«La integración regional es mi reto»
La Fundación Botín forma una «red» de jóvenes universitarios que quieren cambiar el rumbo de Iberoamérica
MADRID Actualizado: GuardarANTI-NINI
FELIPE VALENCIA-DONGO
ESTUDIANTE DE ECONOMÍA
FELICITAS DE ZAVALIA
DERECHO
Uno de los objetivos de las «Becas Botín para el Fortalecimiento de la Función Pública en Latinoamérica» es prestigiar el papel del Estado entre los jóvenes. «Estamos formando a personas que tranquilamente podrían trabajar en el sector privado, pero que quieren optar por ir a universidades, hospitales, gobiernos regionales y municipios», dice Íñigo Sáenz de Miera, director general de la Fundación Botín. «Cuesta que los mejores elijan la función pública, y no es solo un problema de Iberoamérica», aclara. «Pero creemos que solo las personas con talento pueden cambiar las cosas». Por eso, de entre más de 600 candidatos, la Fundación Botín ha escogido a cuarenta con «alto potencial intelectual, con una actitud de compromiso y vocación de servicio». El año próximo serán cuarenta más. «Y en cinco años habremos ayudado a formar una red de 200 talentos, 200 promesas que estarán en contacto y que, con suerte, podrán hacer mucho por sus comunidades».
Argentina, 21 años. Como voluntaria de la Fundación Junior Achievement, ayuda en un programa contra el abandono escolar.
Peruano, 22 años. Trabajó en el Ministerio de Economía de su país y en la OEA en Washington. Ahora, colabora en la ONG «Latitud».
MAURICIO OSSA GÓMEZ
ADMINISTRACIÓN
Colombiano, 19 años. Voluntario en la Fundación Revel, que adapta políticas económicas europeas al entorno latinoamericano.
MIREYA ARIAS PALOMEQUE
PERIODISMO
Ecuatoriana, 21 años. Es miembro de la red de Jóvenes Embajadores del Ecuador. También lidera una microempresa de madres trabajadoras.
FRANCISCO PEDROSA
DERECHO
Brasilero, 22 años. Realizó prácticas de investigación en la Fundación Getulio Vargas, uno de los «think tanks» más influyentes.
Francisco Pedrosa estudia Derecho en la Fundación Getulio Vargas de Río de Janeiro, uno de los «think tanks» —tanques de investigación— más prestigiosos del mundo. Junto a él se encuentra Felipe Valencia, un estudiante de Economía de Lima que ha trabajado en la Organización de los Estados Americanos (OEA) y en el gabinete de asesores del ministro de Finanzas de su país. Y un poco más allá, Mireya Arias, una futura periodista de Quito que lidera un microempresa de madres trabajadoras con hijos enfermos de cáncer. Hoy, junto a otros treinta y siete universitarios de Iberoamérica, están reunidos en Santander para la clausura de las «Becas Botín para el Fortalecimiento de la Función Pública en Latinoamérica», el primer programa propio de la Fundación Botín en esa región.
Ninguno de ellos tiene más de 23 años. Pero a todos les preocupa lo mismo: la pobreza, las desigualdades sociales y la corrupción que azotan a sus países. Y están dispuestos a brindar su talento para generar un cambio en el sector público. «Mucha gente capacitada no llega a los cargos públicos en mi país, solo llegan aquellos que entienden el Estado como un lugar para enriquecerse a costa de otros», dice Mauricio Ossa, un estudiante de Administración de Empresas de Bogotá. «La corrupción está arraigada en muchos sectores de la política argentina y, más triste aún, se ha extendido al resto de la sociedad», agrega Felicitas de Zavalia,una argentina que reparte su tiempo entre sus estudios de Derecho y el voluntariado que realiza en la Fundación Junior Achievement.
En los próximos cinco años, la Fundación Botín invertirá 5 millones de euros para la implementación de las «Becas Botín» de fortalecimiento institucional en Latinoamérica. En esta primera edición, se presentaron más de 650 alumnos de 280 universidades de Brasil, México, Chile, Argentina, Uruguay, Colombia, Perú, Puerto Rico y Ecuador. El proceso de selección se prolongó durante tres meses.
Servidores públicos sub-20
«¿Cuál es la primera condición para que el desarrollo de un país sea posible?», se pregunta Íñigo Sáenz de Miera, director general de la Fundación. «Creemos que esa condición es que la instituciones públicas funcionen bien y sean sólidas. Solo un tejido social e institucional eficaz genera crecimiento», agrega Sáenz de Miera, que quería un programa capaz de crear una «red» de futuros servidores públicos comprometidos con el progreso de sus países.
Durante los casi dos meses y medio que duró esta primera edición, los cuarenta universitarios recibieron capacitación intensiva en política y cuestiones jurídicas, estudios iberoamericanos, economía, ética y filosofía política. Con el apoyo de la Universidad Brown, una de las ocho de la llamada «Liga Ivy» —las de mayor excelencia en Estados Unidos—, la Fundación Botín diseñó el proyecto junto al Instituto Watson, el centro de estudios de Brown especializado en la investigación de la desigualdad a nivel internacional. «A ellos, como a nosotros, les interesa ver cómo evoluciona el talento joven en la función pública en el hemisferio sur», explica Sáenz de Miera.
La primeras semana del programa se realizó en el campus de Brown en Providence, Rhode Island, donde se reunieron con Ricardo Lagos, ex presidente de Chile. De allí, el grupo se trasladó a Madrid, donde alternó clases magistrales a cargo de personalidades como el cirujano español Mario Alonso Puig y la consultora de Naciones Unidas Susan George, con visitas al Defensor del Pueblo, el presidente del Congreso de los Diputados y ejecutivos de Microsoft.
Ahora, de regreso a sus países, implementarán los proyectos que han estado desarrollando durante el programa en las áreas de participación ciudadana, servicio público, educación, economía y justicia. Ninguno sabe qué es la generación «Nini» (los que ni trabajan ni estudian). «Muchos jóvenes son conscientes de las oportunidades que han tenido y están comprometidos con la sociedad. Otros, que quizá han tenido menos suerte, están preocupados por llevar el pan a su casa», dice Felipe, de 22 años. «Ahora, la responsabilidad es de los que más hemos tenido».
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