casi una intromisión en la vida privada de las personas», mientras que «afirmar públicamente que el aborto es objetivamente inmoral es arriesgarse a escuchar fuertes descalificaciones personales, sociales y políticas». En ese clima, «ofrecer información a las mujeres gestantes es considerado un abuso y rezar ante un abortorio una amenaza», ha denunciado, en referencia a las recientes polémicas en este sentido.
Pero también ha recordado Argüello que incluso algunos filósofos 'prochoice' como Peter Singer, tienen «la honestidad intelectual de reconocer que el embrión es un ser humano». De esta forma, se dan las paradojas de que «en un mismo hospital» un grupo de médicos «esté decidido a salvar a un bebé de cinco meses y medio de gestación, mientras otro grupo de médicos mata deliberadamente a un bebé de la misma edad en la habitación de al lado». «Es totalmente legal»; ha afirmado, del mismo modo que «la legislación puede castigar con una muleta de 15.000 euros y hasta dos años de cárcel si se destruye un huevo de águila, pero da todo el derecho a matar a un hijo con síndrome de Down hasta el final del embarazo».
Argüello ha señalado el aborto no sólo como cuestión moral, sino como síntoma de un deterioro democrático, un ejemplo de un país incapaz de proteger la vida más vulnerable y que sustituye con legislación lo que debería ser política familiar. «El atajo del aborto para solucionar problemas que exigen políticas públicas a favor de la familia y de la vida es síntoma del debilitamiento moral de nuestra democracia», ha denunciado.
Una crítica abrió con la que abierto una conexión directa con el último informe FOESSA, presentado hace unos días. En su lectura, la crisis demográfica, la precariedad laboral, el precio de la vivienda y la pobreza infantil forman parte de un ecosistema donde muchas mujeres quedan atrapadas en condiciones que hacen difícil sostener un embarazo. «Hay muchas mujeres que desean ser madres y ven su proyecto de fecundidad frustrado por precariedad laboral, dificultades de acceso a la vivienda, feminización de los cuidados y débil apoyo público», ha citado Argüello a partir del propio FOESSA.
Y añadió que la Iglesia no puede limitarse a denunciar el aborto sin mirar esa realidad, la maternidad sin respaldo y la soledad que viven muchas mujeres. Por eso anunció, de forma implícita, que la alianza social para la esperanza a favor de la natalidad será una de las prioridades de la CEE. «Quiero tender una mano de cercanía a las madres embarazadas para que no duden en solicitar ayuda», ha afirmado recordando que la defensa de la vida exige un compromiso integral.
Franco, memoria y polarización
En una Asamblea Plenaria que seguirá reunida el próximo jueves, cuando se cumplan los cincuenta años de la muerte de Francisco Franco no podía faltar una referencia al fin de la dictadura y la proclamación del Rey. Argüello ha revisado la «singular» relación de la Iglesia con el régimen de Franco, desde el apoyo inicial con «el agradecimiento ante la extraordinaria persecución religiosa sufrida», la etapa del nacionalcatolicismo, y la distancia creciente desde Juan XXIII y el Concilio, y el papel decisivo de la Iglesia en la Transición.
Sobre el momento actual, ha sido especialmente crítico con las leyes de memoria historica y democrática, que son «principalmente un instrumento de polarización ideológica al servicio de los intereses políticos del presente más que cauce para ahondar en la reconciliación que los años de la Transición lograron». Desde ahí, ha pedido que los próximos tres años, hasta que en 2028 se celebre el 50º aniversario de la Constitución, se conviertan en tiempo de «purificación de la memoria» y también en momento para analizar varios interrogantes que afectan directamente al presente político, como el auge de los populismos y la tensión entre libertad, tecnología y Estado de derecho. Y ha reivindicando el aporte de los católicos al debate democrático.. Con una cita del cardenal Fernando Sebastián –«La vida democrática necesita un patrimonio moral aceptado pacíficamente por la sociedad»– ha concluido este bloque, en el que ha reclamado que la fe siga contribuyendo al debate público sin nostalgia ni complejos.
Abusos: sin nombres pero con un mensaje inequívoco
En el tramo final, Argüello ha abordado la permanente crisis de los abusos a menores que la Iglesia vive en los últimos años. Al abordar los avances del plan Priva, que los obispos conocerán a lo largo de la asamblea, el presidente de la Conferencia Episcopal ha recordado que «lo que hemos vivido en estas últimas semanas con la aparición de denuncias de casos de abusos aviva en nosotros el deseo de seguir impulsando todo esto desde el doble principio de la presunción de inocencia, que queremos respetar y que se respete para todos los ciudadanos, también para los miembros de la Iglesia y la libertad también que existe de denuncia».
Una clara, aunque sutil, alusión al caso Zornoza, quien se convertía la semana pasada en el primer obispo español acusado de abusos sexuales a un menor. La denuncia, presentada en el Dicasterio de la Fe por la víctima se filtró a la prensa cuando se encargó al tribunal de la Rota su investigación desde un punto de vista canónico, ya que civilmente, el delito, ocurrido en los años 90 del pasado siglo, ya ha prescrito. Fue Luis Argüello, el mismo día en que se conocía la denuncia, quien dotó de «verosimilitud» a las acusaciones.
Rafael Zornona, pese a que presentó su renuncia al cumplir los 75 años en julio de 2024, sigue activo como obispo de Cádiz y Ceuta, aunque no ha estado presente en la sesión inaugural de la Asamblea Plenaria. Desde que se conoció la denuncia ha suspendido toda su agenda, según una nota emitida por la diócesis, para tratarse de un «cáncer agresivo» del que no se tenía conocimiento hasta ese momento. En la práctica, se encuentra a la espera de que su renuncia sea aceptada por el Papa, lo que podría ocurrir en los próximos días. La decisión depende de la Santa Sede y se trata de una de las cuestiones que los miembros de la Comisión Ejecutiva abordaron este lunes en su reunión con León XIV, de una forma «breve pero decisiva», según ha podido conocer ABC de fuentes vinculadas al encuentro.
Más allá de los asuntos externos, y en un hábil manejo de los recursos narrativos, Argüello ha terminado el discurso como lo había comenzado, con una referencia a la comunión eclesial. En un claro mensaje de consumo interno, el presidente del Episcopado ha enlazado la petición del papa León XIV en la misa de inicio de pontificado –«una Iglesia unida, signo de unidad y comunión»— con una precisa petición dirigida a sus hermanos obispos. «Sesenta años después del Concilio –les ha dicho–, seguimos debatiendo sobre la división entre 'progresistas' y 'conservadores', pero esta no es la diferencia: la verdadera y principal diferencia está entre 'enamorados' y 'acostumbrados'. Y solo los que aman pueden caminar». Y ha rematado con un llamamiento explícito a la unidad episcopal: «Caminemos como colegio que sirve al pueblo de Dios que peregrina en cada una de las Iglesias particulares de España».
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