La parisina rue Crémieux
La parisina rue Crémieux - GOOGLE MAPS

Los vecinos de una calle de París quieren cerrarla al turismo

El millar de habitantes de la rue Crémieux espera que la alcaldía de la ciudad termine cerrando la calle, con valla, cerrojo y llave, para poner coto al acoso turístico del que se consideran víctimas

Corresponsal en ParísActualizado:

En París, una de las grande metrópolis turísticas de nuestra civilización, hay centenas de calles que viven del y para el turismo y la llegada masiva de turistas es esperada con ansiedad comercial. A más turistas, más negocio. Solo en el barrio de Montmartre hay varias decenas de calles que solo viven de la afluencia turística, siempre anhelada.

La diminuta rue Crémieux, por el contrario, es víctima de su éxito desde hace pocos años. En un rincón poco favorecido de París, pero a dos pasos de una estación de ferrocarril (la Gare de Lyon, donde hay un restaurante legendario, Le Train Bleu), sus habitantes tuvieron el buen gusto y la santa paciencia de cuidar, mimar y pintar todas las casas de la calle con colores vivos y festivos, con agradable decoración floral. Y un éxito inflamable.

La rue Crémieux está muy lejos de todos los barrios turísticos, pero tiene en sus inmediaciones una docena larga de hoteles para turistas no siempre favorecidos, frecuentados por la clientela de provincias que viaja en tren y la clientela turística que no puede pagarse hoteles de otra categoría. Ese vecindario ha terminado transformándose en un infierno.

Antes de tomar el tren, para despedirse de París, o antes de tomar el metro, rumbo a un barrio genuinamente típico, los turistas encuentran en la rue Crémieux un «condensado» de París, al alcance de todos los públicos, a un precio sin posible competencia: una calle limpia, casas de colores, parisinos «típicos»… un «micro clima» ideal para el turista, convirtiendo la calle en lugar de «peregrinación» para fotografiarse, en pareja, o en grupo. Tras la tropa turística, las agencias de publicidad han encontrado un espacio bueno, bonito y barato donde filmar pequeños «clips» de propaganda.

Esa frecuencia tiene un costo social alto: de las seis de la mañana a las doce de la mañana, los sufridos vecinos deben soportar a la tropa turística tomando por asalto una calle víctima de su éxito. Hartos y amargados del acoso turístico, los vecinos intentan convencer a la alcaldía de cerrar la calle, prohibir el paso y el tránsito a los no residentes, que aspiran a recobrar su calidad de vida, modesta pero agradable, amenazada por la marea negra turística. Ya existe alguna micro calle parisina que sufrió y ganó esa batalla. La calle Florimont, donde vivió Georges Brassens —una de las leyendas de la canción francesa— ya está cerrada, desde hace años, con valla, candado y cerrojo, tras sufrir, así mismo, un acoso turístico insoportable para los vecinos.