La comisaria europea de Acción Climática, Connie Hedegaard, dirigió el año pasado la negociación en Copenhague - AFP
ANÁLISIS

Europa, rehén de Estados Unidos

La UE se confirma en la Cumbre del Clima de Cancún en espectadora del proceso que impulsó en Kioto

ARACELI ACOSTA
MADRID Actualizado:

Las delegaciones europeas han llegado a Cancún sin haberse recuperado aún de la resaca de Copenhague. Si el fiasco de la cumbre del año pasado fue «planetario», como rezaba la portada de este diario cuando terminó la cita danesa, el papel de la UE en esa reunión fue el de convidado de piedra en un proceso que ella más que nadie impulsó en Kioto hace ya doce años. No hay que olvidar que el objetivo de recorte de emisiones de la UE en el protocolo de Kioto era el más ambicioso de todos (un 8%) a pesar de que no era el bloque que más contribuía a las emisiones totales.

Pero la pinza que el G-2 (Estados Unidos y China) hizo en Copenhague dio al traste con la ambición de la UE, dando lugar a un acuerdo de mínimos del que la ONU solo pudo «tomar nota» y que, por tanto, nada tiene de obligatorio por más que unos 120 países ya se hayan adherido a él. Desde ese momento la UE se ha convertido sin quererlo en rehén de los intereses de Estados Unidos.

Sin buenas noticias

Sus negociadores y los de los distintos países miembros ya no hablan de Kioto, la gran piedra en el camino de Estados Unidos, y su ambición en esta cumbre de Cancún se limita a intentar poner dentro del marco de la ONU los recortes, aunque insuficientes, ofrecidos en Copenhague, para que así sean obligatorios y verificables. Tampoco es desdeñable, pues supondría que por primera vez países tan reacios al control como Estados Unidos y China aceptan límites a sus emisiones, pero que llevemos tanto tiempo esperando un paso en ese sentido no significa que esto sea una buena noticia. Es simplemente la mejor entre las malas y demuestra que llevamos tiempo jugando en el lado del campo que quiere Estados Unidos.

Los cables desvelados por Wikileaks, y que estos días pasados recogía «The Guardian», no hacen más que apuntalar esta idea. El final de Copenhague fue tal y como se esperaba en el guión escrito por la Administración Obama. Según las revelaciones de los cables de su diplomacia, que, entre otras cosas dejan ver el enfado europeo por el desastroso final de la cumbre, aunque luego todo fueran buenas palabras y éxitos moderados, Estados Unidos se afanó duramente en que ese acuerdo de mínimos, que sirve perfectamente a sus intereses, fuera apoyado por una mayoría gracias al ofrecimiento de futuras ayudas.

Cierto es que el año pasado la presidencia danesa de la cumbre no supo llevar las riendas de la negociación y no ayudó en nada a que la Unión Europea pudiera si no dirigir al menos participar en el final de la cumbre, como reconocieron en su momento fuentes cercanas a la negociación, pero no es menos cierto que desde que Estados Unidos entró en el proceso la UE cada vez está más arrinconada. Son ya dos años, pues Estados Unidos dio las primeras señales de que se sumaba a la lucha contra el cambio climático en la cumbre de Bali en diciembre de 2007. Fue la «patata caliente» que la Administración Bush, quien terminaba su mandato, dejaba a su aún desconocido sucesor. Casi un año después Obama se convertiría en el protagonista, y su estrategia, aunque vestida por discursos «verdes», ha sido la misma: no dejar que Europa pueda comerle el terreno en el desarrollo una nueva economía baja en carbono.