Las vacas locas entran en razón

Por Consuelo ÁLVAREZ DE TOLEDO
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Vaya por Dios, el señor Arias Cañete ha tenido que leerse 25 tomos, ¡y nada menos que en inglés, oiga!, para enterarse de qué va el mal de las vacas locas. Es todo un asombro, este ministro de Agricultura que ayer comparecía en las Cortes para describir un no muy alentador panorama sobre la crisis de la Encefalopatía Espongiforme. En cambio, ya lo ven, al vicepresidente Mariano Rajoy no parece que le haya sido tan difícil ponerse al día para coger la crisis de las vacas por los cuernos y afirmar que «los españoles pueden comer carne de vaca con total garantía».

Nadie se atreve a predecir cuánto va a durar la crisis y cuánto nos va a costar. El ministro Montoro anuncia un impuesto especial sobre la carne para costear la locura bovina; el Gobierno valora en 53.680 millones de pesetas el coste de las medidas para combatir la crisis a los que hay que sumar 2.500 millones de inversión en laboratorios y el portavoz económico del PSOE, Jordi Sevilla, sube la apuesta y pide hasta 100.000 millones de pesetas.

Llega con retraso la orden de Aznar para que Rajoy tome las riendas de una locura bobina que parece haber contagiado a los políticos. Para muestra, valga una sucinta recogida de noticias de ayer: en Galicia, el BNG pide la dimisión del nuevo Conselleiro de Agricultura, Diz Guedes, por inútil ante la crisis, aunque sólo lleva una semana en el cargo; en Albacete, la carne es eliminada de los menús escolares y el vicepresidente del Gobierno autónomo, Barreda, culpa a Aznar de esta decisión; en Ávila se decide que sea el «Consorcio del Río Adaja el que decida cómo se incineran las vacas locas»; en Madrid, el Ayuntamiento organiza visitas turísticas al Mercado Central para tranquilizar a los ciudadanos; el diputado del PP Fabregat en plan cenizo recuerda a Pujol que «Cataluña no está exenta de esta enfermedad».

Consumidores y Usuarios solicitan la prohibición de «los huesos del chuletón», eso sí, después de manifestar estar a favor de «transmitir tranquilidad y minimizar los riesgos» mientras que Zapatero se entrevistaba ayer con Badiola, que desde su laboratorio de Zaragoza se sumaba a la advertencia de la UE sobre el peligro del hueso de espinazo «pero -¡ojo!- no del bazo ni del timo». Y para colmo, el Nobel de Literatura, Saramago, que también estaba ayer en Zaragoza, aseguraba que «los seres humanos somos unas bestias mal domadas». Rebeldes, no sé, pero a veces parece que estamos todos como vacas.