Sor Silvia María de la Cruz, de las Hermanitas de los Pobres, explica su llamada a estas jóvenes - DE SAN BERNARDO

El «Fitur» de las vocaciones

Es una idea original esta de la «Feria de las vocaciones»: decenas de casetas donde se puede hallar la llamada

MADRID Actualizado:

No sabemos si por casualidad o por el papel central que juega en la Iglesia, el caso es que la primera caseta de la «Feria de las vocaciones», en el Paseo de Coches del parque del Retiro, es la de la Compañía de Jesús.

Nos atiende el padre Andrij Hlabse, ucraniano, un joven que se hizo hijo de San Ignacio en los Estados Unidos. «Imagine —le decimos— que soy un joven que se presenta aquí con inquietudes vocacionales. ¿Qué ocurriría?». «Pues que comenzaría —contesta— un proceso de conocimiento que duraría tiempo, quizá un año, antes de que pudiéramos saber si tiene vocación, y en el que jugaría un papel muy importante hacer un retiro, los ejercicios ignacianos».

Avanzamos. Un muchacho voluntario de la JMJ nos ofrece una manzana. «Es gratis», subraya. El ambiente es festivo y a pesar del sol de justicia, se está bien en el Retiro.

Un fraile sonríe desde su «stand». Le preguntamos si conoce a los carmelitas de la calle Ayala de Madrid. Pero él, argentino residente en Andalucía, contesta. «¡Ah, ya! Ellos son calzados, nosotros, descalzos». «Es decir, ustedes son más austeros, siguiendo la reforma de Santa Teresa», replico. Matiza mi afirmación y luego fray Héctor Cáceres Zalazar, que así se llama, describe el proceso para hacerse carmelita. «Han venido jóvenes interesándose por su orden», inquiero. «Sí, muchos —dice—. Ayer mismo estuve hablando con uno al que orienté para que se pusiera en contacto con una de nuestras casas».

Pasan unas chicas que no sabemos si van en busca de su vocación o a confesarse, puesto que la «Fiesta del perdón», los confesionarios-veleros, quedan a pocos metros de donde estamos, en este mismo paseo. Hay también familias enteras, con hijos pequeños, imbuyéndose de espíritu religioso.

Sor Silvia María de la Cruz tiene un ímpetu arrollador, quizá por su juventud. No espera a que vayamos a ella para saber «qué nos ofrece». Es ella la que se acerca a nosotros y nos interpela: «¿Conoce a las hermanitas de los Pobres?». Reconozco que no. Y esta monjita con acento catalán («soy de Gerona pero resido ahora en Francia, donde estoy haciendo el noviciado») nos explica entusiasmada lo que mueve su vida, nos dice que le ha valido la pena arriesgarse. Nos habla de su fundadora, Santa Juana Jugan (1792-1879), natural de Bretaña (Francia), que luchó para que los ancianos pobres hallaran «manos para servirles y un corazón para amarles».

Seguir profundizando

Conversamos con el padre Mark Hogan, de la diócesis de Portsmouth, que estudió Matemáticas antes de hacerse cura. Su «caseta» actúa como una central donde se recogen desasosiegos religiosos de los jóvenes británicos que asisten a la Jornada Mundial de la Juventud. Y con la simpatiquísima hermana Josefina, misionera del Sagrado Corazón. También nos habla de su fundadora, Santa Francisca Javier Cabrini, una italiana que levantó colegios en los Estados Unidos para los inmigrantes y los más necesitados. Nos confirma que sí que se acercan muchs jóvenes interesándose por su orden, y que a las que se acercan procuran ponerlas en contacto con una comunidad donde seguir avanzando.

Maria Brigitta, alemana, va de riguroso hábito. Pertenece al instituto secular de «Schönstatt». Nos habla de su institución. En Madrid tienen un colegio, en Pozuelo.Al terminar, pregunta: «¿Tiene usted alguna intención que quiere que le encomendemos?». Le digo que sí, que muchas, y le pongo una por escrito. Hablamos, finalmente, con la francesa sor Valerie, de la Comunidad «Chemin Neuf». Quedan muchas más, donde cada caminante pued encontrar su camino.