Un vehículo aparcado ha sido destrozado al caer un árbol debido a los fuertes vientos en Roma - FOTOS: EFE / Vídeo: 12 muertos por el fuerte temporal de lluvia y viento que afecta a Italia

Venecia, envejecida 20 años en 24 horas y Roma, convertida en un polvorín por la gestión de la alcaldesa

La borrasca Adrián, la primera que recibe nombre en el Mediterráneo, ya ha matado a 12 personas

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Italia está en alerta roja por una ola de mal tiempo excepcional como no se recuerda en décadas y que está devastando sobre todo el centro y norte del país. Lluvias torrenciales, inundaciones, vientos huracanados de 180 kilómetros por hora que derribaron miles de árboles crean una grave situación de emergencia, con un trágico balance de al menos 12 muertos. Seis de ellos murieron por caída de árboles. Cientos son los heridos.

En Véneto, el gobernador Luca Zaia proclamó el lunes el estado de crisis. Especialmente llamativo fue el temporal en Venecia: la marea alcanzó 156 centímetros, siendo el cuarto récord de su historia, después del metro noventa y cuatro centímetros del año 1966. Tres cuartas partes del suelo de la ciudad de los canales se inundó por marea alta y se tuvo que suspender el servicio de transporte de los «vaporetti».

AFP
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La Basílica de San Marcos se ha visto parcialmente inundada y hay preocupación por los daños sufridos. Las aguas han cubierto decenas de metros cuadrados del milenario pavimento en mosaico frente al altar de la Virgen Nicopeia, protectora de Venecia. Se ha inundado completamente el Baptisterio y la Capilla Zen. El agua llegó hasta los 90 centímetros sobre el pavimento en mosaico del atrio, bañando las puertas monumentales de bronce, las columnas y los mármoles. Se dice que la Basílica ha envejecido en al menos 20 años con la inundación.

Caos en diversas regiones

La tormenta marina en la Región de Liguria, al norte del país, con olas de ocho metros, obligó a cerrar el aeropuerto y también el puerto de Génova. Grande fue la devastación en esta provincia: Cientos de barcos fueron destruidos en el puerto de Rapallo, en la provincia de Génova. Entre los yates de lujo semihundidos está el de Pier Silvio Berlusconi, hijo del exprimer ministro.

EFE
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Los bomberos realizaron más de 7.000 intervenciones en un par de días. Los transportes de varias regiones se han visto muy afectados, con líneas ferroviarias interrumpidas. En muchas ciudades, entre ellas Roma, Venecia y Nápoles, las escuelas permanecieron cerradas el lunes y el martes. La alcaldesa de la capital italiana, Virginia Raggi, del Movimiento 5 Estrellas, ha manifestado que este desastre «no sucedía desde hace más de 20 años». Pero la realidad es que el caos y la incuria de la capital se ven muy agravado por la nefasta gestión de la regidora. En Roma el viento derribó más de 300 árboles, que cayeron sobre coches, calles y viviendas. Algunas tejas volaron como proyectiles en algunas calles. En la ciudad que está considerada como una de las más verdes de Europa, con 330.000 árboles, solo hay 180 jardineros (al inicio del año 2.000 eran más de mil) para cuidarlos y controlar sus jardines. Las carencias son tan gigantescas que desde hace tres años está paralizada la poda de los árboles. Los expertos consideran que esa falta de mantenimiento ha facilitado su derribo. Ante el temor de que árboles y ramas sigan cayendo como proyectiles, la alcaldesa ha ordenado cerrar los parques y extremar las medidas de precaución.

Clima extremo

Desde el punto de vista meteorológico, Roma y otras zonas italianas están sufriendo cada vez más un clima extremo. «Este viento sobre Roma es algo excepcional. Es raro que sea así de intenso y que dure tanto tiempo», comenta Federico Fierli, meteorólogo, investigador del Consejo Nacional de Investigación (CNR). Fierli cita un reciente estudio de este prestigioso centro que sugiere que hay «una posible conexión entre el calentamiento global y el aumento de las ráfagas de viento en el Mediterráneo». En cualquier caso, como también sugiere el meteorólogo Fierli, «tendremos que habituarnos a un clima extremo». Italia ha tenido altas temperaturas en otoño, superando los 30 grados, recalentando el mar. La situación empeoró con una tempestad fría del Ártico. Se prevé que este fenómeno meteorológico extremo dure una semana.

Infierno en Venecia

La furia de agua y viento se ha abatido especialmente también sobre Venecia, que vive una pesadilla con récord de marea alta: 156 centímetros, el nivel más alto desde el año 1966 cuando se llegó casi a los dos metros. Los venecianos vivieron un día de pasión, teniendo que soportar además cierto vandalismo de algunos turistas: Hubo quienes para hacerse un selfie ante la Basílica se lanzaron al agua como si se tratara de una piscina. Tan absurdas eran las escenas de los baños de los turistas que tuvieron que intervenir las fuerzas del orden para cerrar la Plaza de San Marcos y desalojar las personas.

El Moisés, proyecto faraónico

En jornadas como las que está viviendo Venecia todo el mundo se pregunta qué habría sucedido si estuviera funcionando el Moisés, una obra faraónica de ingeniería -iniciada en el 2003 y con previsión de acabarla en el 2016-, con 68 compuertas para proteger a Venecia y su laguna del fenómeno frecuente de las mareas altas. El proyecto, muy polémico y con muchos detractores, costará unos 8.000 millones de euros.

Dicen que ya se ha realizado el 90 por 100 de la obra. Los más optimistas esperan que el Moisés pueda funcionar plenamente en el 2024. Pero en jornadas como estas de agua alta, cuando la fragilidad del ecosistema de la laguna es sometido a dura prueba, es máxima la rabia de los venecianos, que poco a poco terminan por ir abandonando la ciudad.

Éxodo de residentes

En efecto, en la ciudad histórica vivían 174.808 personas en 1951, hoy rondan los 55.000. En el último año, han visitado Venecia 28 millones de turistas, en la práctica un 50 % más del límite soportable para la ciudad. El éxodo de residentes y la invasión del turismo representan un grave peligro, porque se compromete la calidad de la vida en Venecia, con amenaza de la seguridad, al tiempo que comporta un desgaste del tejido urbano y monumental. De ahí que el alcalde Luigi Brugnaro haya aprovechado el infierno que hoy vive Venecia para pedir al gobierno un esfuerzo con el fin de salvar la ciudad de los canales, porque no solo pertenece a los venecianos, sino a todo el mundo, como recuerda la Unesco que la declaró Patrimonio de la Humanidad en 1987.