En primer plano, la activista paquistaní Hadiqa Bashir; al fondo, Kadiatu Massaquoi
En primer plano, la activista paquistaní Hadiqa Bashir; al fondo, Kadiatu Massaquoi - Pablo Blázquez/Save the Children

Víctima del matrimonio infantil«Mi amiga, casada a los ocho años, nos contó que su marido le había golpeado con una vara de hierro»

Amnistía Internacional, Entreculturas, Mundo Cooperante y Save the Children presentaron este jueves su proyecto «¡No quiero!» para erradicar el matrimonio forzoso, una práctica que afecta a 650 millones de mujeres en el mundo

Madrid Actualizado: Guardar
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Hadiqa Bashir es de Paquistán y tiene 17 años. A los siete vio cómo una compañera de su colegio, un año mayor que ella, se casó. «Todas las amigas estábamos contentas porque no éramos conscientes de lo que realmente estaba pasando; era como un juego: la celebración, los vestidos...», cuenta la joven. Todos, incluida ella, pensaban que las cosas seguirían como antes y que su compañera –recién casada– volvería al colegio. No fue así. Extrañados, sus compañeros acudieron a su casa, en su búsqueda; allí se encontraron con la suegra de la pequeña, quien dijo que la escuela ya no era lugar para una mujer casada. El revés no les hizo cejar en su empeño y organizaron una fiesta para lograr verla. Durante el evento la notaron rara: no jugaban con ellos, se aislaba. Cuando le preguntaron qué le pasaba, la niña rompió a llorar y relató que su marido le había pegado con una vara de hierro. Bashir no daba crédito a las palabras que salían de boca de su amiga, quería ayudarla pero no sabía qué hacer; aún era demasiado pequeña.

Al cumplir los once años, su familia también quiso casarla: el elegido era un taxista de 35 años. Su padre, a pesar de ser un hombre con formación, se mostró a favor y respaldaba el matrimonio. Ella, sin embargo, se negó en rotundo. Fue su tío quien por primera vez le habló de las leyes que regían el país, de los derechos que le correspondían. Plantó cara a sus padres y les dijo que, si la casaban, los denunciaría ante los tribunales. Ellos recularon y cayeron en la cuenta del error.

Desde entonces –con su amiga y su tío como aliados, y con el resto de su familia en contra–, empezó a luchar por concienciar al resto de niñas de su comunidad. Cuando habla de ellas, no puede evitar que se le escape una sonrisa ni calificarlas como «chicas muy talentosas» que esconden su obra. «Algunas de ellas se sienten atraídas por el mundo de la interpretación, pero piensan que ser actriz es una vergüenza. Yo les intento hacer ver que eso que tienen es un arte», contó en un encuentro organizado este jueves por las organizaciones Amnistía Internacional, Entreculturas, Mundo Cooperante y Save the Children con motivo del Día Internacional de la Niña.

Millones de matrimonios forzados

La rueda de prensa, que tuvo como escenario el Círculo de Bellas Artes de Madrid, pretendía denunciar que cada día 34.500 niñas contraen matrimonio antes de cumplir los 18 años en países como Burkina Faso, Sudán del Sur, República Centroafricana, Yemen o Bangladesh, pero también en otros como Reino Unido o Estados Unidos. En la actualidad, según los datos recopilados por UNICEF, un total de 650 millones de mujeres de todo el mundo fueron obligadas a casarse cuando eran pequeñas.

Andrés Conde, director general de Save the Children, definió el matrimonio forzado como «una forma, la más descarada quizás, de discriminación de género» y enumeró las causas que lo azuzaban. En primer lugar, «la pobreza extrema: la familia evita el coste de la manutención de la niña y, además, se lleva una dote que supone un ingreso extraordinario», explicó Conde, quien añadió que esta es la razón por la que «hombres mayores, que han acumulado más riqueza a lo largo de sus vidas, son los que acceden a las jóvenes». Además, también habría que tener en cuenta las «normas sociales, culturales y religiosas que sirven de apoyo a esta prácticas aceptadas y vistas como positivas». En tercer lugar, habló del honor familiar, que recae sobre los hombros de las muchachas: «Cuando se produce un embarazo precoz, sea por relaciones consentidas o no, se obliga a la chica a casarse para salvar el estigma social que esta situación supone para la familia». Por último, explicó que quienes justifican este tipo de matrimonio se escudan en una «falsa protección»: una niña, por el mero hecho de estar casada, ya no puede ser violada. Algo que al final las conduce, de manera irremediable, a «la esclavitud dentro de casa, a una condena a cadena perpetua».

