Un niño desnutrido llora en el regazo de su madre en Sheshemene, al sur de Etiopía. - ABC

Tan lejos, tan cerca

El retraso en la consecución del primero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, reducir a la mitad el hambre en el mundo, cuestiona el modelo de cooperación internacional

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En Niamey, la capital de Níger, lo primero que enseñan los cooperantes a los niños es a no utilizar las calles como retretes para que los mosquitos no infecten luego el agua que beben. Esta elemental medida de higiene, sin embargo, no es suficiente para impedir que uno de cada cinco niños muera antes de cumplir los cuatro años en uno de los países más pobres del mundo y donde si sobrevives la esperanza de vida apenas llega a los 44.

La miseria y el hambre siguen siendo una de las mayores lacras del mundo,pese a los avances que en este campo se han ido logrando con la puesta en marcha de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) hace ya diez años. Una iniciativa sin precedentes que logró arrancar el compromiso de toda la comunidad internacional, pero que a día de hoy sigue siendo marcadamente insuficiente. Entre esos ocho objetivos, que deberían estar cumplidos para el año 2015, destaca la reducción a la mitad del número de personas que viven en la pobreza extrema —con menos de un dólar diario— y en dos tercios los niños que mueren antes de cumplir los cinco años.

El organismo de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, la FAO, acudió esta semana a la cumbre de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU en Nueva York, con una cifra a primera vista alentadora —el número de personas que sufren hambre se reducirá este año en 98 millones de personas y por primera vez en quince años será inferior a los 1.000 millones— gracias al crecimiento económico mundial que prevén el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para 2010 y la caída del precio de los alimentos.

Este buen dato no contenta, sin embargo, a la propia FAO ni tampoco a los expertos, que siguen considerando las actuales cifras de hambre y desnutrición «el mayor escándalo del mundo». La directora del Área de Cooperación Internacional de Cáritas Española, Natalia Peyró, asegura que si bien en otros objetivos —como la escolarización infantil o la salud materno infantil— se ha mejorado algo no ha ocurrido lo mismo con la erradicación del hambre. «Hasta que no estén los datos confirmados, a día de hoy tenemos 1.020 millones de personas que pasan hambre y es la peor cifra».

El evidente retraso en la consecución de este objetivo cuestiona la suficiencia de los recursos económicos que destinan los Estados a la cooperación internacional y también la eficacia de la labor que en el terreno realizan cientos de ONGs. Los especialistas coinciden en que no se trata solo de una cuestión de dinero, «que es muy importante», sino también en la falta de «enfoques diferentes a los habituales». Desde Unicef, Marta Arias explica que «hay que hacer planteamientos de mayor equidad y dejar un poco más de lado esa tendencia a atender con mayor rapidez al máximo de personas posibles». «Hay que centrar los recursos en zonas rurales y no tanto a la que vive en grandes ciudades. Seguramente la relación coste-beneficio es mucho mayor», señala.

Excesiva dependencia

En la misma línea, el coordinador de campañas de Ayuda en Acción, Alberto Casado, apunta que los países que han cumplido con el primero de los ocho ODM como Ghana, Malawi o Brasil —que está a punto de alcanzarlo— es porque sus gobiernos subvencionan las semillas en tiempos de escasez y favorecen líneas de crédito a las mujeres agricultoras, que representan el 80% de la producción total de alimentos. «Si desde la comunidad internacional —añade— se apoya a estos gobiernos vemos una posible solución para acabar con el hambre». La experta de Cáritas acusa, por otra parte, la excesiva dependencia de algunas ONGs de los fondos públicos, que hace que las intervenciones sean bastante inestables. Entre los fallos reconoce además la falta de presión institucional a los sucesivos gobiernos españoles para que cumpla con su compromiso de destinar el 0,7% del PIB a la cooperación. «Estamos bastante lejos. El año pasado destinamos el 0,56% y seguramente con el recorte presupuestario no llegará al 0,50% el próximo año».

El brindis al sol que suponen para la opinión pública las «cumbres del hambre», no lo son tanto para las organizaciones que luchan para acabar con este drama. Los especialistas coinciden en que estas reuniones de alto nivel «consiguen llamar la atención y poner sobre la mesa las contradicciones» de los propios gobiernos. Casado señala que «los gobiernos actúan por la presión que somos capaces de ejercer los ciudadanos».

MADRID