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Washington aprueba una ley para usar los cadáveres en abonos

Los restos humanos funcionarán como composta para jardines y cultivos

WashingtonActualizado:

Cremación, entierro o compostaje. En el estado de Washington ya es posible elegir entre estas tres opciones al fallecer. Quien lo desee podrá convertirse en abono para jardines y cultivos en lugar de ser incinerado o enterrado en un ataúd. La propuesta ya ha sido aprobada por el Senado y solo necesita la firma del gobernador Jay Inslee, el último requisito para que la medida se apruebe.

La idea puede parecer disparatada, pero cada vez cuenta con más adeptos en Estados Unidos, sobre todo con los grupos más concienciados con el medio ambiente, como una forma ecológica de aprovechar los cadáveres humanos. Prefieren formar parte de los cimientos de un jardín floreciente a las puertas de una casa o alimentar las raíces de los árboles antes que descomponerse en un ataúd bajo tierra o convertirse en cenizas.

Tierra en 30 días

La mayor impulsora de esta nueva ley es Katrina Spade, impulsora del proyecto «Muerte urbana» y de la fundadora de la compañía «Recompose» con sede en la ciudad de Seattle. Allí se garantiza que un cadáver se puede convertir en abono fértil en tan solo 30 días. Lo consiguen con medidas para acelerar el proceso natural de descomposición.

Su método consiste en seguir el proceso de compostaje tradicional, ese que consiste en descomponer la materia orgánica con microorganismos hasta convertirse en tierra. Su receta para potenciar la descomposición consiste en añadir una mezcla de astillas de madera, así como otros ingredientes biodegradables para que microbios y bacterias hagan su trabajo con mayor rapidez y aceleren la descomposición. Todo el proceso sucede a unos 55 grados centígrados de temperatura para evitar la transmisión de enfermedades infecciosas, dicen los impulsores de la idea.

Con esta fórmula, se evita también el uso de potentes químicos que pueden ser carcinógenos, como el formaldehído, utilizados en el proceso de embalsamamiento de cadáveres.

Es una opción ecológica, aunque también puede ser más costosa que las fórmulas tradicionales. Se calcula que convertir en abono un cadáver humano puede costar 5.500 dólares frente a los 7.000 dólares de un entierro tradicional o los mil de una cremación.

Ya no será ilegal

Hoy esta alternativa al entierro o la incineración es ilegal o alegal en muchos países, donde está prohibido disponer restos humanos fuera de cementerios o zonas acotadas para entierro. La impulsora del proyecto «Muerte urbana» cree que la conversión de cadáveres en abono puede acabar también con los espacios destinados en las ciudades al culto de la muerte para favorecer otros usos.