El Papa alerta de la educación «utilitarista» que solo busca «profesionales eficaces»

Ante 1.500 profesores universitarios, proclamó la necesidad de suscitar en los jóvenes «sed de verdad»

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El aplauso entusiasta en El Escorial de mil quinientos profesores universitarios, jóvenes y sonrientes, marcó ayer un momento de felicidad para el «Papa profesor», que siempre ha conservado el amor por las aulas, una vocación educativa que ejerció de modo brillante en cuatro universidades alemanas a lo largo de 25 años. Es la primera vez que la Jornada Mundial de la Juventud incorpora un encuentro de este tipo, y el mensaje de Benedicto XVI es claro: si los jóvenes son el futuro, la educación superior es un elemento clave de ese futuro. Recientemente advirtió que en momentos de crisis económica no se debe recortar el gasto universitario, pues es precisamente una inversión decisiva para el futuro de cualquier país.

El discurso más largo y más elaborado de la jornada de ayer fue el dedicado a los profesores, muchísimo más extenso y más personal que el discurso a las religiosas o el pronunciado por la noche durante el Vía Crucis.

En una época de profundos cambios de civilización, el Papa piensa en el futuro a largo plazo. Para asegurarlo es necesario que la educación recupere el interés por la búsqueda de la verdad y el equilibrio antropológico, perdido en esta fase de tecnificación.

Gabilondo, presente

El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, y mil quinientos profesores jóvenes —una categoría que en el mundo académico llega hasta los cuarenta años— le esperaban en la basílica de San Lorenzo, corazón del grandioso edificio de El Escorial. El Papa estrechó alegre cientos de manos y comenzó su discurso de modo muy personal: «Esperaba con ilusión este encuentro con vosotros, jóvenes profesores de las universidades españolas, que prestáis una espléndida colaboración en la difusión de la verdad, en circunstancias no siempre fáciles».

El sistema económico presiona a las universidades para que se limiten a «formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral de cada preciso momento». Pero es peligroso ceder, pues «cuando la sola utilidad y el pragmatismo se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites hasta el totalitarismo político».

La vocación de profesor, por el contrario, debe responder «al anhelo de algo más elevado que corresponda a todas las dimensiones que constituyen el hombre». Según el Papa, «la enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes a quienes habéis de comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación».

El Santo Padre animó a los profesores a «no perder nunca la sensibilidad e ilusión por la verdad», a la humildad intelectual y a saber mantenerse en segundo plano pues «no debemos atraer a los estudiantes a nosotros mismos, sino encaminarlos hacia esa verdad que todos buscamos».

La otra primicia de esta JMJ fue el encuentro con las jóvenes religiosas, celebrado en el Patio de los Reyes del Monasterio de El Escorial. Eran 1.664 religiosas que, en palabras del cardenal Antonio María Rouco Varela, «son de lo mejor de la juventud de la Iglesia y de la sociedad y, por supuesto, de España».

El Papa estaba feliz de reunirse con ellas y disfrutaba con su alegría. Era a todas luces un encuentro de familia, de una familia muy feliz y muy bien avenida. Aproximadamente un cuarto eran religiosas contemplativas, cuyo valioso apoyo consiste sobre todo en rezar. El resto eran religiosas de vida activa cuya vocación les lleva, según el Papa, «a la educación de los niños y jóvenes, el cuidado de los enfermos y ancianos, el acompañamiento de las familias, el compromiso a favor de la vida, el testimonio de la verdad, el anuncio de la paz y la caridad, la labor misionera y la nueva evangelización».

Rechazo al cristianismo

Benedicto XVI les confirmó que la vocación religiosa «cobra una especial relevancia hoy, cuando se constata una especie de “eclipse de Dios", una cierta amnesia, más aun, un verdadero rechazo al cristianismo». Era una llamada a la responsabilidad.

La jornada del Papa concluyó con el extraordinario Vía Crucis en pleno centro de Madrid, con imágenes religiosas de una belleza única y siguiendo unos textos incisivos elaborados por las Hermanas de la Cruz. Benedicto XVI explicó a los jóvenes que «la cruz no fue un fracaso, sino el modo de expresar la entrega amorosa que llega hasta la donación más inmensa de la propia vida». En su segunda intervención en Cibeles, Su Santidad les invitó también a que «el ejemplo de Jesucristo aumente vuestra alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos».