ANÁLISIS

Lo bueno, siempre en frascos pequeños

El acuerdo de Cancún no es un paso de gigante, pero tampoco se ha dado ni un paso atrás en lo conseguido hasta ahora

ARACELI ACOSTA
MADRID Actualizado:

El mensaje en una gran botella que apareció en una playa de Cancún durante los primeros días de la Cumbre del Clima pidiendo a los políticos acción urgente en la lucha contra el cambio climático ha surtido efecto. Aunque esa gran botella se haya convertido en un frasco pequeño, lo cierto es que en Cancún se ha dado un paso más en el camino para conseguir un acuerdo que en algún momento pueda sustituir al ya desahuciado (expira en 2012) protocolo de Kioto.

Las cifras de reducción de emisiones son las mismas que se ofrecieron en Copenhague, pero ahora han quedado "ancladas" en el marco de la ONU, por lo que ya no están al vaivén de la voluntad de los gobiernos. Es cierto que no son suficientes para contener en 2ºC la subida de la temperatura media global, límite de seguridad marcado por los científicos para que las consecuencias no sean desastrosas, pero no lo es menos que es la primera vez que Estados Unidos tiene un compromiso de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero del que tendrá que dar cuenta en Naciones Unidas y que China hará lo propio si no para reducirlas, sí para frenar en un porcentaje importante su crecimiento para el año 2020.

No es un paso de gigante pero tampoco se ha dado ni un solo paso atrás en lo que se había conseguido hasta ahora. Es más, desde la conferencia celebrada en Bali en 2007 es la única cita con resultados destacables, sobre todo si se tiene en cuenta el desastroso final de Copenhague. Ahora, tendrá que ser en Durban (Suráfrica), sede de la cita el año que viene, donde se intente fijar cómo se revisan estos compromisos y dar forma a un tratado que pueda incluir a todos para no dejar una brecha cuando expire Kioto.