La historia de Kadiatu

Kadiatu Massaquoi
Kadiatu Massaquoi - Pablo Blázquez/Save the Children

Estos condicionantes no se suelen presentar por separados, sino que van de la mano. Muestra de ello es el caso de Kadiatu Massaquoi, natural de Sierra Leona. Con 17 años está casada y tiene una hija de tres años y un varón de uno. En el mismo encuentro relató cómo, antes, «iba a la escuela, tenía padre y madre»; una situación que cambió de forma radical cuando cumplió 14 años, cuando su padre murió y ella quedó embarazada del chico con el que salía. Su madre quedó al frente de una familia numero que era incapaz de sostener. «No tenía medios para proporcionarme educación y además yo estaba embarazada [está mal visto ir al colegio encinta]. Me dijo que dijo que debía dejar la escuela y casarme, que no había elección. Nadie nos podía ayudar», recordó. Fue en aquella época cuando se unió a una asociación, comandada por dos mujeres, con la esperanza de volver a estudiar; a pesar de la desconfianza que, en un principio, su decisión causó en su entorno, gracias a la organización, logró hacer un módulo de formación profesional y conoces a más y más niñas que estaban inmersas en su misma situación. Expuso que se encontraban en un «espacio seguro» en el que tejían una red de contactos y se ayudaban las unas a las otras. Además, con sus compañeras de batalla, se dedica a concienciar a las niñas de la zona, a decirles «que se queden en el colegio, que el matrimonio forzado es negativo», y a mostrarle también a los padres su punto de vista.

En la región de que es originaria Massaquoi conviven diferentes tribus con distintas creencias, culturas y religiones. A pesar de que el Gobierno del país –que considera esta situación una «emergencia nacional»– ponga leyes para erradicar los matrimonios forzosos, la tradición y la creencia popular prevalece en muchas ocasiones. «Cuando el cuerpo de las chicas se manifiesta –expuso la joven– ya están listas para casarse». Además, el embarazo fuera del matrimonio representa «una vergüenza y una desgracia familiar». En muchas ocasiones, se obliga a las pequeñas a casarse con hombres influyentes, de manera que toda la familia de ella ascienda en el escalafón social. Luego, los cuerpos de muchas de estas niñas no soportan la violencia sexual a la que son sometidas por sus maridos, tampoco los partos, donde fallecen tanto bebés como mujeres.

A la luz de los datos

Según revela el informe emitido por las cuatro ONGs que se encargan de este proyecto (llamado «¡No quiero!»), «por regiones, los niveles de matrimonio infantil más altos están en África subsahariana, donde aproximadamente 4 de cada 10 mujeres jóvenes se casaron antes de los 18 años, seguidas del sur de Asia, donde lo estaban 3 de cada 10. La tercera en nivel de prevalencia a nivel mundial es América Latina y Caribe (23% en 2017) y por último Oriente Medio y África del Norte (17%) y Europa oriental y Asia central (11%)». El documento también desgrana que, «por países, aquellos en en los que más mujeres de 20 a 24 años se casaron por primera vez antes de los 15 años son Chad (30%), República Centroafricana (29%), Níger (28%), Bangladesh (22%) y Guinea (19%); y los países en los que se han casado antes de los 18 años son Níger (76%), República Centroafricana (68%), Chad (67%), Bangladesh (59%) y Mali (52%)».

Una muestra de que, tal y como sentenció Eva Suárez-Llanos, directora adjunta de Amnistía Internacional, al inicio del encuentro: «La violencia de género es la violencia más extendida, no tiene fronteras». Para acabar con el matrimonio infantil –según estas organizaciones, una de sus más claras manifestaciones– pidieron a los Estados que «redoblen sus esfuerzos para poner fin a esta violación de derechos humanos» incluyendo en sus agendas políticas cuestiones destinadas a poner fin al matrimonio infantil y forzado, destinando recursos presupuestarios suficientes a proyectos de cooperación que tengan este objetivo y evitando que los marcos normativos de los distintos países permita el matrimonio de menores de 18 años.