Emoción a pie de valla

Testigos de la visita de Benedicto XVI a Barcelona comparten con ABC sus experiencias

A. GUBERN/ M. J. CAÑIZARES
BARCELONA Actualizado:

Como acostumbra a suceder en ocasiones de este tipo, la fiesta estuvo en la calle. La consagración de la Sagrada Familia como basílica transformó el de normal muy tranquilo barrio del Eixample de Barcelona en un bullicioso ir y venir de jóvenes, familias, gente mayor... que pasaron la mañana como aquel que dice a pie de valla, primero en el veloz recorrido del «papamóvil» entre el Arzobispado y el templo, luego durante la ceremonia y luego en el recorrido inverso.

Entre las miles de personas que siguieron a Benedicto XVI estaba una peculiar familia, formada por Petar (búlgaro y biólogo de profesión), su esposa Dorota (ella es polonesa) y su hijo, el pequeño Marco. Residentes en Barcelona desde hace cinco años, explicaban entusiasmados el «magnífico ambiente que estamos viviendo», aunque Petar no podía esconder su disgusto por las manifestaciones, anecdóticas, hay que decirlo, que en contra del Papa se habían convocado en la ciudad. «No me parece mal que la gente se exprese, pero siempre si se hace con educación. Hay gente que se toma esto como si fuese un partido de fútbol». Su primer objetivo, visitar el interior de la Sagrada Familia, templo que conocen pero sólo su parroquia, donde en ocasiones han asistido a misa.

Quien también acudió en familia fue Joan Grifoll, ingeniero y padre de tres hijos. Destacó el ambiente «fantástico» vivido en las inmediaciones de la plaza de toros de la Monumental. «Estamos aquí para que las futuras generaciones vivan mejor», dijo en alusión a las palabras de Su Santidad sobre el avance de la laicidad.

María, de 16 años, es uno de las 1.800 voluntarios reclutados por el Arzobispado. Ayer ayudaba en la plaza Monumental, desde donde expresaba junto a su amiga Jimena, ambas del colegio La Vall, que en ocasiones «es muy difícil ser católico y joven». «Nos sentimos atacados, pero con fuerza de voluntad y mucho amor a Dios seguimos adelante», explicaban María y Jimena, que en los últimos días se han preparado a fondo para la visita del Santo Padre. El sábado por la noche estuvieron para recibir a Benedicto XVI en la Catedral, y ayer de buena mañana ya estaban en la Monumental con el impermeable azul que identifica a los voluntarios.

Momento histórico

Igual de entusiasmo mostrabanIdalia, de 32 años, y su madre Idalides, ambas panameñas, unas más del amplísimo grupo de latinoamericanos que ayer se dejó ver en las calles de Barcelona. Idalia está estudiando en la Universidad de Barcelona un doctorado en Biotecnología, y su madre ha aprovechado para visitarla en coincidencia con la visita del Papa. Ambas pertenecen al Camino Neocatecumenal, el grupo más bullanguero de los que ayer participaron en el recibimiento a Benedicto XVI.

Más sosegado se mostrabaJoaquim, barcelonés, que dijo recibir al Papa con «responsabilidad», consciente del momento histórico. Sobre las protestas de los anticlericales, lo tiene claro: «Hace 101 años Barcelona sufrió la Semana Trágica. Hoy es distinto, hay menos incultura, pero sigue habiendo una parte anticlerical en la sociedad».

Sobre visitas papales saben muchoIsabel Trillas y María Luz Vallet, residentes en Castellón y que tuvieron el privilegio de ver a Juan Pablo II en Valencia. A las siete de la mañana ya estaban ocupando posiciones para ver el paso de Benedicto XVI.