Y San Mingote armó el Belén

ANTONIO ASTORGA | MADRID
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Todos los días del año, haga frío o calor, esté él triste o alegre, feliz o desdichado, deprimido o exultante, ha de hacer Antonio Mingote para ABC un dibujo sobre un tema de actualidad. Y ahora, a este extraterrestre de la sonrisa, a este ser providencial que nunca caminará solo, se le ha ocurrido montar un Belén con rostro y espíritu, de negras guedejas y luengas barbas, sonrisas sin lágrimas, almas y espíritus piadosos y lúcidos, corazones tiernos y cervantinos, horizontes de grandeza y de bondad. Es como si el lápiz del creador, San Antonio Mingote, que ha dibujado los bocetos, se hubiera clonado en Mingote Ángel Bionarroti para esculpir 13 figuras que son pura delicia, un regalo mecido por la mano de Dios, fabricadas en resina, pintadas a mano y de unos catorce centímetros de altura: Virgen María, Pastor de pie, Rey Gaspar, Pastor arrodillado, Niño Jesús, Mula, Rey Melchor, Cordero de pie, Rey Baltasar, Buey, San José, Cordero tumbado y Ángel.

Porque este Belén tiene ángel, encarnado en el mismísimo Ángel Antonio Mingote Barrachina, un tipo machadianamente bueno (en el angelical sentido de la palabra bueno), que recuerda al inolvidable sacerdote jesuita Ramón Ceñal, tan amigo suyo. Dios, dice su lápiz en la tierra [Mingote] es eso: «Lo que decía el padre Ceñal. El Misterio. Todo está en el Misterio. Pero a Dios lo lleva cada uno a su manera y lo entiende a su manera y lo interpreta a su manera. Y mi Dios y el tuyo y el de aquel y el de más allá no pueden ser iguales. En fin, que eso es muy difícil de explicar. Y la gente, con Dios de por medio, es muy susceptible», sostiene este gentil continente [copiando a Máximo] que procede de la Constelación «Trabaja, Idiota. Y No Pares».

Figuras tridimensionales

Antonio Mingote ha diseñado tres bocetos de cada figura en papel -frente, perfil y espalda- que tienen una biografía plena, de aquí a la eternidad: «La costumbre del Belén es relativamente moderna -reflexiona el pensador del dibujo-. Es una pasión muy bonita, entrañable, una preciosidad que ha dado lugar a verdaderas obras de arte». Hay belenes que son maravillosas piezas de colección, sublimes legados, estupendas herencias, extraordinarias recreaciones, como los napolitanos. El Belén de Antonio Mingote se ha moldeado siguiendo con fidelidad absoluta los bocetos originales creados por el genio, y en tres dimensiones. «Sin ofender al árbol de Navidad -apunta don Antonio-, que es una tradición respetable, aunque sea más o menos importada, pero no me molesta nada, son compatibles el Belén y el Abeto. Y la pandereta y la zambomba, y todo lo que haga falta. Las fiestas familiares son estupendas con el Belén de fondo». Nunca había proyectado Mingote un Belén en 3D. «Sí he hecho chistes con Belén, felicitaciones, de Navidad, crismas...».

Curioseando en su vida nos encontramos con que Antonio Mingote, en su tierna infancia, fue tiple solista en el coro del Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, donde se rompió la nariz contra un árbol del patio, «lo que casi escachifolló irreparablemente su natural belleza», recuerda. Cuando se proclamó la República, en una primera desbandada los frailes emprendieron la huida y se cerró el Colegio. Volvieron enseguida, pero entre tanto, ya en el Instituto, Antonio Mingote pasó de alumno libre a alumno (lo cual le hizo más libre). «Nos íbamos al infierno de cabeza. En aquellos tiempos los curas nos hicieron mucho daño -evoca-. ¿Cómo vas a hacer caso al Infierno cuando eres joven y tienes a tu lado a una preciosidad de mujer, ¿no cree? ¡Además...! que eso del Infierno no es más que un invento perverso». En estos tiempos convulsos y mefíticos hay aires para Mingote que no se pueden tolerar: los extertores del fanatismo o de la cursilería. «El fanatismo es nuestra peste». Y de ojal, el Portal de la política. Llega un personaje pintado por Mingote y dice: «Hace muchos años que me relajé en la fe; pero ante las idioteces que oigo decir al Gobierno, cualquier domingo me va usted a ver, asiduo, en la Misa mayor».

Hace seis décadas, Antonio Mingote comenzó a dibujar un prodigio diario en ABC y el prodigio permanece. Lírico contenido, extraordinariamente educado, con el porte de un caballero inglés criado fuera de Inglaterra, esclavo libre, soñador de chistes que ha llegado a trabajar durmiendo, aragonés nacido en Sitges y amamantado y criado en Daroca, Calatayud, Teruel y Zaragoza, hombre tan genial como bueno, cosa asaz difícil en la Historia de la Humanidad, considera que el verdadero tráfago del hombre es el de su infancia, su adolescencia. Ésa es su historia. Y ese es su humor, inalcanzable, sublime, tierno, desde el sentido común hasta las gloriosas fronteras de la piedad y la lucidez. Esa bondad que siempre aparece en el lápiz de Mingote va indisolublemente unida a su inteligencia.

Maestro tierno, bondadoso

A Mingote le da risa escuchar cursilerías de la especie «política del progreso». «¡Cómo del progreso! ¿Qué se quiere decir: que los otros no quieren progresar? ¿Que no se quiere que progrese nadie?». Titán del trazo, que no ha perdido ni un ápice de curiosidad por lo que le rodea, Antonio Mingote practica el humor con la misma seriedad, exactitud y rigor que un notario -«no se puede crear humor frívolamente, como en broma, eso es una gilipollez», dibuja-; sus viñetas nunca persiguen el aplauso fácil del lector ni la complacencia del poderoso -«si hiciera eso sería una especie de lacayo, cosa a la que me resisto»-; porque en San Mingote se da una rara y equilibrada mezcla, que ya vio Camilo José Cela, de talento y capacidad de trabajo, de gracia y hombría de bien. Le gustaría que le dieran el premio al «Pichichi» de la Liga del humor, que lo tiene más que merecido con sus más de 20.000 ininterrumpidas viñetas en ABC desde hace 56 años de ligazón ininterrumpida, y más de tres cuartos de siglo desde que enviara desde su noble tierra aragonesa el primer dibujo a Blanco y Negro: «Roenueces». Las nueces de hoy las parte Mingote «con una cosa maravillosa que hemos ganado: la libertad», apunta este «pecador impecable», absuelto perpetuamente por Dios y por la Historia, que sonríe como Zeus.