Inés Martín parió una niña en julio de 1980 que nunca pudo ver - VÍDEO Y FOTOS: LUIS MIGUEL L. FARRACES

«Hola, soy una hija robada»

Cientos de afectados por la «trama de los niños vendidos» en España se han unido en una macrodenuncia

MADRID Actualizado:

Cientos de personas de toda España abarrotaron ayer un salón dispuesto en el Centro Cívico de Getafe con el objeto de dar voz a quienes se sienten víctimas de una «trama organizada de secuestro y compra-venta de bebés» robados a sus madres instantes después de que dieran a luz. Gritan y lloran sus historias tras interponer ante la Fiscalía General del Estado una denuncia colectiva, con 261 casos particulares, aunque ya hay otros 600 en cola de espera. Muchos de estos casos tienen sus respectivos procedimientos abiertos por parte de fiscales de Cádiz, Huelva, Málaga y Sevilla.

Todos tienen claro que la unión les dará la fuerza. Por ello, la asociación Anadir, capitaneada por el letrado Enrique Vila y su presidente, Antonio Barroso, han recapitulado abundante documentación que supuestamente prueba adopciones irregulares desde la década de los 40 a los 90, aunque «aún se siguen produciendo» como prueban varios casos recientes, insiste Barroso. Un mastodóntico caso que pide a gritos la apertura de una investigación penal en todo el país. «Yo también soy un adoptado legal —confiesa Vila— y no me enteré hasta los 23 años, así que mucha gente hoy no sabe realmente que no es hija de sus padres. Llevo investigando estos casos quince años».

«Queremos que la Fiscalía General derive el caso a los fiscales territoriales, se castigue a los culpables (médicos, enfermeras, enterradores...) y nos proporcionen la verdad», dice el abogado. «Se trata de secuestros que se mantienen hoy», defiende Vila, aunque muchos de los responsables de esos presuntos delitos de sustracción de recién nacidos no siguen vivos.

Tráfico a gran escala

Ambos reiteran que estas mafias de tráfico de bebés existen, como lo prueba el hecho de que hace diez días fuesen detenidas seis personas en Canarias acusadas de intentan comprar bebés a indigentes por suculentos pagos. «Hablamos de casos de 50.000 pesetas a otros que llegan hasta el millón de entonces», cifra Vila.

Entre los denunciantes, hay gente como Loli Díaz, que lleva buscando toda la vida al varón que parió con 3,5 kilos y del que tiene partida de nacimiento y no de muerte. Estremece comprobar las pruebas en su mano y una lucha que dura varias décadas. Marisa (nombre ficticio) se presenta: «Hola, soy una hija robada. Me han robado 58 años». Cuando fallecieron sus padres adoptivos, varias personas le confirmaron que ellos pagaron primero por otro bebé, y al morir repentinamente, se «hicieron» con ella.