Visita del Papa a Marruecos: reencuentro de Su Santidad con la tierra de diálogo, de encuentro y de tolerancia

«Es la segunda visita de un Papa a Marruecos, recordando que la primera, realizada a un país musulmán, tuvo lugar en 1985, llevada a cabo, en aquel entonces, por Su Santidad el Papa Juan Pablo II»

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La visita de Su Santidad el Papa Francisco a Marruecos, por invitación de Su Majestad el Rey Mohammed VI, constituye un momento simbólico, tratándose de un encuentro entre dos destacadas e importantes autoridades religiosas.

Es la segunda visita de un Papa a Marruecos, recordando que la primera, realizada a un país musulmán, tuvo lugar en 1985, llevada a cabo, en aquel entonces, por Su Santidad el Papa Juan Pablo II. Fue un hito histórico de gran calado, sabiendo que era la primera vez que un Papa era recibido por un Jefe de Estado musulmán. De ahí, la importancia relacional e institucional entre el Vaticano y un país de tradiciones milenarias, que destaca por su apertura, tolerancia, convivencia, cohabitación y multiculturalidad.

Ahora, la visita de su Santidad el Papa Francisco a Marruecos el 30 y 31 de marzo de 2019, marca una nueva oportunidad para resaltar la singularidad del modelo marroquí y el interés mostrado por el Reino, bajo el liderazgo de Su Majestad el Rey Mohammed VI, «Amir Al Mouminine», que tiene la responsabilidad de proteger y preservar las tres grandes religiones monoteístas y los derechos de las minorías religiosas y promover los valores de convivencia.

Cabe recordar que la cuestión del respeto de los derechos de las minorías religiosas siempre ha sido considerada por Marruecos como un tema prioritario. Prueba de ello, la celebración, en Marrakech en enero de 2016, del foro dedicado a la temática: «Derechos de las minorías religiosas en los países musulmanes: el marco legal y el llamamiento a la acción».

Más de tres décadas separan los viajes de los Papas Juan Pablo II y Francisco. Sin embargo, la voluntad es la misma: escenificar que, sólo estrechando los lazos de la coexistencia, de la concordia y del diálogo interreligioso, sincero e integrador, superando nuestras diferencias y potenciando lo que nos une, podremos, entre todos, construir un mundo mucho mejor, más justo y capaz de vivir en paz y en plena armonía. Así, lo han demostrado ambos líderes espirituales y nos incumbe seguir sus pautas, a partir de una cosmovisión vertebradora, integradora y abierta sobre la otredad.

Ahora, en la actual coyuntura que vive el mundo, bajo la terrible lacra del terrorismo tentacular, del fanatismo, del racismo y de la xenofobia, este encuentro vuelve a tener esa connotación de histórico y es, sin duda, un atisbo de esperanza en la tarea de construir, conjuntamente, una sociedad global en la que la religión sea instrumento de unión, de acercamiento, de progreso y no de confrontación y de enfrentamiento de los pueblos.

Es también una buena oportunidad para destacar que Marruecos, bajo el liderazgo de Su Majestad el Rey Mohammed VI, Comendador de los creyentes, figura existente desde el siglo IX, aboga por un islam abierto y tolerante, considerando que es ésa es su auténtica esencia y, lo demás, es una tergiversación de nuestra religión.

Asimismo, Marruecos ha sido siempre un país pionero respecto al diálogo entre musulmanes y cristianos. Desde dinastías anteriores, hemos apostado por un espíritu de tolerancia, respeto y convivencia que, salvo en escasas ocasiones aisladas, se ha mantenido durante siglos.

Una concepción que, desde su ascensión al Trono, su Majestad Mohammed VI ha impulsado y reforzado, a partir de Su Figura de Comendador de los Creyentes (Amir al Muminim), y la carga simbológica inherente a la misma, juega un papel fundamental. Ya que es este liderazgo, el que hace que prevalezca el islam de la cultura, tolerante e integrador que permite la convivencia, en armonía, de diferentes comunidades religiosas, erigiéndose en verdadero ejemplo para el resto del mundo.

En el Reino de Marruecos, la libertad de ejercicio de los cultos es un derecho reconocido por la Constitución. De hecho, Marruecos, siempre ha sido lugar de encuentro para los seguidores de otras religiones, entre ellas la cristiana y la judía. Los cristianos que viven en nuestra tierra, han disfrutado de una convivencia armoniosa, bajo el amparo de un Estado que garantiza todos los derechos relacionados con su credo religioso y su vida espiritual.

La Iglesia Católica de Marruecos cuenta con unos 30.000 fieles en dos Diócesis, una en Tánger encabezada por el arzobispo Monseñor Santiago Agrelo Martine y la otra en Rabat con el arzobispo Cristobal Lopez Romero, además de una prefectura apostólica en Laâyoune. Los creyentes católicos desarrollan su culto con normalidad en las dos Catedrales o en cualquiera de las de cerca de 60 iglesias y 35 parroquias repartidas por el país.

Sin duda, esta realidad acogedora de Marruecos puede considerarse un ejemplo para otros países musulmanes, y es un hecho que la iglesia católica, en la figura de su máximo representante, reconoce y valora en su justa dimensión.

Por Karima Benyaich, Embajadora del Reino de Marruecos en España

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