CONSERVACIÓN

El águila imperial vuelve a criar en Cádiz tras 54 años extinta en la zona

Identifican variantes genéticas que predisponen a la longevidad extrema

A. ACOSTA ARACELI ACOSTA
MADRIDMADRID Actualizado:

Despues de 54 años de su extinción en Cádiz, la primera pareja de águila imperial (Aquila adalberti) ha vuelto a esa provincia, gracias al proyecto de reintroducción que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en colaboración con la Junta de Andalucía, puso en marcha en 2002. El águila imperial ibérica es una de las rapaces más escasas del mundo y, junto con el lince ibérico, una de las especies endémicas emblemáticas de la Península Ibérica. La población de la especie en el mundo es de unas 250 parejas, todas asentadas entre Andalucía, Extremadura, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Madrid. Cádiz es un punto estratégico de conexión para las poblaciones aisladas en el sur de España.

El macho de la pareja gaditana es un individuo reintroducido en 2007, mientras que la hembra es un ejemplar de origen silvestre de unos cinco años. Ambos forman pareja desde el año 2007. Después de que construyeran su nido en un alcornoque el pasado mes de enero, los dos pollos nacieron el 6 de mayo. Para el biólogo del CSIC Miguel Ferrer, coordinador del proyecto científico, «constituye todo un éxito y se ha logrado dos años antes de lo previsto».

La esperanza de vida en países desarrollados se sitúa en la actualidad entre los 80 y 85 años. Los factores ambientales (dieta, ejercicio, ser fumador o no, etc) así como los factores genéticos contribuyen a que este envejeciemiento sea más o menos saludable. Los resultados realizados hasta ahora en gemelos sugieren que sólo entre el 20-30 por ciento de la variación en la supervivencia hasta más o menos los 85 años está determinada por la genética. Sin embargo, otras investigaciones y la observación en algunas familias de una longevidad excepcional, sitúan a los factores genéticos como contribuyentes importantes en el envejecimiento y especialmente en vivir entre 10 y 30 años más sobrepasados los 85.

Basándose en esa hipótesis de que individuos excepcionalmente longevos pueden ser portadores de múltiples variantes genéticas que influyen en la vida del ser humano, un grupo de investigadores de la Universidad de Boston y del Boston Medical Center, dirigidos por la doctora Paola Sebastiani, decidieron llevar a cabo un estudio del genoma de personas centenarias.

Cómo envejecemos

Para ello, los investigadores «escanearon» los genomas de más de 1.000 personas centenarias y de otros tantos individuos que servían de control. Con esta comparación pudieron identificar un número de marcadores genéticos que son muy diferentes entre los centenarios y los individuos seleccionados al azar, según detallan hoy en la revista «Science». Estas variantes genéticas son particularmente comunes en personas que viven cien años o más.

Estos resultados aumentan la posibilidad de que algún día sea posible que las personas sepan por adelantado si tienen el potencial para vivir hasta una edad avanzada, si bien el estilo de vida y los factores ambientales son también importantes, señalan los investigadores. Los resultados también sientan bases importantes para estudiar la manera en que múltiples genes influyen en el modo en que envejecemos.

Dado que son

muchos los genes involucrados en vivir hasta una edad extremadamente avanzada, los autores del estudio desarrollaron después un modelo que computa la probabilidad de que una persona alcance una longevidad excepcional, basándose en 150 marcadores genéticos. Utilizando este modelo, los investigadores fueron capaces de predecir con un 77 por ciento de precisión si alguien podría vivir más allá de los cien años.

Medicina predictiva

Además, los investigadores desglosaron las predicciones genéticas en 19 grupos característicos (o marcadores) que se correlacionan con diferentes longitudes de vida más allá de los 100 años de edad, y con patrones diferentes de enfermedades como demencia, hipertensión y enfermedad cardiovascular. Por tanto, estudios futuros de estos marcadores genéticos podrían arrojar luz sobre patrones específicos de envejecimiento saludable y podrían ser utilizados en última instancia para una medicina personalizada, con medidas de prevención y estrategias de tratamiento a la medida.