Los enfermeros asesinos de Uruguay mataban a dos pacientes por semana
<a href="http://www.abc.es/fotos/20120321/hospital-espanola-centros-sanitarios-1502557750419.html">El hospital «La Española», uno de los centros sanitarios donde los «ángeles de la muerte» asesinaron a, al menos, 16 pacientes ingresados</a> - afp

Los enfermeros asesinos de Uruguay mataban a dos pacientes por semana

«Me equivoqué, cometí un error», se intentaba disculpar uno de los acusados. El juez ya ha ordenado la exhumación de 16 fallecidos

CORRESPONSAL EN BUENOS AIRES Actualizado:

Uruguay no termina de creerse lo que pasa. Dos asesinos en serie, enfermeros en la sanidad pública y en la privada, es demasiado para el país más tranquilo y sosegado del cono sur. Mientras la sociedad trata de digerir nuevos capítulos de esta película de terror, los criminales dicen arrepentirse y entonan el mea culpa. «Yo no soy Dios para haber tomado la vida de estas personas. Me equivoqué. Cometí un error». El enfermero Juan Ariel Acevedo hablaba como si el fallo fuera de contabilidad. El relato del asesino confeso se producía frente a los agentes de Policía que le detuvieron. Horas más tarde, sin modificar un ápice su declaración, se lo repetiría al juez Rolando Vomero y al fiscal Diego Pérez. En simultáneo Marcelo Pereira, el otro enfermero, juraba que todo lo había hecho para que «descansaran» y «dejaran de sufrir». El «todo» se resume en decenas de pacientes —podrían ser hasta doscientos— que los mandaron a «viajar» para arriba, como se dice en un sms de una enfermera procesada por encubrimiento.

El fiscal que investiga la causa de asesinato múltiple solicitó que se proceda a la exhumación de los cuerpos de las 16 personas que los criminales recuerdan, con nombre y apellido, haber matado. Aunque el Gobierno urguayo asegura que «sin duda» habrá muchas más. Once murieron en la Unidad de Cuidados Neuroquirúrgicos de la Asociación Española de Socorros Mutuos y cinco en la Unidad de Cuidados Coronarios del Hospital Maciel. Todos ellos por medio de inyecciones de aire o morfina.

En la calle Maldonado casi esquina a la de Paraguay de la ciudad de Montevideo se encuentra la Jefatura de Policía. En estas dependencias Acevedo dio a conocer su particular melodía de la muerte. Reconoció haber matado «entre uno y dos pacientes por semana» aunque dijo «haber perdido la cuenta», según recogió el periódico El País de Uruguay. Y esta situación podría haberse prolongado durante siete años.

Según el matutino los criminales no actuaban en colaboración pero conocían las actividades del otro y sostenía una especie «de competencia entre ellos. La misma opinión se formó el ministro de Sanidad, Jorge Venegas y el de Interior, Eduardo Bonomi. Los funcionaros, como los agentes de Policía, no salen de su estupor. «No vamos a hablar de cantidad de casos, ni de plazos de tiempo hasta que tengamos toda la información porque este tema es demasiado sensible como para no ser precisos». El argumento de San Ángel Rosas, coordinador de la dirección general de crimen organizado e Interpol, lo comparte buena parte del Gobierno de José Mújica, «consternado» por la situación.

Petición de exhumaciones

El suceso ha conmocionado Uruguay y ha desatado una avalancha de reclamaciones de familiares de pacientes que perecieron en los dos hospitales involucrados. Nadie está seguro de que los suyos murieran porque era su hora o porque Juan Ariel Acevedo o Marcelo Pereira lo habían decidido.

A principios de año Pereira solicitó un permiso por baja médica de 45 días. El enfermero se reincorporó en febrero. Durante su ausencia –asegura El Pais de Uruguay— solo murió una persona. Este dato levantó las sospechas de un compañero, cuya identidad no se ha facilitado. El hombre recogió una muestra de sangre de un paciente cuya muerte le pareció sospechosa y lo llevó a la Policía. Los análisis no arrojaron ningún dato revelador pero ya estaban sobre la pista.

Las hipótesis sobre el móvil de los criminales se disparan. Incluso se llegó a hablar de una posible red de enfermeros asesinos, extremo que fue descartado por las autoridades. Tampoco parece cuajar la teoría del tráfico de órganos. «Creemos que los procesados actuaban por una cuestión de orden personal. Ahora los especialistas tendrán que evaluar qué tipo de perfil psicológico tienen, nostros investigamos conductas delictivas», se excusó el comisario Rosas.